Danza Española No. 5 – Enrique Granados

1814 Words
Celeste Viernes 22 de febrero de 2019 - Te vienes con nosotros a Bélgica – volteo en mi espalda para ver si le habla a alguien detrás de mí – hablo contigo Celeste – clavo mi mirada en él y ladeo mi cabeza. - ¿Bélgica? – asintió - ¿Estás bromeando? – negó - ¿Ya no trabajo para Christopher? – Alessandro tomó asiento y empezó a arreglar una de tantas plantas. - Claro que sí, pero necesitamos a alguien que nos ayude con … el equipaje – asintió para creérselo él también. - El botones les ayudará con el equipaje – se recostó en la silla. - No hay botones donde nos vamos a quedar – apreté mis labios para evitar reírme – ya sé – se puso de pie y entro dejándome sola en la terraza. El pent-house de Christopher contaba también con un “pequeña” terraza llena de flores, ahora estaba plantando unas nuevas y cuidando de este. La presencia de Alessandro se convirtió en algo de todos los días, y para mi sorpresa me llevaba muy bien tanto con él como con mi jefe, el cual seguía acá intentando “conocer” su nuevo hogar. “Vaya, ahora todo con respecto a él tengo que ponerlo entre comillas al no ser nada de lo que parece”. Egocéntrico pero sabe cuando comete un error he intenta repararlo, superficial pero una mente perspicaz, serio pero coqueto, estresante pero guapo. En fin, es todo un mundo extraño e intrigante. - No lo haré – volteo hacia la voz de Christopher a lo lejos – si no quiere pues – fue interrumpido. - ¡Hazlo! – llegó a tropezones. Sonrío incómodo y decidí ignorarlo continuando el arreglo floral. Desde que ambos caímos y Alessandro vio tal escena mal interpretando todo ambos se comportan como unos niños buscando atención, me da gracias pero al mismo tiempo me confunde. > ¿Qué haces? – se arrimó sentándose en el mismo puesto que Alessandro. Pase mi vista de las flores a él con obviedad. > Si – asintió rascando su ceja – es obvio – apreté mis labios contiendo una sonrisa. Christopher se rasca su ceja cuando está nervioso y se ve tan lindo. “Basta Celeste”. > Alessandro quiere que vengas con nosotros a Bélgica – lanzó de golpe. - No tengo dinero – “si fuese una niña riquilla no estuviese arreglando las flores de otro e iría a Bélgica yo sola”. - Es por trabajo así que la empresa contratista cubre los gastos – ofuscada aparté la planta y me concentré en él. - ¿Empresa contratista? – asintió - ¿Cuál empresa contratista? – si, ya podía aguantar su mirada. - Yo – dijo sonriente y alzando sus hombros. - Muchas gracias pero me negaré – me puse de pie para acomodar todo. - ¡Vamos! – me siguió cada paso – si no vienes dejas el trabajo – “¿Siempre me vas a amenazar con eso maldito infeliz?” – hoy mismo – voltee los ojos sin que me viera. - Si es para trabajar iré – me voltee a él – si veo que es para algo diferente yo mismo te voy a renunciar – sonrío de lado viéndose aún más sexy. - Es por trabajo, nada más – suspiré derrotada – un minuto – arrugué mi entrecejo – ya me miras por más de un minuto – desarrugué mi cejas y abrí mis labios removiéndome nerviosa en mi sitio. Christopher subió su mano y con su pulgar acarició mi labio inferior, sentí como si el aire se hubiese escapada para Marte y un desierto llegó a mi garganta ansiando probar algo más, pero no sabía de qué tenía ganas exactamente. Alzó un poco más mi barbilla y se fue acercando llevando su vista por cada rincón de mi rostro como si quisiera guardarme en su memoria, de mi parte no podía despegarme de esas dos esferas que no solo eran azules, cuando se enojaba o había algo que no le gustaba cambiaban a verdes y era mágico, todo en él era mágico. Su aroma, su sonrisa, su mente al componer arte, sus dedos que se movían como plumas en el teclado, su amistad con Alessandro. Todo. - ¿Saben que no siempre voy a hacer de Cupido? – nos separamos. Opté por mirar hacia otro lado para no demostrar lo posiblemente roja que estaba. - Alessandro – le sonrío Christopher y le habló entre dientes. - Celeste – pronunció mi nombre aún mirando a Christopher – ven – extendió su mano y yo la tomé como por inercia – yo ahora soy como su hermano mayor así que no permitiré que nadie la toque – alargo la palabra “nadie”. - ¿Hermano mayor? – preguntó igual de confundido que yo. Alessandro asintió y me miró tan tierno que yo le devolví la sonrisa. - Seré Cupido pero no tanto – escuche bufar a Christopher. - Suéltala – demando. - No – salió corriendo arrastrándome. - ¿No que el hermano mayor? – salió corriendo detrás de nosotros hasta agarrarme y alejarme de Alessandro – no toques a mis empleadas. - ¡Basta que no soy un yoyo! – ambos me miraron abriendo sus ojos – ay no – balbucee - ¿Lo dije en voz alta? – asintieron. ¿Recuerdan que ahora tenía calor? Pues ya tengo frío. > Dis … disculpen – miré el piso y comencé a temblar asustada. - No, esta bien, nos lo teníamos merecido – comentó Alessandro – me gusta que ya te defiendas. - Shh – lo calló Christopher – Celeste estás pálida – me tomó de los hombros – ¿Estas bien? – asentí zafándome. - Iré – hablé aún sin mirarlos – un momento a la habitación – me giré y camine lo más natural posible. Ya en mi cuarto al cerrar la puerta corrí al baño encerrándome en él. Mis ojos se llenaron de lágrimas y gimotee del susto. Obedece, no preguntes “por qué”, no repliques ni contestes, no mires a los ojos a tus mayores, no hables si nadie te habla. Reglas básicas que si las incumplías en los hogares de acogida te castigaban, y podrías llegar a conocer lo que es el infierno en la tierra. Christopher - Esa no es una buena señal – ambos mirábamos la puerta de Celeste. - Hablaré con ella – alcé mi mano para golpear la puerta pero Alessandro la detuvo. - No conocemos su pasado y no tenemos por que forzarla a que lo cuente – me soltó la mano – démosle su espacio, ya aceptó ir con nosotros no podemos agobiarla – asentí. - Te tomas bien tu papel de “hermano mayor” – le di la espalda camino a mi habitación para empacar. - Soy bueno en todo lo que hago – pasó su brazo por mis hombros. - Si tu madre te escucha decirle así te mata – me reí. - ¡Ash! – me soltó – no me recuerdes a esa mujer – suspiró – iré a organizar mis maletas también – asentí – ya sabes – me señaló con su índice – no la agobies. - Más que un hermano pareces una mamá gallina – me reí. - ¡Pio, pio! – grito y solté una carcajada. Pero tenía razón, no debía exigirle nada, si quería ganármela y que se abriera a mí debía ir poco a poco. Aunque posiblemente se enfade cuando sepa que en realidad la llevaré a un castillo. ___ Sábado 23 de febrero de 2019 - Bienvenidos al Castillo de Laeken, el Palacio Real de Bruselas – asentí. Iba delante del grupo y cada minuto miraba hacia atrás para asegurarme que Celeste estuviese bien. Nos separaron habitaciones dentro del mismo palacio, el rey Philippe quería que estuviésemos cerca y por nosotros no había ningún problema. A mi derecha mi manager principal repasaba el itinerario, a mi izquierda su asistente, a nuestras espaldas los otros dos manager y el director de orquesta que estaría a cargo de la presentación de mañana. Detrás de ellos Alessandro y Celeste, sin contar el personal encargado de resguardarnos. En total éramos 17 personas caminando por el palacio real ya mando la atención hasta de las palomas … estas comparaciones son causa de mi amistad con Alessandro. - Por acá por favor – el guía nos hace una reverencia señalando una puerta la cual fue abierta hacia adentro – el representante del rey les estará esperando – asentí respetuosamente y entramos. - Christopher. - Luca – apreté su mano y después que el guía abandonó la sala junto a los manager nos abrazamos dándonos palmadas en la espalda. - ¡Te extrañé maldito pendejo! - ¡Yo no duque playboy! – nos separamos y ahora era el turno de Alessandro. - ¡Hermano! – abrió sus brazos Luca. - ¡Novio tóxico! – me reí ante los sobrenombres y la cara de Celeste. La realeza es una cruz bastante pesada para muchas personas, Luca le ha tocado que mostrarse como alguien que no es solo para agradar a la monarquía, y eso que estamos en pleno siglo XXI. - ¿Y ésta preciosura quién es? – tomó la mano de Celeste para besarla y mi sonrisa se esfumó. - ¡Quita! – Alessandro se puso frente a ella – no toques a mi hermana – Luca abrió los ojos de par en par. - ¿Hermana? – quitó a Alessandro para mirarla de arriba abajo. - Es un decir – ahora fui yo quien la tapo – pero de verdad te queremos a metros de ella – me cruce de brazos y el alzó sus manos en son de paz. - Lo prometo – miró sobre mi hombro y le picó el ojo. Chisté sacándole una risa y suspiré sin saber porque estaba tan enojado, mientras que Alessandro solo sonreía feliz. > Decir o no decir – tomó asiento – se parecen bastante y cualquiera creería eso – nos sentamos junto a él. Hubo unos segundos de silencio entre todos, Celeste miraba a Alessandro y ladeo su cabeza de una forma extra tierna, Alessandro miraba a Celeste y luego asintió, Luca y yo solo mirábamos a Celeste mientras sonreíamos al verse tan bella y natural. > En fin – suspiró y clavo una mirada seria en mí – hay un pequeño detalle que se nos olvidó mencionar a tu manager – me recosté en la silla – tienes que tocar una canción completamente nueva – me levanté de golpe. - ¡¿Qué?! – asintió serio. Bufé llevando mis manos a mi cadera. Una canción no se compone de la noche a la mañana y menos si se está bajo presión. Maldita realeza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD