La Casa Donde Empieza Todo La mañana siguiente amaneció con una suavidad inusual. Las cortinas del departamento de Alejandro se movían apenas con la brisa que entraba desde el balcón, y la ciudad sonaba distante, como si el mundo allá afuera aún no hubiese terminado de despertar. Era una calma rara, pero bienvenida. Una que antes habría interpretado como debilidad… y que ahora reconocía como un lujo. Se levantó despacio, sin saltar de la cama como solía hacerlo, sin revisar el celular de inmediato, sin aquella sensación punzante de urgencia permanente. Se permitió algo nuevo: quedarse unos segundos acostado, mirando el techo, respirando hondo, sintiendo el propio cuerpo. La paz, cuando venía de verdad, tenía un peso amable. Encendió la cafetera, dejó que el aroma llenara la cocina y abr

