Nuvole Bianche – Ludovico Einaudi

1939 Words
Christopher - ¡Tienes que venir a ver esto! – me arrastra del brazo hasta la cocina. - ¡Suelta! – me zafo pero soy silenciado. - ¡Shh! – lleva un dedo índice a sus labios y luego señala la cocina. Al girar mi rostro hacia lo que Alessandro señala abro mis ojos de par en par. > ¿Qué está haciendo? – me pregunta en un susurro. Me acerco un poco más y miro sus manos, sonrío de lado al verla tan concentrada y su sonrisa genera cierta calma, es extraño como solo la he visto sonreír cuando está tocando o haciendo la mímica, que han sido … dos veces con ésta. - Está tocando – respondo igual de bajo. Pero al concentrarme en sus mano noto que tiene la distancia correcta entre cada nota, arrugo mi entrecejo fascinado, esta chica tiene grabado un piano en su cabeza, y por la combinación de notas reconozco al instante la canción. Vuelvo a mirarla y por alguna razón me genera cierta sensación de… - Ternura – lo miro haciendo mala cara – me dan ganas de protegerla – alzo una ceja siguiendo con mi ceño fruncido – parece un pollito sin su madre – volteo los ojos. Siempre tiene que hacer una comparación con animales. Cuando está a punto de terminar se empina un poco y al acabar con la última nota sonríe viéndose aún más guapa. - Para Elisa – abre sus ojos espantada caminando hacia atrás. - ¡Dios! – Alessandro la toma de la mano y la acerca al grifo luego de haberse quemado. “¿Por qué siempre están tocándose?”. - Deberías tener más cuidado con tus manos – atraigo sus manos hacia mí examinando la quemadura rosácea – ven, tengo una crema para quemaduras – la jalo hacia mi habitación alejándola de Alessandro. - Yo … - la veo dudosa, con miedo y eso me fastidia – yo estoy bien señor – baja su mirada sacándome de quicio – volveré a la cocina – la detengo tomándola suave del brazo. - ¿Cómo vas a cocinar herida? Te apuesto a que ahora mismo Alessandro está acabando de cocinar – abro la crema y le empieza a untar. - ¡Auch! – se queja y lleva su mano libre a la mía para detener el proceso. Levanto mi mirada encontrándome con sus oscuros ojos bien abiertos, su mano sigue sobre la mía y puedo sentir algún que otro cayo que me indica que ha trabajado bastante duro. Siento como se tensa los músculos de mi barbilla, alguien que toque algún instrumento debe cuidar sus manos, pero esta chica parece que no le importara. - Lo siento – aparta su mirada y su mano de la mía. - No … yo … este – entrecierro los ojos. Definitivamente no me gusta esa personalidad tan dócil, parece que tuviese un chip que le dice que baje su mirada cada que le hablen. - Dime algo – la interrumpo al no soportarla - ¿Cómo es que tocas tan bien el piano? – vuelve a alzar su mirada sorprendida. - Yo … no toco el piano – bufo y continuo untando la crema. - Listo – la suelto y me pongo de pie dándole la espalda – para que sepas – vuelvo a mirarla – alguien que “no toca el piano” – hago comillas en el aire – no podría interpretar alguna canción de Yiruma o Beethoven – abre sus ojos de par en par – ahora sal – le hago un gesto con mi cabeza señalando la puerta. La veo tragar saliva y darse la vuelta, en la puerta de la habitación se detiene y me mira como un cachorrito … me doy una cachetada mental al hacer una comparación como las de Alessandro. - Siento mucho haber tocado su piano – movía sus manos nerviosa – si rompí algo prometo pagarlo – sonreí arrogante. - ¿Y con qué dinero? – me cruzo de brazos – si tuvieses no estarías trabajando para mí – ok, creo que me pasé un poco. Me arrepentí de mis palabras al verla apretar su dentadura y mirar hacia abajo. “¿Es que no puede decir lo que piensa?”. “¡Dios! Debería mandarme a comer mierda pero está ahí mirando al piso”. - Pues yo pagaré – Alessandro apareció con sus brazos cruzados y una mirada de furia – no me importa si es el mismísimo piano que se usó en la gala de Sotheby’s, pero no dejaré que la humilles así – bajé los brazos y empuñe mis manos – ¿Desde cuando te pareces a mi madre? – ante la mención de esta mujer aflojé mis manos. Es cierto, me pasé con ella pero me enfurece su actitud sumisa. > Celeste – la mira y resoplo al ver que a él si le sostiene la mirada - ¿Te gustaría trabajar para mí? - ¡¿Qué?! – preguntamos los dos abriendo nuestros ojos. - El imbécil de mi amigo es medio idiota – me señaló y rasqué mi ceja al haberme insultado dos veces – en mi casa puedes romper los pianos que quieras - ¡Oh no! - ¡No rompió nada! – me mira alzando una ceja y ella abriendo un poco esos carnosos labios … no espera … concéntrate – solo – llevo una mano a mi cintura y otra a mi cabeza respirando despacio – no te la llevaras – le respondo con más calma – Celeste, sírvenos el almuerzo, ya vamos para allá – asiente y antes de salir mira a Alessandro el cual le sonríe, acto que me saca de quicio. - ¿Qué mierdas te pasa? – me pregunta con calma luego de que la chica se haya marchado. - ¡No sé! – levanto mis brazos y los bajo con fuerza – ella … ¡Agh! – Alessandro se ríe. - Te saca de quicio – asiento – eso es bueno – alzo una ceja – no te he visto interesarte por alguien de tu sexo opuesto desde que … - lo miro advirtiéndole – el punto es que esa chica a la cual humillaste te interesa así sea un 1%. - Estas loco. - La curiosidad es el primer paso amigo – se acerca para poner su mano en mi hombro – pero si no te disculpas yo mismo me encargaré de darte en las pelotas – ruedo los ojos. - ¿Por qué la defiendes? – alza sus hombros retirando la mano del mío. - Solo me dan ganas de hacerlo – se marcha de la habitación dejándome solo. Suspiro y recuerdo sus oscuros ojos y como su mirada cambio de curiosidad e incluso deseo a miedo y decepción. Llevo mi mano a mi cabello y jalo un poco ante el sentimiento de culpa que crece en mi pecho. Celeste “Imbécil”. “¿Quién se cree? ¿La vaca que más caga?”. “Espero que algún día alguien le dé su merecido”. ¿Cómo se atreve a recalcarme en la cara que no tengo ni un centavo? Sirvo con rabia y me arrepiento al salpicar un poco de caldo y lastimar mi mano quemada. “Pero es que si soy tonta”. Respiro profundo y sigo haciendo bien mi trabajo, sonrío inconscientemente al pensar en Alessandro, no tiene porque pero aún así me apoyo aunque sea un poco. Es agradable sentir que alguien está a tu favor y no te mira sobre su hombro … lo que me recuerda al idiota al que llamaba mi ídolo. - Si sigues apretando así la cuchara la vas a doblar – me giro hacia la voz y me encuentro con esa sonrisa cálida - ¿Te duele? – me señala la mano lastimada. Yo niego volviendo a mi tarea. - Quería – me interrumpe tomando el plato de mis manos. - No me agradezcas – ambos nos miramos a los ojos – lo que deberías hacer es dejar de quedarte callada y no agachar tu mirada, Chris no te hará nada solo por dejarlo en su lugar – sonríe travieso. Doy un paso hacia atrás y tomo otro plato para seguir sirviendo. - No soy así – respondo bajito para mí misma pero soy escuchada. - Pues deberías serlo – dio la vuelta a la barra caminando hacia el comedor – si no, mucha gente te pisoteará – empezó arreglar el comedor - ¡Ah! Nadie me ha invitado pero lo haré yo mismo – se río y apreté mis labios para no reír con él - ¿Me sirves un plato para mí? – asiento. - Si señor – no me percato de su cara de viejito ante la palabra señor. - ¿Me acaba de decir “señor”? – iba a abrir mi boca para responder pero lo hicieron por mí. - Si – miro el dueño de la voz que me observa con detalle pero lo ignoro y sigo en lo que estaba – agradece que por fin alguien te respeta. - Baboso – le responde Alessandro sentándose junto a Christopher. Quien lo diría, un chico tan guapo y con tanto dinero tiene un corazón inmenso. En solo un día este chico Alessandro me agrada, en cambio el gran pianista de Italia solo tiene unos ojos hermosos, un cuerpo esculpido por el mismo Zeus, un talento sinigual para la música y … ¡Agh! - Buen apetito – pronuncio al dejar el último plato y me giro para ir a mi cuarto a esperar que terminen y arreglar todo. - ¡Espera! – me toma del brazo como lo hizo hace un momento. No entiendo porque cada que miro sus ojos siento que el aire me falta, me agobia y me estresa sentirme así, incluso las rodillas me duelen y me dan ganas de tirarme al piso para respirar. > ¿No te sientas con nosotros? – alzo mis dos cejas ante su pregunta absurda después de cómo me trato. - No creo que sea digna de estar en su misma mesa – abre la boca y vuelve a cerrarla apretando su mandíbula – con permiso – quito mi brazo y procedo a caminar pero vuelvo a ser interceptada. - ¡No! – se pone de pie con rapidez se cruza en mi camino – siento mucho lo que dije ahora – intento disimular mi sorpresa mirando hacia mis manos – no … no agaches la mirada – arrugo mi entrecejo sin alzar mi cabeza – me pone de los nervios verte tan obediente – ahora si alzo mi mirada confundida – escúchame – suspira – en ocasiones soy bastante idiota, por favor toma asiento y come con nosotros – miro a Alessandro sin razón alguna. - Ven – me señala el puesto a su lado. Así que yo procedo a asentir y pasar por un lado de Christopher sin tocarlo. - Yo se lo pido y no me mira pero – Christopher se queda callado al ver que ambos lo miramos como si estuviese loco – olvídenlo – se sienta resoplando. Alessandro se ríe y el gran pianista que ahora es mi jefe lo mira entrecerrando sus ojos y tomando sus cubiertos, pero para y mira con curiosidad el plato. > ¿Cuántas calorías tiene esto? – ambos me miran y yo siento que tengo más frío que los pingüinos del polo norte. Ok, creo que no debería asemejar la situación con la naturaleza.   
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD