-Mamá, ya estoy en casa.
Aidan entró a la sala de estar, donde su mamá estaba tomando el té, mientras veía las noticias en la pequeña televisión.
-Ya era hora que llegaras, ¿dónde estabas? -le preguntó ella, aunque sabía que no iba a tener una respuesta concreta.
-Por ahí -dijo el pelirrojo, a lo que su madre solo rodó los ojos-. Y ahora voy a salir otra vez.
-Es tarde, hijo.
-Iré a ensayar con la banda, no te preocupes -la tranquilizó.
Y aunque quisiera detenerlo, la mujer sabía que eso llevaría a una discusión. Además, confiaba en su hijo y no parecía andar en malos pasos. Solo era algo rebelde como la mayoría de los adolescentes, pero siempre se portaba bien y ahora incluso la ayudaba en el trabajo.
-Está bien, cariño. No vuelvas muy tarde.
Aidan se acercó a darle un beso en la mejilla y regresó a su habitación.
Allí lo esperaba Raen, que estaba de pie, muy quieto y silencioso, para pasar desapercibido. El pelirrojo se sonrió. Prendió la luz y luego puso un vinilo en el tocadiscos que tenía en el dormitorio.
There's a place
I used to go
Got to the music on radio
Era una canción que el príncipe nunca había escuchado. De hecho, incluso la melodía le parecía novedosa. No era rock, ni pop, jazz o reggae.
-¿Te gusta? -preguntó Aidan en voz baja mientras revisaba su armario y sacaba algunas prendas.
-Es... tiene ritmo -respondió Raen y Aidan volvió a reír.
Entonces, le pasó unos pantalones rotos y una camiseta negra de manga larga con el logo de alguna banda cubriendo toda la parte delantera.
-Te ves como de mi porte, así que supongo que te quedará bien.
Raen tomó la ropa y buscó con la vista si había algún vestidor, y cuál fue su sorpresa cuando el otro chico comenzó a desvestirse frente a él como si nada.
Tragándose su vergüenza, le dio la espalda y se cambió. Efectivamente, la ropa le quedaba bien.
-Ten esto también -dijo Aidan pasándole un gorro n***o, una chaqueta de mezclilla sin mangas y unos anteojos negros- no queremos que descubran al príncipe.
El pelirrojo llevaba una camiseta blanca con unas letras azules y una llamativa chaqueta roja escocesa.
-Tú te vas a llevar toda la atención, no creo que nadie me mire -bromeó Raen colocándose el resto de prendas.
Aidan le sacó la lengua y recogió una mochila negra, donde guardó la radio del otro chico.
-Vamos -dijo simplemente. Apagó el tocadiscos y salió de la habitación primero.
Cuando estuvo seguro de que no había nadie, abrió la puerta trasera de la casa e hizo que Raen saliera por ahí. Se despidió de su madre en voz alta y salió tras él.
-Excelente -dijo Aidan, y lo guió por la ciudad.
Las calles estaban bastante despejadas, así que Raen se sacó los anteojos oscuros.
La pequeña ciudad estaba dividida por un río y, aunque parezca mentira, Raen nunca había visitado el otro lado.
Aunque sí había cruzado el puente varias veces, era más que nada para ir a otraa ciudades, pero nunca había recorrido ese lugar.
Por supuesto, no se lo dijo a Aidan.
-¿Tienes una banda? -le preguntó mientras cruzaban sobre el río, iluminados cada cierto tiempo por los autos que iban y venían.
-Sí. De hecho, uno de ellos es el que puede arreglar tu radio. No vive muy lejos, así que llegaremos pronto.
Sin embargo, cuando estuvieron en la casa que, efectivamente, estaba casi a un costado del río, nadie contestó.
Aidan se quedó pensando unos segundos.
-Ah, claro... ¿te importaría si vamos a otro lugar? Es como... un local algo escondido.
-¿Crees que me puedan reconocer?
-No creo. Pero debes estar siempre con las gafas y el gorro. Por lo demás, ni pareces tú -rió el pelirrojo.
Entonces continuaron su camino. Aquella parte de la ciudad tenía casas más pequeñas y antiguas. Muchas de ellas sin jardín delantero y a veces había cinco que estaban una junto a la otra.
No era tan tarde, pero como ya estaba oscuro, la gente estaba resguardada en sus casas. A excepción de algunos grupos de jóvenes que se veían en las plazas.
Aidan paró frente a una de las casas, que no parecía tan diferente de las demás, aunque se escuchaba música desde dentro, pero al un volumen que no molestaba realmente.
Al entrar, el pelirrojo saludó a un par de personas, hasta llegar a otra puerta, frente a la cual había un hombre corpuleto resguardando la entrada.
-Hey, Aidan, no sabía que tocaban hoy -le dijo el sujeto dándole un apretón de manos.
-No, vengo a buscar a Karl, ¿lo has visto?
-Sí, vino con su novia.
-Genial, vamos entonces.
Aidan hizo una seña con la cabeza a Raen, pero el guardia lo detuvo.
-¿Quién es tu amigo? -preguntó, apuntando al príncipe.
-Es del trabajo, es de confianza -aseguró el chico.
-¿Tu nombre?
Raen se quedó en blanco y solo atinó a decir el primer nombre que se le ocurrió.
-Aidan.
Aidan, el real, lo miró intentando ocultar su sorpresa.
-¿Se llama igual? -inquirió el guardia.
-Qué loco, ¿no? -respondió el pelirrojo.
Finalmente, los dejó pasar.
Tras la puerta había una escalera que llevaba a un subterráneo, donde había un pequeño escenario, una barra y algunas sillas a los costados.
Entonces, Aidan comenzó a reír, mientras Raen se sonrojaba.
-Me matas, Aidan -dijo el pelirrojo secándose las lágrimas de los ojos.
-No se me ocurrió nada más. Lo siento -se disculpó Raen, pero el otro chico negó con la cabeza, restándole importancia.
-Así no se nos va a olvidar a ninguno de los dos.
Aidan miró por el lugar, hasta que encontró a su amigo cerca de la barra.
-¡Karl!
Ambos adolescentes se dirigieron a un chico que no tenía más de 20 años, con un mohicano corto, pero de un llamativo color verde. Además, usaba una chaqueta de cuero n***o con varias tachas.
-Aidan, hermano, no pensé que vendrías hoy.
Los chicos se abrazaron, y Karl se fijó en Raen.
-Un amigo... también se llama Aidan.
El chico del mohicano se acercó al príncipe y le dio un efusivo abrazo.
-Qué hacen aquí, Aidans.
-Tenemos una radio, pero se cayó y se echó a perder. ¿Podrías arreglarla? Te vamos a pagar, por supuesto -contó el pelirrojo.
-¿Una radio cassette?
-Sí.
-Wow, me llegan pocas de esas. ¿Tiene que ser hoy? Porque obviamente aquí no puedo.
Aidan miró a Raen, que asintió con la cabeza. No podía dejar la radio con un extraño, pero más importante aún, en el Palacio se darían cuenta de que faltaba el artefacto.
-Sería lo ideal... -continuó el Aidan real.
El peliverde pensó unos momentos antes de darle una solución.
-Después de que toque mi novia, cuando volvamos a casa, veré cómo los puedo ayudar.
Aidan y Raen se sonrieron mutuamente.
-¡Gracias! -dijo el príncipe con alegría, mientras el otro chico solo le guiñó el ojo.
En ese momento, se atenuaron las luces y se prendieron las del escenario. Karl se despidió con la mano y se acercó a la tarima, donde se juntaron varias personas, gritando con emoción.
-¿Has ido a un concierto antes? -preguntó Aidan.
-Solo de música clásica y cosas así -reveló Raen.
-Entonces esta será una nueva experiencia.
Cuatro personas llegaron sobre el escenario. Una chica y tres chicos, todos vestidos de forma llamativa, con varios piercings y una energía rebelde.
La guitarra empezó a sonar y le siguió el bajo y la batería.
Entonces, la chica comenzó a cantar.
Someone's in cold storage
Seeking Heinz main-courses
Craving for a raw love
El ambiente del lugar comenzó a prenderse, la gente saltaba y levantaba las manos o bailaba al ritmo de la canción.
Raen sentía la batería dentro de su pecho, como si golpeara desde dentro de sí mismo, mientras el resto de la música se metía en su mente.
Miró a Aidan a su lado, que miraba a la banda y seguía el ritmo golpeando la mesa del bar con las manos.
Sí era una sensación nueva.
Y le encantaba.