Mi hermana y yo no podíamos ser más diferentes. Yo era de piel extremadamente blanca, cabello rizado, con un abdomen que parecía embarazada de cinco meses, y un poquitín amargada y problemática; mientras que Sofi era de piel canela, cabello lacio, flacucha y enclenque, y es un pan de Dios con su bonita forma de ser. Ella siempre le veía lo positivo a la vida, a pesar de las adversidades. Mientras que yo me quejaba porque el refrigerador escurría agua en el suelo, Sofi decía que al menos teníamos un refrigerador que medio funcionaba. Mientras que yo me quejaba por las pocas cosas que había en nuestras alacenas, Sofi decía que al menos teníamos alguito y que no nos acostábamos sin comer. Y mientras que yo criticaba a mamá por no haber luchado por darnos una mejor vida, Sofi decía que a

