Raen tenía un pequeño ramo de girasoles que colocó con cuidado en el florero que estaba entre las tumbas de su madre y hermano.
Se sentó en la banqueta que estaba allí y miró los nombres de las personas que, probablemente, más lo habían querido.
El príncipe se sentía perdido, confundido, necesitaba un consejo o alguien que lo escuchara, y solo tenía a Aidan, pero era él la causa de sus dudas.
Ya no lo podía negar. Desde hace un tiempo que lo que le pasaba con el pelirrojo era algo más que una simple amistad. Cada día esperaba emocionado el momento en el que se le acercara a conversar, y esa semana que estuvo más bien alejado, se sintió abatido y lo extrañaba tanto, tanto.
Además, cada vez que lo veía sentía ganas de abrazarlo, de tomarle la mano, de verlo sonreír.
-¿Qué puedo hacer? -preguntó, sabiendo que los muertos no pueden contestar.
Recordó una conversación que había tenido no hace mucho con su hermano mayor.
-¿Alguna vez te has enamorado? -le preguntó un día.
-A qué viene esa pregunta... ¿acaso te gusta alguna chica? -respondió Kiran con una sonrisa.
-Claro que no -replicó el menor- es solo que todas estas canciones hablan de amor, de romance y, no lo sé, me causa curiosidad. ¿Es realmente tan bonito como lo dicen sus letras?
-Mmmm... pues sí. Digo, depende. Si tu amor es correspondido, es genial. Pero si no lo es, sufres mucho.
-¿Te ha pasado?
-Sí, hace un tiempo, pero ya lo olvidé.
-Vaya, quién podría rechazarte, eres el príncipe y tal -comentó Raen.
-Y no te olvides que también soy guapo -dijo Kiran alzando las cejas, haciendo reír a su hermano- pero sí, aunque no lo creas, tu guapo, alto y genial hermano también tuvo el corazón roto.
-Si no estás seguro de que la otra persona te quiere, ¿para qué enamorarse entonces? Es algo tonto, si sabes que vas a sufrir.
-Oh mi pequeño e iluso Raen -dijo Kiran pasándole un brazo dobre los hombros- así no funciona. Te enamoras sin que te des cuenta, no puedes controlarlo.
-Pues yo no me voy a enamorar jamás.
Kiran lo miró aguantando la risa. Aunque ya tenía casi 15 años, aún veía a su hermano como un niño pequeño.
-Te doy firmado que algún día te vas a enamorar, enano. Y espero que yo sea el primero en enterarme, así me puedes pedir consejos y yo, tan benevolente, haré que tu romance sea de cuentos.
Raen rodó los ojos, pero se rió de su hermano.
Era un bonito recuerdo, pero doloroso al mismo tiempo.
-Tenías razón, Kiran. No pude evitar enamorarme. Pero ahora no te puedo pedir ayuda.
Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos, pero las secó rápidamente.
-Yo sé que es raro, prohibido, anormal, pero no pude evitarlo. Y no puedo decirle a nadie. ¡No puede gustarme otro chico! Esto sí que es un amor imposible, hermano. Qué bueno que no me puedes ver así. Quizás me repudiarías, te avergonzarías de mí o me echarías de tu vida...
Sin aviso, comenzó a nevar. Los copos de nieve caían tranquilamente sobre el suelo y las lápidas.
-Me siento tan solo, Kiran. No sé qué hacer -dijo finalmente Raen, dejando que su pena se expresara en un llanto silencioso.
Pero no tenía mucho tiempo para estar triste. Esa noche, Aidan lo había invitado a salir, aunque no le dijo dónde lo llevaría, solo le adelantó que sería su regalo de cumpleaños.
Así que se puso de pie y volvió al Palacio.
Cerca de la medianoche, ambos chicos se juntaron en la puerta de la cocina y salieron por el espacio entre los arbustos.
Raen llevaba el gorro hasta las orejas y tenía una bufanda que le tapaba la nariz. Aidan, por su parte, había elegido una ushanka verde oscuro con orejeras, y un chaleco con cuello alto.
-Dios, qué frío. Se me congelan hasta las ideas -dijo el pelirrojo y, sin previo aviso, se tomó del brazo del príncipe.
Raen se puso rojo y su corazón latió tan fuerte que le sorprendía que Aidan no lo escuchara.
Tras cruzar el puente, llegaron a la casa de Karl.
Aidan decidió que Raen debía llevar su ushanka verde, porque le tapaba más la cara, así que se intercambiaron los gorros, le pasó unas gafas rojas, oscuras y luego tocó la puerta.
Ekaterina fue quien abrió y saludó a cada uno con un cálido abrazo.
-Pasen, chicos.
Adentro Estaba Karl junto a otros cinco chicos, que Raen reconoció como miembros de la banda de su amigo.
-¡Feliz cumpleaños, Aidans! - dijeron al unísono, dejando ver un modesto pastel de cumpleaños con unas cuántas velas.
-Aidan... pelirrojo, nos contó que no tuviste una fiesta apropiada, así que decidimos celebrarlos a ambos -expresó la chica con una sonrisa.
Raen se quedó sin palabras. Miró a su amigo que también le sonreía con satistacción y le dio unas pequeñas palmaditas en la espalda.
Los chicos les cantaron feliz cumpleaños y luego repartieron la torta, mientras ponían un vinilo de Queen.
Pasaron varias horas contando anécdotas, riendo, recordando viejas vivencias, cantando algunos temas que sonaban en el aire.
En un momento, cuando ya se había dispersado un poco la fiesta, Raen salió al patio, algo abrumado por el cariño del resto de gente que apenas lo conocía. Sentía que, por primera vez, tenía una linda fiesta, algo que no sabía que anhelaba. Algo pequeño, íntimo, alegre.
Aidan llegó un par de minutos después y se puso a su lado, empujándolo levemente con el hombro.
-¿Todo bien? -preguntó el pelirrojo.
-Más que bien -respondió el príncipe con una discreta sonrisa.
Su amigo pasó su brazo sobre los hombros del pelinegro.
-Sé que no es mucho, pero es trabajo honesto -bromeó-. Así celebramos los normales.
-Me gusta mucho más que la otra excentricidad.
Raen giró el rostro unos centímetros y quedó peligrosamente cerca de Aidan.
Oh, let me feel your heartbeat (grow faster, faster)
Oh, can you feel my love heat?
La voz de Freddie Mercury llenaba el ambiente de una atmósfera diferente, relajada, romántica.
-Nunca había escuchado esta canción -susurró Raen.
-Es de mis favoritas. Ahora entiendo un poco más su significado.
I'd like for you and I to go romancing
Say the word, your wish is my command
-¿Ah, sí?
Oh love, oh lover boy
What're doing tonight? Hey, boy
El pelirrojo tomó la mano de su amigo y entrelazó sus dedos.
Y se acercaron más y más hasta que sus labios, finalmente, se juntaron en un corto beso.
Se separaron un par de centímetros y se miraron un par de segundos antes de volver a besarse, esta vez, con algo más de intensidad.
Raen sentía su corazón latir más rápido que nunca, mientras en su estómago volaban mariposas, figurativamente.
Era su primer beso, algo torpe, pero se dejaba llevar por Aidan.
El pelirrojo, por su parte, quería abrazar al otro chico, acariciarlo, sentirlo más cerca, este era un beso que había esperado hacía tanto, tanto, y por fin era realidad.
-Oigan, chicos, los demás quieren... ¡Ay, lo siento! -los interrumpió Ekaterina, haciendo que el tierno momento se cortara de golpe.
El príncipe soltó las manos de su amigo y se alejó un paso hacia atrás, como si un hechizo se hubiera roto. Se tapó la boca con ambas manos, como si no pudiera creer lo que acababa de pasar.
-Lo siento, me tengo que ir -dijo dándose media vuelta y saliendo rápidamente, sin despedirse de nadie.
-Raen, espera -dijo Aidan, alcanzándolo y tomando su muñeca- no tienes que irte. Ekaterina no va a decir nada.
-Tengo que irme -repitió Raen, soltándose más bruscamente de lo que esperaba.
Aidan lo vio irse y un peso se instaló en su corazón.
-Maldita sea.