Sebastián subió primero por las escaleras, quería verificar que todo estuviera tal cual como había dicho Nerón. Que estuvieran a salvo.
El cuarto de estudio estaba ordenado, jamás espero ver intacto ninguna parte de la casa, no con los ruidos que habían escuchado antes, a pesar te tener las cortinas traslucidas y recorridas, no había duda de que el cielo estaba nublado. Miró de nuevo hacia la escalera y asentó con la cabeza en señal de que podía subir Tiana sin problema. Cuando llegó a lado de Sebastián también se percató de inmediato del clima.
-Creí... -Susurró muy por debajo- que estaría oscuro como la noche.
-No ha habido Sol desde que les dije, -no se sorprendieron que tuviera muy buen oído- prácticamente las nubes cubren al Sol. Jamás se desvanecieron para mirarlo lo más mínimo. Ni siquiera el más leve rayo atravesó el cielo desde entonces -dijo nostálgico-. Lo único que sale a veces es la Luna de Lilith, y ahí... es cuando todo se oscurece. En pocas palabras... pasamos de este bonito nublado de medio día, a la noche más oscura en segundos. La única forma de tomar tiempo aquí es con reloj. Algo que sus antepasados han ayudado en traer. -Les sonrió.
Miraron con atención el estudio, había un reloj de pie, uno en la pared que daba de frente al escritorio, y uno más en éste mismo. Tiana recordó haber visto dos al menos sobre el pasillo de la entrada, y otros en la habitación donde Sebastián había intentado suturar su herida, eso pensamiento la hizo mirar, «se te ve bien» pensó.
«Que curioso, nunca me había percatado que eran demasiados» pensó Sebastián. -¿Porqué en la habitación secreta no hay? -miró las escaleras, pero la puerta comenzó a aparecer de nuevo.
-En algún momento... de la locura de amor de su abuela, dijo que el tiempo le era irrelevante, y que si el día que estuviera con ella, pasaba el tiempo para salir de la casa, no le importaría quedar atrapada. Siempre y cuando yo la aceptara.
-He... ¿atrapada? -Dijo Sebastián.
-Quedarían atrapados... cómo yo. -Abrió la puerta del estudio para asomarse, miró las escaleras y el pasillo intentando percibir algo.
Sebastián miró a Tiana levantando una ceja respecto a la amenaza del lugar, pero la bajó de inmediato al sentir un pequeño dolor punzante.
Tiana se sintió nerviosa imaginar por un segundo quedar atrapada con esos... monstruos.
-Los relojes, -les hizo una señal con la mano para que salieran del estudio- es lo que me ha mantenido cuerdo con el tiempo, tal vez no tenga en sí un calendario. Tener idea del tiempo. ¡Y la televisión! Eso sin duda me ha tenido más cuerdo... gracias a eso me he mantenido al tanto de los años, de la historia, también tenía una computadora, pero se dañó, y después una laptop con su señal a Internet...
Tiana y Sebastián se sintieron idiotas al saber que había Internet. Pudieron haber buscado por medio de la tele si tenía alguna función para conectarse.
-Pero un día lo saqué, y en una... pelea se rompió. Rosa me la había regalado, decía que eran unas de las primeras en salir a la venta de este país.
-Ya me imagino que tan antigua era -dijo burlón Sebastián.
-Eso, es lo único que me hace sentir ser humano. Lo que una vez fui... -Sus palabras vagaron con la mirada pérdida.
«Cuando fue humano» ambos entendieron que su tiempo de vida sobrepasaba lo normal. Él ya no se consideraba humano.
Solo cuando salieron al pasillo de la entrada, sintieron esa peculiar sensación de libertad, aún no lo eran, pero ahí ya lo sentían.
Nerón caminaba tranquilo, para Tiana y Sebastián les parecía que de verdad no tenía prisa, pero estaba concentrado de que no hubiese alguien, tanto en la casa cómo afuera, Nerón había sido precavido en recorrer todas las cortinas. Había sido muy cuidadoso en ese aspecto.
-Disculpa... Nerón -dijo Tiana.
Hacía años que no escuchaba su nombre pronunciado por alguien más, tuvo una sonrisa casi imperceptible. Se giró y miró a Tiana. Su mirada tuvo un brilló por un instante.
-Dime... Tiana.
-¿Alguna vez... alguien a quedado atrapado?
Nerón miró a ambos, y sin saber el porqué, tuvo el sentimiento de quererse disculpar. -Sí... en las primeras décadas... tanto soldados de las revoluciones, como empleados, curiosos... ladrones, incluso jóvenes que buscaban la forma de... vandalizar. Muchos han quedado atrapados, y solo muy pocos se han adaptado... y cuando digo adaptado, es porque se convierten en... -No quería decirlo, implicaba decírselo a él mismo, pero sintió que eso ya lo habían percibido- se convierten en monstruos por decirlo así.
Nerón seguía estando frente a ellos, Tiana y Sebastián vieron sus ojos ponerse de color rojo; su semblante endureció, tensó sus músculos que por un momento les pareció que había crecido unos centímetros, su presencia en ese momento era retadora.
Ambos dieron un paso hacía atrás, se sintieron vulnerables, ni siquiera tenían con que defenderse, estuvieron a punto de sentirse traicionados por el simple hecho de confiar en un desconocido tan rápido, pero una brisa fría pasó sobre sus mejillas.
La puerta de la entrada estaba abierta y una mujer posaba en el marco, la había abierto sin que se dieran cuenta, en ese momento comprendieron que Nerón se había puesto así por la presencia de la mujer.
Él estaba enojado consigo mismo, se había distraído por el simple hecho de que Tiana lo llamara por su nombre. Los había puesto en peligro a ambos.
Nerón giró, parecía una escultura con todos los músculos desarrollados. Y aunque él estaba enojado, la mujer postrada en la puerta tenía una expresión casi de sorpresa, Sebastián y Tiana intentaron verla, llevaba un vestido con mangas color n***o, aparentemente se veía rasgado desde las rodillas hacia abajo, tenía un mallon debajo del mismo color, con unos botines algo maltratados, su cabello castaño estaba despeinado, sus ojos verdes resaltaban por su piel morena. Les pareció que la pobre chica corría peligro, pues Nerón se veía dispuesto a atacarla.
-Regresen... a la habitación -ordenó Nerón.
Entendieron que se refería al cuarto secreto. Sintieron pena, pero decidieron obedecerle.
-Son... -Habló la mujer- familiares de Rosa.
Ni siquiera había sido pregunta, y en su voz notaron cierta amenaza. Su mirada se había posado directamente hacía Tiana, quién se sintió intimidada por su presencia y belleza. Estaban a punto de cruzar la puerta, cuando ambos notaron que los había barrido con la mirada, haciendo un chasquido con la boca en respuesta a una decepción.
-Esperaba algo mejor -dijo devolviéndole la mirada a Nerón.
Ambos tenían una camisa que les quedaba grande, el pantalón de la pijama le quedaba aún más grande a Tiana, no se habían percatado hasta ese momento que ambos estaban descalzos. Cuando dieron un paso para entrar al cuarto de estudio, la joven llegó con rapidez con Nerón para darle un golpe; quién le detuvo sin ningún problema.
-Sabes que los mataré... -Dijó con seriedad. Era tan alta como Nerón.
-Rosa...
-No... me... llames... así -dijo entre dientes mientras que el color verde de sus ojos se intensificaba.
-Lo lamento, pero así te llamas. No puedo llamarte de otra forma. Y no usaré ese estúpido nombre que haces que te digan. -Nerón la empujó casi de nuevo hasta el arco de la entrada.
-¡Mi reina de almas... no es un nombre complicado!
-Es estúpido. Y también algo vergonzoso. -Dijo Nerón mientras volvía a ponerse frente de ellos para protegerlos- les dije que se vallan -dijo entre dientes.
Sebastián y Tiana cerraron la puerta una vez estando en el estudio. Se dirigieron hacia la pared detrás del escritorio para volver a abrir la puerta.
Sebastián tocó la pared, intentó tocarlo con las yemas de las manos, después deslizó las palmas de sus manos, pero no obtenía resultados. Un fuerte estruendo sonó en el pasillo, haciéndolos hacer movimientos raros en la pared.
-¡Puta madre... esa loca nos quiere matar, y no sabemos cómo abrirla! -Tiana estaba nerviosa.
-Tiana... -Sebastián estaba asustado- si nos quedamos aquí, y la loca cruza esa puerta... será mejor salir por la ventana y ocultarnos en los arbustos. Tardaremos más en abrir la puerta. -Se acercó a la ventana, y se percató que habían cambiado el marco, está vez se podía abrir como puerta. -Al menos le hace modificaciones. -Ambos salieron cerrando de nuevo el cancel y se ocultaron en los arbustos a unos metros, había un árbol frondoso de jacarandas cerca, lo que hacía que estuvieran un poco más oscuro.
-Espero y sea buena idea... -dijo susurrando- y no dejar de intentar abrir la pue... -Tiana fue interrumpida cuando algo cayó de pie frente al cancel, parecía una persona normal... hasta que vieron la falta de piel, dejando verle la sangre y algunos huesos de la costilla.
Era impresionante ver aquel sujeto medio vivo, ambos sospecharon que pudiese ser responsable de la sangre que tenía encima Nerón cuando bajo al cuarto secreto. Ambos sintieron lástima por como lo había dejado Nerón; pero dejaron de sentir lástima por él tan rápido, cuando levantó una espada; su actitud era hostil al momento de entrar al estudio rompiendo los vidrios del estudio. Cuando aún se oía caer el vidrio, reconocieron el ruido de un muro destruirse, enseguida tres figuras salieron volando por aquel hueco donde seguían cayendo vidrios.
Sebastián logró ver a Nerón salir con la joven y aquel sujeto sin piel, empujados con sus brazos como si fueran simples peluches. Nerón los arrojó al suelo haciendo que la tierra se elevará a unos cuantos metros.
En solo un instante, aquel aroma de la tierra recién levantada, fue cambiada por una que le dejó la mirada helada. Giró su cabeza hacia aquel aroma que venía entre los arbustos, «¿les dije que se...?» entendió que no sabían cómo entrar al cuarto secreto. Por un momento agradeció que se escondieran; eso había salvado sus vidas. Miró a sus contrincantes mal heridos en el suelo, intentó percibir alguna otra presencia desde la casa... pero solo estaban esos dos en el hueco de la tierra.
-¡Corran hacia la salida! -dijo con completa confianza,
Sebastián no dudó ni un segundo, creyó en la palabras de Nerón. Tomó la mano de Tiana y salieron de los arbustos. La mente de Sebastián fue más rápida que sus dos primeros pasos; sí entraban de nuevo al estudio cabía la posibilidad de que pudiese estar obstruida la puerta de la entrada o incluso desde la puerta que da al pasillo; si se iban por fuera de la casa, sería ir en línea recta, girar hacia la izquierda e ir directo a la reja, y así estarían a la vista de Nerón: tanto la joven como el hombre metidos en la tierra, se dieron cuenta que no tendrían oportunidad de llegar a tiempo con Sebastián y Tiana, solo uno de ellos tuvo un instante de triunfo; Nerón puso su mirada en la tierra, le parecía ver unos gusanos intentando incorporarse, el sujeto estiró la mano intentando sujetarse de la tierra, pero solo fue un movimiento en falso, ya que dejó la mano estirada, Nerón comprendió lo que intentaba hacer.
Sebastián y Tiana estaban cruzando el enorme hueco que dejaron al salir del estudio, un crujido semejante al vidrio llamó la atención de Sebastián, algo brilló y se acercaba con rapidez hacia Tiana.
Sebastián se impulsó hacia atrás para poder aventar a Tiana hacia adelante; no es que fuera mala suerte haber quedado en el lugar de Tiana, sabía que su sacrificio salvaría a Tiana.
Tiana sintió como la mano de Sebastián la había soltado abruptamente, salió volando en dirección a Nerón y las dos lombrices a unos metros de ella. Había sido atravesado por los costados por la espada que aquel sujeto la estaba invocando hacía él.
El tiempo se detuvo para Tiana, sintió que su alma e incluso su aire la habían abandonado. Sintió sus ojos arder, por falta de pestañeo, ella sentía que no se movía, sin percatarse que daba pequeños pasos hacía Sebastián. No existía el mundo para ella en ese momento, solo quería ir con él. Le pareció eterno hasta estar frente a Sebastián, solo cuando se arrodilló y sus rodillas golpearon el pasto, pudo oír los gemidos de Sebastián que apenas podía respirar; la miró aún con una sonrisa juguetona.
-Tiana... -Tomó una gran bocanada de aire a pesar de su dolor- gracias... por ser mi compañía en esta vida... perdón... pero te toca estar sola... -Sebastián cerró los ojos - vete Tian..
Tiana seguía sin reaccionar, quería gritar pero un dolor en la garganta lo impedía, quería llorar pero sentía sus ojos secos. Levantó la mirada para buscar a la única persona que podía pedirle ayuda en ese momento, sintió la mirada borrosa e intentó con todas sus fuerzas gritar «¡ayuda...nos, por favor!» pero solo quedó en su pensamiento, porqué ni siquiera un aliento pudo expulsar.
Pensó que perdía el conocimiento ya que comenzaba a oscurecerse la vista. Un sonido lejano hizo que fijará la vista, Nerón estaba rodeado por criaturas poco más grandes que él, intentaba llegar a Tiana, pero le era imposible. Cada vez se hacía más oscuro, y su vista fijo a uno muy cerca de ella, sus venas resaltaban en tono n***o, no era humano tampoco animal, no sabía cómo describirlos. Estaba rodeada por tres de ellos.
Sabía que moriría, miró a Sebastián entre sus brazos, y le pareció oírle « defiéndete».
Tiana tomó el mango de la espada, y mientras lo sacaba del cuerpo de Sebastián, soltó un grito desgarrador, aquel grito que estaba siendo aplastado por el dolor en la garganta.
Nerón y todas las criaturas escucharon su desgarrador dolor. Nerón había quedado petrificado al verla.
Tiana comenzó a blandir la espada acertando en el cuello de la primera criatura, lo degolló con tanta facilidad; así como las otras dos criaturas cerca de ella.
Se sentía adormecida en cuerpo y alma, le parecía un sueño.
Las criaturas que rodeaban a Nerón salieron despavoridas al ver a Tiana acabar con los otros.
Nerón no dejaba de mirarla, su mirada se llenó de tristeza al verla así. Entendió lo importante que era Sebastián para ella. La noche volvía a desaparecer dejando el cielo nublado a pleno medio día. Tiana se dejó caer de rodillas a lado de Sebastián.
Nerón llegó con ella, no sabía lo que sentía en ese momento, pero verla así le produjo un dolor en su interior, tocó el cuello de Sebastián por inercia; aún sentía pulso, Tiana se había dejado llevar más por la impresión que había tenido.
-Tiana... -Dijo Nerón tomándola de sus mejillas- escucha con atención... Sebastián sigue vivo... debes llevarlo al hospital... es movernos ahora hasta la reja... porqué vendrán más.
Su mirada volvió a brillar, parecía como si en ningún momento hubiese perdido el sentido. Nerón cargó a Sebastián entre sus brazos, Tiana se levantó con todos sus sentidos renovados; esperanzados.
Al llegar a la reja, Nerón dejó a Sebastián a unos centímetros de la entrada, sus brazos escurrían por la sangre.
-Eres fuerte Tiana, se que puedes cargarlo... aunque sea pasando la reja. No puedo salir de aquí -apretó sus puños- no puedo... ayudarte más.
-¡Gracias, Nerón! -Los ojos de Tiana estaban llorosos pero llenos de gratitud.
-Solo... -Nerón no sintió que debía exigir nada, eso le produjo un dolor en el pecho. Tiana incorporó a Sebastián y paso sus brazos detrás de él bajo las axilas, por primera vez le costó trabajo cargarlo; fue peor cuando tuvo que caminar hacia atrás para salir del terreno. Antes de pasar la reja escuchó a Nerón decir -no... te olvides de mi... al menos deja una carta, en el cajón del escritorio.
-¡Lo are...! -Grito Tiana. Nerón apenas pudo oírla, desapareciendo cuando atravesó la entrada.
~
Tiana sintió un ardor en sus pulmones por el simple hecho de decirle esa última frase a Nerón, su cabello estaba sobre el rostro de Sebastián, no se había percatado de la brisa que caía.
El clima cambio drásticamente, había oscurecido un poco más, y lo único que escuchaba era su falta de aire y las gotas de lluvia golpeando el pavimento y sus cuerpos.
-¡Ayuda, alguien ayúdeme! -Ella misma se sorprendió de donde había sacado las fuerzas en sus pulmones para gritar así. En ese momento miró a lo largo de la calle; quería volver a gritar, pero el panorama parecía que estaba sola la calle, que nadie vivía en ninguna de las casas de enfrente. La casa abarcaba toda la calle, y frente abarcaban cinco casas. Pero ninguna tenía señal de vida. en las esquina comenzaba a cubrirse por la niebla.
Tiana entró en desesperación, gritaba casi inaudible que la ayudarán, ya no podía cargar más a Sebastián, sus fuerzas estaban agotadas, la lluvia que caía en su rostro se mezclaba con sus lágrimas.
«¡No... no es posible que pudimos salir y no pueda ayudarte!» resbaló dejando caer el dorso de Sebastián al suelo, sus lágrimas no bastaban para nada, no servían de nada, Sebastián estaba muriendo y no podía siquiera levantarse, «¡Maldita patética, no peleaste, ni saliste herida, y no puedes levantarte!». Cuando menos se dió cuenta, ya estaba en la esquina con Sebastián en sus brazos; su mente y espíritu estaban en blanco; destrozados.
Dos luces la iluminaron, cualquiera diría que era un espectro saliendo de la niebla, cargando un cuerpo que solo dejaba hacer preguntas a la imaginación.
Alguien abrió la puerta del carro, dijo algo pero la mente de Tiana no lo comprendió, y antes de balbucear algo, la persona tomó a Sebastián y lo puso en la parte trasera del carro. Cuando Tiana sintió alivio por la generosidad humana de aquella persona, logró distinguirla antes de perder la conciencia.
-Jorge... -balbuceó.