III. I started a joke

1360 Words
La ropa de Aidan solía ser simple, una camiseta negra y jeans oscuros. Al menos, así lo había visto Raen las tres veces que se habían encontrado. Por eso le llamó tanto la atención cuando una tarde se lo encontró en uno de los pasillos del Palacio vistiendo un traje de mayordomo, con corbatín incluído. -¿Cómo...? -alcanzó a decir antes de que el pelirrojo lo interrumpiera. -Te dije que tenía mis métodos. Por un instante, el joven príncipe tuvo la extraña sensación de que el chico frente a él no era real. Lo había visto en contadas ocasiones y siempre dentro de los terrenos del Palacio, algo que estaba prohibido. Además, sus apariciones comenzaron después de la muerte de Kiran. Quizás se lo estaba imaginando, porque necesitaba un amigo o algo así, alguien que pudiera distraerlo... o tal vez que lo hiciera sentir acompañado. Y ni siquiera sabía su nombre. -Bien, tengo mucha intriga sobre esos discos y cassettes que tienes por ahí -dijo Aidan. Raen simplemente se rindió a la idea de que el chico era parte de su desesperada imaginación y, sin ninguna preocupación, lo llevó al dormitorio de su hermano. Cuando Aidan entró, se quedó algo impresionado. El lugar estaba pulcramente ordenado, pero aun así tenía personalidad. Sobre el escritorio había algunos libros y cuadernos, lo mismo en la mesita de noche. En las paredes había algunas fotografías enmarcadas, donde el fallecido príncipe aparecía junto a su familia, otras junto a sus amigos. Había una en especial que le causó ternura. Se veía a Kiran abrazando a su hermano por los hombros mientras ambos reían de manera genuina. Una risa que nunca había visto en ninguno de los dos. Raen tomó un LP de uno fe los muebles de su hermano y lo puso en el tocadiscos. I started a joke Which started the whole world crying But I didn't see That the joke was on me. La melancólica canción de los Bee Gees llenó la habitación. Aidan se quedó de pie, mirando el tocadiscos y al príncipe de reojo de vez en cuando. La melodía era tranquila, pero a la vez le causó un gran pesar a Raen. Cualquier canción le recordaba a su hermano y sentía que la letra represrntaba su estado de ánimo de los últimos días. I looked at the skies Running my hands over my eyes -Oh, mira. Los cassettes. ¿Qué te parece si escuchamos este? -le dijo Aidan sacando uno de la colección: Honky Château, y lo puso en la radio. -Lo siento, pero el reproductor no funciona... se cayó hace algunos días y algo pasó. No he podido arreglarlo -se disculpó Raen. -No podemos dejar a Elton John en la cola... Yo conozco a alguien que puede arreglarlo -le aseguró Aidan. -¿En serio? -Claro que sí, principito, déjamelo a mí. En ese momento, una de las amas de llave del Palacio se asomó a la habitación. -¡Aidan, no deberías estar aquí! La voz de la mujer sorprendió a ambos chicos. El pelirrojo se dio media vuelta, dejó el cassette en su lugar y se dirigió a la puerta. -¡Lo siento! Tengo que seguir trabajando -se despidió el pelirrojo, desapareciendo de la vista del otro joven. Entonces es una persona real. Raen se sintió aliviado. Además, supo el nombre del chico. A la hora de la cena, Raen y su padre estaban sentados en la larga mesa, que parecía tan vacía. No muchas veces tenían la oportunidad de comer juntos, así que este era un suceso que no debían dejar pasar. Al fin el rey tenía un tiempo libre para su hijo menor. Como siempre, tres mayordomos les servían la comida, poniendo delante de ellos exquisitos platos preparados por los chefs. Raen casi se atora con el agua que estaba bebiendo cuando vio al conocido pelirrojo colocando un plato de cerdo al horno frente a él. Tanto fue lo que tosió, que el chico le tuvo que pasar una servilleta que traía en el brazo. -Estoy bien, estoy bien -dijo el príncipe al ver que su padre se había puesto de pie. El joven miró brevemente a Aidan, pero sin mostrar ninguna expresión en particular. No quería que su padre supiera que se conocían. No es que estuviera prohibido, pero de todas formas quería ahorrarse la explicación. Los mozos se retiraron del lugar con parsimonia, dejando a sus altezas comer tranquilos. -Ya es hora de que vuelvas a tus estudios, hijo -comentó el mayor. Tras la muerte de Kiran, el adolescente había estado cerca de diez días sin actividades extra, viviendo y superando el duelo como mejor podía. Pero el tiempo pasaba y tenía que preparase, y ahora no solo para ser un ciudadano instrudo, sino que para ser un príncipe propiamente tal y, en el futuro, un rey digno de serlo. Raen solo asintió con la cabeza. De todas formas, era educado en el Palacio, por profesores particulares. Al terminar la cena, Aidan y los otros dos mayordomos aparecieron para retirar las aobras y los platos sucios. Cuando el rey se fue a su despacho, Raen se quedó sentado un poco más de tiempo. El pelirrojo recogió las cosas que estaban frente a él y aprovechó de susurrarle. -Te veré en el tejado esta noche. A las nueve en punto. Y tras decir eso, se fue sin esperar respuesta. Aunque fue una invitación inesperada, Raen decidió hacerle caso y estuvo en el lugar a la hora acordada. Y allí estaba Aidan. -Quieres arreglar tu radio, ¿verdad? -le preguntó el pelirrojo sin rodeos. -Sí. -Te iba a proponer que me la pasaras y yo se la entregaba a esta persona que te comenté en la mañana, pero supongo que el príncipe no me daría algo tan preciado como si nada. Raen lo miró y se mordió el labio. Quizás pecaba de ingenuo porque, en realidad, no desconfiaba del otro chico, aunque prácticamente no se conocieran de nada. Pero no se lo dijo, y solo dejó que el pelirrojo sacara sus propias conclusiones. -Así que, ¿por qué no me acompañas, principito? -No creo que pueda. Tengo un horario estricto y hay seguridad en todo el Palacio -replicó Raen. -Mmmm... si nos vamos ahora, nadie lo va a notar. Créeme, yo sé cómo lidiar con eso. El príncipe lo miró a los ojos y Aidan le sonrió sin malicia. -No lo sé... -Oh vamos, es solo una pequeña aventura. Raen volvió a morderse el labio y finalmente asintió con la cabeza. Apenas hizo el gesto, Aidan lo tomó de la muñeca e inmediatamente fueron al dormitorio de Kiran. El pelirrojo le indicó que tomara la radio y luego lo siguiera. -Vamos. Caminaron por los pasillos desiertos hasta llegar a la puerta de la cocina. A esa hora ya no había nadie y pudieron salir sin problemas del Palacio. El verdadero reto era salir de las rejas, pensó Raen, pero Aidan parecía conocer demasiado bien las dependencias, y lo guió hasta una pared de arbustos que tenía un pequeño agujero en la parte inferior. Ambos pasaron por allí hacia el exterior, quedando llenos de tierra y algunas hojas. -No te preocupes, príncipe, en mi casa te presto algo. -Me llamo Raen, por cierto. Como solo lo llamaba "príncipe", Raen sospechó que el otro chico no sabía su nombre. -Y yo Aidan. Un gusto. La breve presentación la hicieron mientras caminaban por unas calles de piedra entre casitas vistosas. -Esta es mi casa. No te preocupes, no hay nadie que pueda reconocerte. Aidan abrió la reja de una de las viviendas. Era de color rojizo por fuera, con bonitos detalles de madera. Era de un solo piso y tres dormitorios. Sin embargo, al pasar el jardín, Aidan lo llevó por la puerta de atrás. Al entrar a la casa, el pelirrojo lo metió en la primera habitación a la izquierda. -Espérame aquí, ya regreso. Raen obedeció y no hizo ningún ruido mientras escuchaba lejana la voz de Aidan que parecía hablar con una mujer. Se sentía emocionado, era la primera vez que se escapaba del Palacio. Solo esperaba estar confiando en la persona indicada.
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