Despierto a la mañana siguiente, gracias a los rayos del sol. Abro los ojos y me fijo en que estoy abrazando el peluche que me regaló Ana, mi novia. Me giro y veo a Ana de espaldas a mí. Sonrío de medio lado y vuelvo a cerrar los ojos, aún siento el sueño en mi cuerpo. –Buenos días Marina. Abro los ojos y la miro con una sonrisa. –Buenos días Ana. Nos abrazamos y me da un beso en la frente, con cariño. Me pego más a ella y me acaricia el pelo con cuidado y amor, adoro que lo haga. Me hace sentir protección y amor. Lo que necesito ahora mismo. –Deberíamos de ir a desayunar, es la comida más importante del día. –Pero me gusta estar aquí contigo así. Le hago pucheros y ella se ríe, para luego besarme y estrecharme entre sus confortables brazos. –Bueno, pues un ratito más, como mande l

