II. I want to hold your hand

1265 Words
-El príncipe Kiran ha muerto. Todos en la cocina del Palacio se quedaron de piedra. La frase quedó flotando en el aire por varios segundos antes de que alguien entendiera aquellas palabras. De todas las cosas que podrían haber anunciado, esa no estaba en la lista. -¿Qué? ¿Es verdad? -se atrevió a preguntar Alma con un hilo de voz. El mensajero apretó los labios y asintió con la cabeza. Solo faltó ese gesto para que las 12 personas que estaban en el lugar, incluído él mismo, se desmoronaran. "No puede ser", murmuraron algunos, mientras que otros simplemente comenzaron a sollozar. El más joven de todos, salió del lugar por la puerta trasera y buscó su atajo para llegar al tejado. Era su lugar seguro, donde iba de vez en cuando cada vez que quería relajarse o pasar el rato alejado de la gente. Se asomó por el balcón mientras el viento desordenaba su cabello rojo. Kiran era alguien muy especial para él. De hecho, había sido el único de la familia real en visitar la cocina de vez en cuando. Justamente, así se habían conocido. -¿Cómo te llamas? -le preguntó en una ocasión, hace unos cinco o seis años. -Aidan -respondió él. -Eres muy pequeño para estar aquí, debes tener la edad de mi hermano. -Lo siento, joven príncipe. Es mi hijo y no puedo dejarlo solo en casa -se disculpó Alma poniéndose delante del niño. -Oh, no te preocupes. No te estaba reprochando -replicó él con una sonrisa amable. Desde aquel día, Aidan lo veía pasearse por la cocina, hablar con los empleados y, sobre todo, escucharlos atentamente. A medida que iba creciendo, conversaba más con él. De alguna manera, había desarrollado un espíritu rebelde y contestatario, muchas veces, en contra de la monarquía, porque ¿cómo podía ser que se estaban acabando los 70' y aún había reyes? Pero, de alguna forma, confiaba en que Kiran pudiera mejorar el estado en el que se encontraba aquel pequeño país. Pero ahora, no había esperanza alguna. El príncipe heredero había muerto y quien lo sucedía, su hermano menor, parecía tan seco y duro como el rey, a quien tanto odiaba. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Más que a un príncipe, sentía que había perdido a un amigo. Por supuesto, los funerales fueron a puertas cerradas, solo con invitados de la realeza o la política, pero Aidan sabía que a Kiran no le hubiese gustado algo así. Compartía con la gente de la ciudad como uno más y, probablemente, le hubiera gustado que todos se hubieran podido despedir. Cuando fue el funeral, Aidan había subido nuevamente al techo, desde donde vio al rey y al nuevo príncipe subir al auto n***o para ir a la iglesia que estaba a pocas cuadras. ¿Sentirá el rey la pérdida?, ¿el hermano menor de Kiran estará triste? Quizás, en el fondo, se estará alegrando porque es el sucesor en la línea real. Qué puto asco. Aidan se quedó en aquel lugar, sentado entre un recoveco que había cerca de la puerta hasta el atardecer, cuando entró otra persona a interrumpir sus pesimistas pensamientos. Vio que era el nuevo príncipe, que estaba apoyado peligrosamente en el balcón, mirando hacia abajo. Parecía enojado y triste. Entonces, se levantó y caminó unos pasos hacia él. -No dejes que la rabia te ciegue, amigo -le dijo el pelirrojo, antes de irse por la misma puerta donde el otro chico había entrado como un torbellino. Pasaron un par de días en los que se trabajaba en silencio en la cocina. La Corona había declarado siete días de luto, por lo que estaban prohibidas las canciones o cualquier tipo de entretenimiento. Aidan sabía que muchos jóvenes insurrectos como él no hacían caso al mandato y hacían fiestas o tocatas clandestinas. Él habría hecho lo mismo en otra circunstancia, pero con Kiran, prefería guardar el duelo. Por eso, apareció todos esos días en el palacio para ayudar a su madre. Sabía cortar y pelar verduras, cosas simples pero que podían alivianar el trabajo de todos. Si bien no se le dejaba pasear por los jardines, lo hacía de todas maneras. Y en una ocasión, se encontró con el nuevo heredero. -¿Te vas a casar o algo? Pareces un novio -le dijo con toda la tranquilidad del mundo. Raen lo miró con sorpresa, como si fuese una aparición. Pero esos ojos verdes y la piel pecosa eran claramente de una persona viva y real. -Oh, lo siento, príncipe. Fui irrespetuoso -se burló Aidan, haciendo énfasis en la palabra príncipe. Y sin esperar respuesta, volvió a la cocina. Casi una semana después, deambulaba por los jardines del palacio, en un sector algo alejado y lleno de árboles, cuando escuchó una guitarra acústica. El sonido lo tomó por sorpresa. No sabía de nadie que tocara ese instrumento y mucho menos que lo hiciera dentro de las dependencias reales. En general, era él quien se saltaba algunas reglas, pero en general se lo perdonaban, ya que se portaba bien en todos los otros ámbitos y, además, aún era un adolescente. Al acercarse un poco más, distinguió las notas de una conocida canción de The Beatles y cuál fue su asombro cuando distinguió al joven heredero sentado en el pasto, semiescondido, rasgueando las cuerdas. -Quién lo diría -dijo Aidan colocándose junto a él. Raen casi sintió que le daba un ataque al corazón del susto. Pero al ver que era el chico pelirrojo, se relajó, aunque también estaba un poco molesto por la interrupción. -¿Te la sabes de verdad? -le preguntó Aidan, a lo que Raen asintió con la cabeza- a ver, sorpréndeme. El heredero a la Corona comenzó a rasguear nuevamente para luego comenzar a cantar. Oh yeah, i'll tell you something I think you'll understand When I say that something I want to hold your hand En eso, Aidan se le unió, haciendo la segunda voz. I want to hold your hand I want to hold your hand Y continuaron cantando, cada vez con más confianza, como si la música los envolviera en una inesperada complicidad. Cuando terminó la canción, Aidan se sentó en el pasto junto a Raen. -¿Qué más tienes en tu repertorio? -le preguntó. -No mucho más... la verdad es que me sé más canciones en piano, la guitarra no la tengo hace mucho. Era... es de mi hermano, de hecho. -¿Piano? Qué nerd -rió el pelirrojo-. Qué otras bandas te gustan. -Pues The Beatles, obviamente. Blondie, Queen. Uno nuevo que se llama The Cure. Tenemos varios cassettes y vinilos. -Mira, de quien menos lo esperaba -replicó Aidan. -¿En serio? -Te ves tan compuesto, tan educado, tan elegante y escuchando esa música de pueblo -agregó. Raen sonrió levemente. Recordó que alguna vez su padre había dicho a su hermano que dejara de escuchar "música de pueblo". Aunque claro, Kiran ni siquiera lo escuchó. -Si quieres te puedo prestar alguno -dijo el príncipe. -Oh, sería genial, pero no tengo dónde escucharlo. El pelinegro se sintió incómodo. Muchas veces olvidaba los privilegios que él tenía, y una radio con reproductor de cassette no era algo que tuviera todo el mundo. -Lo siento -murmuró. -Oh, no te preocupes. Me puedo colar a tu casa alguna vez. Raen lo miró alarmado. A todo esto, aún no sabía el nombre ni la procedencia del chico. ¿Cómo es que estaba en los jardines del Palacio? -Sin permiso, no te lo recomiendo -le comentó. -Oh, no te preocupes, joven príncipe. Eso lo puedo arreglar.
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