Donde El Alma Encuentra Su Lugar La mañana llegó suave, con un cielo despejado y un aire fresco que parecía anticipar buenos días. Alejandro se despertó antes de que sonara la alarma. No por ansiedad, ni por obligaciones atrasadas, sino por algo muy distinto: ganas de vivir el día. Se quedó un momento acostado, mirando la claridad filtrarse por el ventanal. Había descubierto que esos pequeños instantes de quietud —que antes habría descartado como “pérdida de tiempo”— eran ahora lo que lo sostenía. Respiró hondo, agradeciendo silenciosamente la calma interna que recién estaba aprendiendo a conocer. Se levantó, preparó café y revisó la libreta negra donde la noche anterior había escrito algo que aún le retumbaba en el pecho: “Quiero formar una familia.” Puso la mano sobre la tapa cerrad

