La banda de la chica cantó cinco canciones sobre el escenario, mientras el público coreaba cada una de ellas.
El lugar estaba oscuro y Raen solo se dejó llevar por la sensación que le provocaba aquella música. Estaba eufórico, aunque no lo demostrara. Si en algún momento estuvo preocupado por estar en un lugar desconocido con alguien a quien apenas se sabía el nombre, todo eso se esfumó con cada melodía que escuchaba.
Cuando terminó el breve concierto, Aidan tomó a Raen de la muñeca y lo llevó a un costado del escenario, donde ya estaba Karl esperando a los integrantes del conjunto mientras bajaban la escalera para llegar al público. Luego de esperar unos minutos, la chica salió del tumulto y abrazó al peliverde.
-¿Qué tal salió? -le preguntó despues de darle un beso en los labios.
-Espectacular -dijo él.
La joven sonrió satisfecha y fue a la barra a buscar algo de beber, sin haberse dado cuenta de que había dos adolescentes junto a su novio.
Sin embargo, los tres fueron junto a ella, y recién en ese minuto reconoció al pelirrojo.
-Oh, Aidan, no te había visto -se disculpó ella dándole un cariñoso abrazo, para luego dirigirse a Raen- tú eres nuevo.
-También se llama Aidan -comentó Karl con una sonrisa, que le contagió a la chica. Aun así, ella abrazó a Raen a modo de saludo.
-Cantaste genial, me hubiera quedado horaa escuchándote -le dijo Aidan a la joven.
-Gracias, cariño.
-Los chicos aquí me pidieron un favor, pero debo hacerlo en casa. ¿Te vas con nosotros? -preguntó Karl, pero ella negó con la cabeza.
-Estaré con los demás, después me iré con ellos.
Karl la abrazó y besó nuevamente y le hizo una seña a los adolescentes para que lo siguieran. Ellos se despidieron de la chica agitando la mano y salieron tras él.
Afuera estaba fresco, pero no hacía frío. Aida. y su amigo conversaron algunas cosas de música y canciones, mientras Raen se quedó un poco atrás, sin querer interrumpir la conversación. Le llamaba la atención que nadie le hubiera dicho nada por llevar gafas negras en un lugar oscuro, pero mejor así.
Al llegar nuevamente a la casa junto al río, Karl abrió la puerta y los invitó a pasar.
Era un lugar modesto, con una sala de estar con cocina y un dormitorio en la otra habitación. Raen miró con curiosidad y se sintió un poco mal a darse cuenta que todo ese espacio era casi del mismo porte que su propio dormitorio.
El joven de pelo verde abrió un pequeño armario que había junto a la puerta y sacó una caja de herramientas.
-Bueno, Aidan, qué necesitas que te arregle.
Raen abrió el bolso y sacó la radio.
-No sé lo que tiene de malo. Se cayó y dejó de funcionar -explicó, pasándole el aparato.
Karl lo examinó, abrió algunas partes con el destornillador y movió unas partes.
Aidan y Raen lo seguían atentamente con la mirada, como si estuvieran comprendiendo lo que hacía el mayor.
Por supuesto que no tenían idea de lo que estaba haciendo.
Tras unos pocos minutos, el joven colocó todo en su lugar y enchufó el aparato.
Ante la mirada atenta de los otros dos, apretó play y la voz de Elton John inundó el lugar.
And I think it's gonna be a long, long time
'Til touchdown brings me 'round again to find
I'm not the man they think I am at home
Raen sonrió a más no poder y agradeció varias veces la ayuda que le habían prestado.
-No te preocupes, Aidan. Cualquier cosa por un amigo -le dijo Karl.
-Mira, ya te ganaste un nuevo amigo. Qué suerte te da mi nombre -bromeó Aidan.
-Nuestro nombre -lo corrigió Raen, riendo nuevamente- ¿Cómo te lo puedo pagar?
-Ven a vernos -respondió el peliverde- la próxima vez que toquemos.
El príncipe asintió con la cabeza y prometió que ahí estaría sin falta.
Después de darle las gracias nuevamente, los chicos regresaron al Palacio.
Las calles estaban prácticamente vacías. No había viento y el río parecía un espejo. No dijeron nada mientras cruzaban el puente, pero no era un silencio incómodo.
Cuando llegaron a las afueras de la pared de arbustos, específicamente donde estaba el hueco, Raen se dio cuenta de que aún tenía la ropa de Aidan.
Se sacó el gorro y los lentes oscuros y se los pasó al pelirrojo.
-No te puedo pasar el resto de tu ropa -comentó.
-Y la tuya está en mi casa. Lo siento, lo había olvidado -respondió Aidan.
-No te preocupes, quédatela si quieres, no es como si me faltara.
-¿Gracias? Pero no es mi estilo... quizás cuando me case o algo así pueda usarla.
Raen lo empujó suavemente con el hombro, mientras ambos rieron de la broma.
Entonces, Aidan le pasó una pequeña llave.
-Es de la cocina. Así vas a entrar sin problemas -le explicó.
El príncipe alzó una ceja, pero no dijo nada. Ya habría tiempo de preguntarle cómo había conseguido eso.
-Nos vemos -se despidió.
-Hasta mañana -respondió Aidan.
El pelinegro pasó por entre los arbustos y, con mucho cuidado y silencio, llegó a la pierta trasera de la cocina.
Efectivamente, la puerta se abrió con facilidad y entró muy callado, cerrando nuevamente tras de sí.
Subió a su habitación y se encerró.
La escapada había sido un éxito.
Se miró al espejo de cuerpo completo y se sorprendió al verse con un estilo que era completamente nuevo.
De verdad parecía otra persona, alguien más relajado, antisistema... pero no era él.
Se sentó en la cama y repasó lo que había vivido esa noche. Había sido una aventura, pero quizás muy arriesgada, tomando en cuenta su linaje real y lo que se venía para él en el futuro.
Entonces se levantó, tomó la radio y la enchufo, poniendo play nuevamente a Rocket Man. Ya habría tiempo de arrepentirse.
Mientras tanto, Aidan llegó a su casa como si nada. Su madre estaba durmiendo, así que fue a su dormitorio, donde la ropa de Raen estaba sobre la cama.
Se sacó la chaqueta, tomó la camisa y se la probó.
Le quedaba bien, aunque un poco ancha, pero casi no se notaba.
Entonces, se dio cuenta de que aún tenía los rastros del perfume de Raen.
Y olía muy bien.
Se recostó sin cambiarse, disfrutando del tacto y el aroma de la camisa del príncipe.