The Heart Asks Pleasure First – Michael Nyman

1948 Words
Celeste Domingo 17 de febrero de 2019 Abrazo mi almohada sintiéndome en el paraíso. Los colchones de los orfanatos son duros e incómodos pero este, parece hecho de plumas, jamás en mi vida había dormido en tan agradable lugar. Me pongo de pie bostezando para abrir la cortina y tener la mejor vista de todas, el invierno azota el lugar a diferencia de mi país natal, ahora mismo imagino el calor que debe estar haciendo allí y el frío en Italia que me hace temblar. Recojo mi cabello en una coleta alta y limpiando mis lagañas salgo camino a la cocina, al estar cerca de la barra me llevo un susto tremendo al ver un hombre sentado tomando café, mi pequeño grito hizo que me mirara y yo quedé estática ante sus ojos. El azul más profundo y electrizante que he visto me detallan de pies a cabeza, su cabello alborotado y su barba de media a corta me hacen tragar saliva, su camiseta se pega a sus hombros y deja expuestos sus tonificados brazos, seguiría describiéndolo pero tuve que alzar la vista al escucharlo aclararse su garganta.  No podía creerlo, estoy al frente de mi ídolo y estoy en pijama. - Tu debes ser la chica que mi madre contrato – siento que mis rodillas tiemblan al escucharlo hablar – mucho gusto – se gira para quedar a todo el frente mío – mi nombre es Christopher Watson, ¿Tú eres? – parpadeo varias veces para luego agachar mi cabeza. - Ce … Celeste Escobar – junto mis manos nerviosa. - Escobar – lo escucho susurrar y me siento cada vez más intimidada ante su mirada que no la aparta de mí - ¿De dónde es tu apellido? - Soy colombiana señor – por el rabillo del ojos veo que asiente. Alzo mi mirada y vuelvo a encontrar sus ojos en mí, abro mis labios para respirar mejor al sentir que me falta el aire, su mirada recae en estos poniéndome aún más nerviosa y sintiendo como mi corazón empieza a martillear cada vez más rápido. Nuestra batalla de miradas y resistencia por mi parte se ve interrumpido al escuchar el timbre, ambos miramos hacia otro lado y me excuso para ir a abrir la puerta. > Per … Con permiso – mientras camino inhalo y exhalo disimuladamente. Jesús bendito, no sé si tengo mucha suerte o tengo una nube gris personalizada. Al abrir la puerta me encuentro con unos ojos oscuros y una sonrisa dulce, lo que me lleva a preguntarme … ¿Por qué todos acá son guapos?, debería ser pecado. - Hola – levanta su mano saludándome – tu debes ser la nueva empleada de Chris – asiento y lo reconozco. Es Alessandro Berlusconi, el mejor amigo de Christopher, sé quién es ya que no falta a ninguno de los conciertos de piano que participa el último mencionado, y debo decir que en persona se ve mucho mejor que en simples fotos. Su cabello oscuro contrasta con sus ojos, su barba lo hace ver más maduro y su sonrisa es angelical, a diferencia de Christopher que tiene su cabello castaño claro y sus ojos resaltan en su pálida piel. - Pase por favor – me hago a un lado bajando mi mirada. - Gracias – entra y al cerrar la puerta y darme la vuelta choco con su pecho - ¡wow! – me sostuvo de mis brazos y nos acercamos tanto que pude oler su perfume. - ¿Tan temprano y ya coqueteando? – ambos nos giramos hacia la voz y me suelto de su agarre al caer en cuenta la posición en la que estamos. Christopher con sus brazos cruzados nos mira desaprobatoriamente y yo solo desee que se abra un hueco en la tierra y sea absorbida por este, estoy en pijama en medio de dos atractivos hombres, uno de ellos es el amor de mi vida y el otro su mejor amigo, gracias destino por jugar conmigo. - Pero mira que grosero eres – el nuevo invitado me cubre y yo quedo mirando su ancha espalda – interrumpes en el mejor momento – abro mis como platos al escuchar su comentario. - Celeste – me asomo sacando un poco mi cabeza – puedes ir a tu cuarto – asiento y me voy como alma que lleva al diablo. Cierro la puerta y suspiro pesadamente, me sentí en medio de una novela mexicana. “¿Virgencita de Guadalupe eres tú?”, miro hacia el techo y me río llevando mis manos a mi cabeza. Ese par que está allá afuera son como uña y mugre, donde se enteren que toque ese piano me cuelgan de los guayos. Vuelvo a suspirar haciendo una pataleta y decido ir a tomarme un baño, al fin de cuentas si él está necesita que le prepare algo de comer. Christopher Me quedé atontado cuando la vi. Esos ojos oscuros y sus labios gruesos, Dios, es hermosa sin esforzarse en serlo, su baja estatura la hace parecer menor pero es entendible, las mujeres latinas creo que tienden a ser bajitas, pero esas piernas pondrían a suspirar a más de uno y ni hablar de su cintura. “¿En qué estoy pensando? Es solo una mucama”. Me levanto de la silla en dirección a la puerta y al ver la escena de Alessandro abrazándola me da cierta sensación de zozobra. - ¿Tan temprano y ya coqueteando? – me cruzo de brazos para mostrar tranquilidad. - Pero mira que grosero eres – cubre con su cuerpo a la chica y no puedo evitar arrugar mi entrecejo – interrumpes en el mejor momento – ruedo mis ojos. - Celeste – se asoma sacando un poco su cabeza haciéndola ver tierna – puedes ir a tu cuarto – asiente y se va con su mirada gacha. - Así que Celeste – Alessandro ladea la cabeza viéndola marcharse – lindo nombre – me aclaro la garganta. - ¿Por qué carajos te comportaste como un padre sobreprotector? – le doy la espalda caminando hacia la oficina. - No lo sé – me sigue y ambos entramos cerrando la puerta – no me gustó verla como un ratón temiéndole a un león así que solo me puse delante – alcé una ceja. - ¿Me estás diciendo león? Se qué soy un rey pero – me interrumpe y no puedo evitar reírme. - ¡Ash! Contigo no se puede, pareces primo de Narciso – vuelvo a soltar otra carcajada - ¡Ten! – me entrega un sobre sentándose en la pequeña sala de estar de la oficina – toda la información de la chica – me siento a su lado ya que posiblemente él tenga la misma curiosidad que yo. - Celeste Escobar – empiezo a leer en voz alta – 20 años, colombiana, ¿Signo zodiacal libra? – lo miro bajando los papeles - ¿Quién demonios la investigó? – Alessandro suelta una carcajada contagiándome al volver a leer ese dato “tan relevante”. - Presta – me arrebata los papeles y sigue leyendo mientras me levanto para tomar una taza de café – es muy triste – sigue leyendo pero no dice nada más. - ¿Qué es triste? - Vivió toda su vida en albergues y hogares de acogidas para niñas, ninguno de sus padres figura pero aún así tiene el apellido Escobar – asiento llevando las dos tazas de nuevo a la sala – no dice nada con referencia a la música – revisa hoja por hoja – algo me dice que no es una mala chica – tira los papeles en la mesa y toma de su café. - Si, no parece – hablo bajo volviendo a recordarla tocar con tanta pasión – pero alguien normal no tocaría como lo hace ella – niego rascando mi ceja. - Simplemente pregúntale de frente lo que deseas y ya está – me mira con obviedad – siempre has sido así – asiento. Pero ni yo mismo sé por qué tengo tanta curiosidad por saber de ella. Celeste Cocinar, planchar, asear y cuidar de los más pequeños. Siempre son los roles de los mayores en los orfanatos y poco a poco hice todo eso hasta convertirme en una experta, así que estoy orgullosa del sazón que tengo. Luego de asearme y aprovechar que los caballeros están quien sabe dónde me pongo manos a la obra con el almuerzo. Subo hasta mis codos el buzo de lana y con mis audífonos a todo volumen comienzo a picar cada vegetal, mientras revuelvo con los dedos de mi mano libre practico las notas que escucho y mientras corto el pollo imagino estar de pie frente a una multitud que me aplaude mientras hago una reverencia vestida como una princesa. Pego un grito mental cuando escucho que cambia la canción y paro de cocinar para tomar la barra como mi piano y con mi ojos cerrados tocar cada nota que Beethoven compuso en su magnífica canción Für Elise. Miles de escalofríos recorren mi cuerpo cada que subo de notas y gracias a tener el teclado más que memorizado siento que soy yo la que de verdad está tocando. Es imposible no mover mi torso mientras estoy tocando y sonreír cada que la canción toma velocidad, mentalmente le doy gracias al Dios que está arriba por haberle dado la vida a Ludwig Van Beethoven, sin él las composiciones de piano no serían igual. Incluso me empino al sentirme eufórica al estar terminándola y sin abrir mis ojos sonrío suspirando. - Para Elisa – abro mis ojos de par en par y camino hacia atrás asustada. Sin querer llevo mi mano izquierda a la olla caliente y grito al sentir el calor ardiente tocar mi piel. - ¡Dios! – Alessandro me toma de la mano y me acerca al grifo. Siento una calma inmensa al caer el agua fría justo donde ahora tengo una inmensa mancha roja que me palpita. - Deberías tener más cuidado con tus manos – Christopher quita mi mano de las de Alessandro para examinarme – ven, tengo una crema para quemaduras – me jala hasta su habitación. Miro a Alessandro quien nos está observando con una sonrisa ladina y una ceja alzada, y yo … me dejo guiar en total silencio y con mi corazón martilleando. - Yo … - trago saliva al estar ahora en su cuarto y no puedo evitar observarlo, este y su oficina fueron las únicas habitaciones que no curiosee – yo estoy bien señor – bajo mi mirada – volveré a la cocina – me giro pero soy detenida al tomarme de mi brazo. - ¿Cómo vas a cocinar herida? – camina hacia su inmensa cama sin soltarme del brazo – te apuesto a que ahora mismo Alessandro está acabando de cocinar – abre una crema y me empieza a untar. - ¡Auch! – llevo mi mano a la suya en un reflejo y él alza su mirada clavándola a la mía. Las mismas chispas que sentí en la mañana las vuelvo a experimentar justo ahora, debería ser pecado tener los iris de un azul tan perfecto. - Lo siento – recorro todo su rostro y al ver que no se mueve aparto la mirada quitando mi mano. - No … yo … este. - Dime algo – interrumpe mi gagueo - ¿Cómo es que tocas tan bien el piano? – vuelvo a alzar mi mirada. “¿Dijo que toco bien?”. “No, dijo que toco muy bien”. Un momento … donde sepa que toque su piano estoy muerta.
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