Capítulo IV

3015 Words
Era lunes. Habría sido un lunes común y corriente, pero los rumores corrían rápido y todos habían visto al chico nuevo entrar al campus. Un rubio de ojos azules y una pequeña barba. Jean oscuro, tennis blancos y una sudadera lo hacían ver cómo todo un chico malo. Las miradas estaban sobre él, sin embargo el parecía mantenerse ensimismado. Entró a la recepción para registrar su nombre y que le asignarán una habitación. -¿Nombre? - Una joven secretaria preguntó. -Ian. Ian Castelloni. -Uhm, ¿Eres el traído de Italia verdad? Él asintió. La mujer titubeó unos segundos, luego tecleó algunas letras en su computadora nuevamente y levantó una llave de detrás del mostrador. -Hubo una confusión con tu nombre que resolveremos a la brevedad. En tanto toma tu llave. Habitación 206. Edificio 2. Ian agradeció con una sonrisa. No era tampoco alguien de muchas palabras a la primera, pero sabía cómo ser un total seductor. Era algo de sus raíces italianas. Caminó hasta su pequeño apartamento y una vez adentro notó rápidamente que no iba a convivir sólo. De echo según lo que veía su inquilino era algo...desordenado. Los trastes se veían sin lavar y había algunas prendas por el suelo. Se abrió paso a través del pasillo,dándose cuenta que su anfitrión estaba tomando una ducha según el sonido de la lluvia caer en el baño. Decidió aguardar en la habitación sentado al borde de la cama, mientras observaba en silencio todo. Unos minutos pasaron y alguien de hizo presente sobre el marco de la puerta. Sin embargo,de ambas partes, parece que no era lo que ninguno de los dos esperaba. Una muchacha morena,con rizos húmedos caoba cubriendo sus hombros, se encontraba envuelta sólo en una toalla frente a Ian. Petrificada, sosteniendo con firmeza su toalla y con gotas de agua aún resbalando por sus piernas. Se notaba algo asustada. El ambiente quedó en silencio. Ian fue el primero que hizo algún tipo de contacto,levantando su mano con la intencion de saludar. Ésto hizo reaccionar a la morena. -Oh. Uhm. No sé cómo has entrado pero te equivocaste de habitación amigo. Te recomendaría salir de aquí antes que llame a los guardias. Ian levantó la llave con inocencia. -Me asignaron ésta habitación. -Eso es imposible,no hay habitaciones mixtas. Además yo estoy esperando a una chica de Italia...-hizo una pausa pensativa rascando su cabeza.- Su apellido es...uhm... -¿Castelloni? -¡Si! ¡Ese mismo!-La morena se replanteó sus palabras. El rubio se puso de pie, haciendo notar una buena diferencia de altura entre los dos. Tomó su mano y la besó, levantando su mirada fría y profunda hacia ella. -Creo que soy quien esperas. Ian Castelloni, vengo de Italia, Florencia. La recepcionista nombró un inconveniente y supongo que es este. Si es demasiado problema me iré e intentaré conseguir alguna residencia cerca. Ella algo nerviosa reaccionó con rapidez. -Oh no...no. Quiero decir...puedes quedarte hasta que se solucione el problema. No quise ser grosera. De hecho entonces supongo que soy tu tutora, siento que me veas en estas condiciones lamentables.-Se señaló así misma intentando reír- Ian lanzó una mirada de arriba a abajo. -No te preocupes, de todas formas no veo lo lamentable de la situación.-admitió sinceramente. Él jamás cambiaba su semblante. Frío, inexpresivo, pero no serio. Tenía una mirada suspicaz y seductora que lo delataba entre sus ojos celestes. Ella decidió ignorar el comentario,a pesar de que sus mejillas comenzaron a tomar color. -Si. De hecho, me iré a poner algo y te puedo hacer un pequeño tour. Sólo aguarda aquí. No espero más respuestas,tan sólo desapareció de allí. Él aprovechó para investigar el lugar y desempacar algunas cosas de gran valor que guardaba. Algunas de ellas tales como sus armas, y un pequeño micrófono inalámbrico que dejó bajo el colchón de la cama plus size. También dejó un celular de repuesto sobre la cómoda y cierta cantidad de dinero detrás de cajones. Terminó justo a tiempo para que la morena volviese a aparecer frente a su puerta. -¿Nos vamos? -Nunca mencionaste tu nombre. -Inquirió él. Ella asintió golpeando su frente. -Sí. Lo siento. Soy Audrey, Audrey Moore. -Audrey. Bonito nombre. Cómo la actriz belga. Ella sonrió. -Sí. Mi madre la admiraba, según me contó mi abuela. -Mi familia tenía una amistad cercana con ella.-Mencionó vagamente mirando hacia la ventana. -¿Me jodes? -¿Cómo? Ella se retractó ante su vocabulario. -Quiero decir...¿Es en serio? Ian asintió. -Hepburn era una gran dama, aunque no la llegué a conocer. Pero nadie negaba su admirable clase. En fin, siempre tuvo una relación de íntima amistad con mi madre. De hecho, en mi casa existen varios recuadros de ellas juntas. -Algún día debo conocer a tu madre. Debe tener lindas anécdotas que contar. El rubio sonrió de manera amarga. Audrey notó esto sin entender. -Ella falleció hace años ya. Pero sí, estoy seguro que debía tener muchas anécdotas para contar. La morena se llevó una mano a su boca en señal de arrepentimiento. -Oh diablos, lo siento. No mido las cosas que digo. Simplemente se salen y ... -Está bien. Sucedió hace mucho tiempo ya. -Bien...-rascó su cabeza en busca de huir de la incomodidad que ella misma se había generado- ¿Nos vamos? . -¿Me dices que tienes dos hermanos? Eso debe ser genial. -No cuando eres el menor. -Al menos tienes hermanos. -¿Tú no tienes? -No. Bueno, no que yo sepa. Nunca tuve contacto con mi madre. -¿Vivías con tu padre? -Abuela. -Oh,claro. -Bueno creo que ese ha sido mayormente parte del recorrido. Tus clases comenzarán mañana en- Su conversación se vio interrumpida por el pitido de su celular. Ella contestó. Ian le restó importancia. Le dio una mirada panorámica a todo el lugar. Agradable y tranquilo. No era lo que él quisiera pero se podría conformar al pasar el tiempo. En un descuido sus ojos se topan con un auto n***o de vidrios polarizados. Las personas dentro del auto parecen verle también debido a que el coche se detiene. La ventanilla baja. Él se tensa. La persona dentro del carro sonríe. En un abrir y cerrar de ojos una vez colgado el teléfono, la morena se percata de que se ha quedado sola y en ninguno de sus alrededores se encuentra el joven que tiene a su tutela. Decide dejarlo. A lo mejor se fue a dar una vuelta y conocer mejor el lugar. Dejará el tour para otro momento. . -Dime qué haces aquí. -¿Así es como los ingleses tratan a la familia? Qué malas costumbres se te pegan. -Yo sé que cuando estás tú es porque sólo hay problemas cerca. Su hermano sonrió. -Pues, mitad que estás en lo cierto y mitad que no. Primero súbete. Ian titubeó por un momento para luego, con su semblante siendo una línea, meterse al auto de vidrios polarizados. Una vez cerradas las puertas y el auto en movimiento, el mayor decidió hablar. -Papá me envió porque quiere que te hagas el tatuaje familiar. Cuestión de tradiciones, ya sabes. -No quiere que esté con la mafia pero quiere que me haga el tatuaje familiar. ¿No resulta irónico? Nicolás soltó una risa con sorna. -Vamos, que el tatuaje llegó antes que la familia se uniera a la mafia. Es una marca que nos concierne a todos. Es algo de conexión y todas esas cosas de las que habla papá. -De acuerdo, ¿Qué hay con la otra mitad de lo que me tienes que decir? Que a esta altura, según mis cálculos, es la parte del problema. -Quién diría que el más pequeño de los Castelloni sería uno de los más inteligentes. Nicolás golpeó con su dedo la frente de Ian, molestándolo. Luego encendió un cigarrillo y siguió. -Tengo problemas con unos matones aquí que me deben dinero y necesito que le hagamos saber quiénes somos. Sólo un pequeño susto. Pero no puedo hacerlo sólo. -Papá te ha dicho que no quiere que manches a la familia de problemas con drogas. Nicolás rió. -¿Cuando he mencionado yo que es un asunto de drogas? -Ian se mantuvo en silencio, observándolo- De acuerdo, si lo es. Pero es el último negocio que hago, lo prometo. El mayor volvió a darle una pitada a su cigarrillo. -Además, ¿Que no querías ser parte del trabajo de la familia? Esto es una parte. Saldar cuentas y arreglar asuntos. Sé que no es lo que más quieres, pero algo es algo. El menor solo oía en silencio las palabras de su hermano. El moreno solo cargó un arma y se la dejó en el regazo a Ian. Éste la tomó sin hablar, soltando su respiración de manera pesada, como si de alguna forma no tuviera más alternativa. Al fin y al cabo, no se le da la espalda a la familia. Nicolás sonrió. . -¿ES HOMBRE? Oh Dios, Audrey ¿Estás compartiendo habitación con un hombre? ¿Y además italiano? -Sh, ¡Sasha, cierra la boca! No todo el mundo tiene que enterarse. -Disculpa, pero realmente es algo que me encantaría que sepa todo el mundo. Eres la envidia de media universidad. Y creéme que sólo porque la otra mitad son hombres. -Debo admitir que Sasha tiene razón.- La morena fulminó a su amiga con la mirada. Ésta levantó sus hombros en defensa. -Oh vamos, ¿Quién no querría despertar todos los días junto a un universitario que te hable en italiano al oído? Todas rieron ante la ocurrencia, y Audrey enrojeció sus mejillas un poco ante las afirmaciones de sus amigas. -Son unas idiotas. Es obvio que no va a pasar nada, yo salgo con Noah. Además es temporal. Y por lo poco que llegué a conocerle creo que es algo raro. -Con más razón si es temporal aprovecharía.-Inquirió Sasha. -¿Raro? ¿En qué sentido?- Está vez, Marie habló. -Bueno, no es de tener muchas expresiones por lo que realmente no puedes saber que está pasando por su cabeza. Ayer simplemente desapareció mientras le estaba terminando de hacerle un paseo por el campus. Literalmente desapareció. Solo me di vuelta y ya no estaba. Volvió casi a medianoche y por alguna extraña razón resulta que se había ido a hacer un tatuaje. -Uh lalá, un chico misterioso. ¿Acaso de una vez asumirás que eres una afortunada? -Quizás es parte de una mafia secreta.-Soltó Sasha en forma burlona. Audrey rodó sus ojos. -¿Noah ya sabe acerca de tu nuevo inquilino? -No. Pero estoy pensando decirle en cualquier momento. Quizás no ahora simplemente. -Bueno,no creo que a tu novio le agrade mucho la idea de que vivas con un hombre de intercambio misterioso. Y súper lindo. -¿Qué cosa no me agradaría? Marie entró en pánico al ver al novio de su amiga acercarse. -Oh, ya sabes. La comida de hoy es un asco. Asumiríamos que no te gustaría. -Bueno, algo de razón tienes. Odio las albóndigas de aquí-Sonrió- ¿Cómo está mi novia más bonita? Audrey sonrió y recibió un beso en su mejilla por parte de él. -Bien, ¿Qué tal tú y el equipo? Noah era el capitán del equipo de lacrosse de la Universidad. Era conocido por sus grandes logros atléticos. Y por sus grandes logros físicos a mirada del plantel femenino. -Excelente. Este fin de semana tenemos partido. Jugaremos contra East High. ¿Qué tal tú visitante de intercambio italiana? Las tres amigas se miraron entre sí en un silencio mortal. Audrey rascó su oreja incómoda. -Creo que hubo un retraso en su vuelo y la verdad aún no la he visto llegar. Sasha casi se atraganta con un trozo de comida al oír la mentira de su amiga. -Qué mal.-Noah frotó sus hombros en consuelo.- Ya verás que llegará. Yo sé cuánto te gusta ser anfitriona y servicial. -Uff, de verás que no sabes cuánto le encanta. El comentario de Marie ganó una patada bajo la mesa por parte de Audrey. Pasaron unos minutos más y Noah se tuvo que retirar. Ian se encontraba en clases de introducción y la morena estaba pensando cómo le diría a su novio que convivía de ahora en más con un hombre totalmente desconocido proveniente de Italia. Terminó el horario del almuerzo y por suerte para ella que mantenía todas sus asignaturas al día, no tenía mucho más que hacer. Debido a esto solo decidió volver al departamento. Llegó hasta su puerta, y una vez abierta se encontró con su nuevo invitado en la cocina, y sin camiseta. Se quedó un segundo observando la situación hasta reaccionar. -Bueno, veo que no soy la única que ha terminado temprano hoy. Solo recibió una simpática sonrisa por parte del rubio. Hasta ahora se encontraba maravillada dado que había descubierto que sonreía. -¿Qué haces? -Cocino mi almuerzo. -Sí, veo. Pero no entiendo la razón si tenemos cafetería. -No se siente lo mismo comer algo recalentado que algo hecho en el momento por uno mismo. Audrey levantó las cejas mientras se adentraba a la cocina a investigar. -Buen punto ,debo decir que estoy sorprendida. No tenía idea que sabías cocinar. -Bueno, acabo de llegar por lo que no tienes idea de muchas cosas acerca de mí.-La morena levanto una ceja sin entender y este solo la ignoró.- Allá en Italia todos saben. Hombres y mujeres. Cuestiones de familia. Yo aprendí gracias a mi madre. Ella sonrió algo enternecida. Decidió sentarse sobre la mesada de mármol observando. Gracias a que no tenía camiseta se podían ver los músculos de su espalda contrayéndose y estirándose a medida que revolvía lo que había en la sartén. Tenía un bonito perfil y su pelo cayendo apenas sobre su frente le daban un toque bastante seductor. Audrey se encontró a si misma observando demasiado. Y lo notó justo a tiempo antes que el rubio girara a mirarle. Sin decir nada se acercó a ella hasta quedar bastante, demasiado cerca. Se puso entre sus piernas y sus caras se encontraban a pocos centímetros. Posó una de sus manos sobre la mesada detrás de ella. Este movimiento la tomó desprevenida y sólo pudo mirarlo detenidamente mientras intentaba controlar su respiración. -¿Q-qué haces? -Necesitaba la sal.-Levantó su mano trayendo consigo el pequeño recipiente. Sonrió. Él había sido consciente de lo que había hecho. -¿Por qué? ¿Esperabas que hiciera algo más? Audrey se ruborizó. Comenzó a tartamudear intentando crear una respuesta. -N-No. ¿Cómo crees?. Además,¿Qué más podrías hacer ? Era obvio. -Bueno, en realidad podría haber hecho muchas cosas mejores que esa, si nos ponemos "obvios". Ian sólo la miró mientras revolvía su comida. Audrey se volvió un arcoíris de colores rojos. En ninguna parte de su contrato como tutora existía una cláusula que decía que se debía enfrentar a constantes momentos de nerviosismo ante los flirteos de su nuevo- y llamativo, sobre todo- compañero. Evitó su mirada mientras intentaba calmar su acalorado rostro agitando su mano. -B-bueno, creo que en Italia son de ser bastante directos.-Abanicó su rostro.-Creo que sólo me voy a ir a recostar asi te dejo terminar tu comida. Él tomó su mano frenando su paso en seco. -Espera. -¿Qué sucede? -Estaba cocinado para los dos. Audrey hizo su cabeza a un lado dudosa. -No lo sé...es que yo ya comí en la cafetería. Sus ojos azules la miraban atentos, esperando su respuesta. Brillaban sinceramente pidiendo compañía para almorzar. Ella mordió levemente su labio y cedió. -Bien. Comeré algo. Sólo porque no quiero que desperdicies comida. Ella lo vio sonreír levemente por segunda vez en el día. A lo mejor no era sólo tan sólo un misterioso de lindo aspecto. Se sentaron a comer. La morena debía admitir que tenía buena mano para la cocina, puesto que lo que había hecho estaba delicioso. -Dios Ian, esto está fatal. -Es una receta familiar. Las salsas y las pastas son especialidades de la familia. Ya sabes,cosas de italianos. Ella rió. En un movimiento de su mano logra volver a ver el tatuaje con el que había llegado la noche anterior y la curiosidad pudo más de lo que creía. Una rosa con pétalos abiertos posaba sobre la palma del rubio. -¿Y ese tatuaje? Perdón por la intromisión, pero ví que llegaste anoche con él luego de que desapareciste y no pude evitar preguntar. Él sonrió e instintivamente miró su muñeca. -Sí, perdona por dejarte sin más, recordé que tenía cosas que hacer urgentes.-Le mostró su mano tatuada.-Este es un tatuaje familiar, es algo tradicional que se hace una vez cumplidos los 20 años. -¿Y porqué la rosa? -La rosa roja simboliza nuestros lazos de sangre.Tiene que ver que por más que los pétalos se separen siempre pertenecerán a la misma flor. Algo así es la visión que tenemos nosotros. Por más que algún m*****o se separe o desaparezca sigue siendo familia. -Bueno,veo que se toman esto de lo familiar muy en serio. -No tienes idea. El sonido con el que soltó la oración fue bastante irónico,mientras tomaba un gran sorbo de agua. Se mantuvo con su mirada puesta en ella,analizándola mientras distraídamente enrollaba los spaghettis con su tenedor. Uno de sus rizos caía sobre su cara,pero ella lo corrió de inmediato dejando ver su rostro. A vista de Ian, su nariz era graciosa; lucía redonda y pequeña,junto a sus pómulos redondeados. Sus ojos cafés se refugiaban bajo unas rizadas y oscuras pestañas. -¿Puedo saber por qué me observas comer?-Mencionó la morena intentando sonar seria, pero aguantando una sonrisa. -Lo siento.-Admitió el rubio.-Es que eres bonita. Ella le sonrió mostrando sus blancos dientes. Él no mentía: realmente consideraba a Audrey una mujer linda. Sin embargo, Ian no era muy abierto a relaciones de ningún tipo. Le huía a los sentimientos demasiado profundos y no le gustaba generar una dependencia con nadie. Mucho más a raíz de todo lo que tenía detrás. Prefería hacer las cosas por su cuenta. Siempre solo le era todo más fácil. Y prefería mantenerlo así.
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