CAPÍTULO VEINTE

2000 Words
Cuando regreso al campus y entro en la habitación de las Kappa, me encuentro a las demás chicas ahí, todas muy serias y preocupadas. Sin embargo, cuando me ven entrar, esa sorpresa de transforma inmediatamente en alivio. Corren hacia mí, me abrazan con fuerza y es entonces, solo entonces, cuando me doy cuenta de que estaban preocupadas...por mí, seguramente creyendo que me había pasado algo. Hago memoria de la última vez que hablamos hoy, y caigo en cuenta de que tal vez no ha estado muy bien de mi parte el irme así, sin avisarles. Y además, puede que haya pasado más tiempo del necesario fuera del campus, en la casa de Oliver, admirando su habilidad para idear planes complejos...y otras cosas en las que no quiero ni debo pensar ahora mismo, no a plena luz del día, y definitivamente no con las demás chicas delante. Me conmueve muchísimo que se hayan preocupado tanto por mi, pero las conozco lo suficiente como para saber que, si les digo dónde estuve y con quién, no pararan de darme la lata, insistiendo para que les cuente una escena que no pasó ni pasará nunca. Es por eso que decido hacerme la desentendida, y ya cuando me comiencen a hacer las preguntas que sé que me harán, iré viendo cómo las llevo. —¿Qué pasa?—les pregunto, una vez todas se han separado de mi para volver a sus asientos—. ¿Por qué tanta emoción? Sé que soy genial, pero no creo que sea para tanto. De las tres, la primera en hablar y responder a mi broma, no es otra que Danielle: —No es gracioso, Abby—me riñe—. Te desapareciste de pronto, sin avisar y por tanto tiempo, que pensamos que te había pasado algo malo. —Intentamos llamarte, pero como tú teléfono salía sin señal, comenzamos a pensar lo peor—añade Beck, visiblemente afectada. —¡Incluso nos dió por pensar que te habían secuestrado!—exclama Caroline, como siempre, de forma mucho más explosiva que las demás—. ¿Cómo pudiste no avisarnos nada? Antes de responder, hago una nota mental para recordarme que, según parece, en la casa de Oliver no hay suficiente señal como para que me entren las llamadas. No es que planee volver pronto a ese lugar, ni estar sola con él ahí como lo estuve hoy. Tampoco es que me muera de ganas por hacerlo, es solo que...bueno, si nos vamos a tomar tan en serio eso de fingir que estamos saliendo...supongo que yo...que tendría que...ustedes me entienden. —Lo siento por eso, chicas, es que salí a caminar un rato—les digo. —¿Y tú desde cuándo eres de esas que salen a caminar?—pregunta Beck. —Desde que Kendrick se cambió a mi clase para joderme la vida aún más de lo que ya me la jode. Esa revelación tan grande, hecha de forma tan abrupta y descarnada, tiene exactamente el mismo efecto que yo venía pensando que tendría. Y es que las chicas se quedan anonadadas por un buen momento, sí, pero después de eso reaccionan y comienzan a acribillarme a preguntas, dejando de lado todo el tema de mi desapareción, cosa que agradezco bastante. Con calma, les cuento cómo fue todo, las cosas que le dije al imbécil de mi ex y la forma en la que reaccionó y me contestó. Cuando termino, puedo ver en los ojos de todas que ahora lo odian incluso más que antes, lo que es ya decir mucho, porque ni siquiera cuando él y yo estábamos bien les agradaba mucho. —Pero qué idiota más grande está hecho ese tipo, qué poco hombre—dice Caroline la primera—. ¿Acosarte de esa forma? ¿Es que acaso no entiende que ya tu le has dejado de lado? —Evidentemente no lo entiende, o de lo contrario no estaría tan convencido de que puede recuperarla—observa Beck, mientras se revisa atentamente su manicura—. Seguro que su cerebro pequeño, unido a su machismo, no lo dejan ver que una mujer también le puede dar plantón, también lo puede cortar cuando se le dé la gana. —Yo la verdad es que no sé ya qué hacer para lograr que me deje en paz—les digo, y como en algún momento se van a enterar, decido empezar a sembrar poco a poco la semilla—. Hasta he considerado seriamente la posibilidad de aceptar la propuesta que Oliver, el Dealer, me hizo. Tal y como pasó antes, la reacción de las chicas se corresponde perfectamente a lo que yo me había imaginado. Todas se muestran bastante emocionadas, incluso Danielle, quien para este tipo de cosas siempre suele ser, por alguna razón, más recatada que nosotras. —¡Eso es justo lo que te hemos estado diciendo!—exclama Caroline, a lo que las demás asienten para expresar su conformidad—. ¿Qué esperas para aceptar? Es más que obvio que ese tipo es quien te puede sacar al imbécil de Kendrick de encima. Además, quién sabe, tal vez y lo que comience como una relación falsa termine convirtiéndose en algo mucho más real de lo que pensabas. Antes de replicar a esa idea, me permito a mí misma un momento para fantasear con lo que mi amiga acaba de decir. La verdad es que ante me costaba mucho más imaginarme a mí misma metida en una relación falsa con alguien como Oliver, ni siquiera digamos en una real. No obstante, conforme el tiempo ha ido pasado y he empezado a conocerlo un poco más a profundidad, me he dado cuenta de que, pese a su aspecto, y a pesar de su mala fama y del negocio ilícito del que forma parte, es un buen chico. Conmigo, al menos, se ha portado como todo un caballero a la antigua usanza, y es por eso que yo...bueno, basta con decir que ahora mismo no me molestaría tanto si lo que comience como algo falso termina haciéndose real. Porque vamos a ser sinceras, el hombre está como quiere, y no me haría nada mal uno así. El caso es que, como siempre suele pasar, las chicas terminan por cansarse de tal manera de mis negativas, que abandonan el tema sin más. La noche se cierne sobre nosotras, y como mañana las cuatro tenemos clase muy temprano por la mañana, acordamos no acostarnos tan tarde. Ellas se duermen de inmediato, pero a sabiendas de lo que pasará mañana, de lo que voy a poner en marcha...me siento tan intranquila que me resulta demasiado difícil, por no decir imposible, conciliar el sueño. Tendida en mi cama, mirando sin ver el techo por encima de mí cabeza, no paro de preguntarme una y otra vez si es que acaso he hecho bien en aceptar la propuesta de Oliver. Sí, Kendrick es todo un idiota integral que me tiene más que harta, pero...¿en serio era necesaria una medida tan extrema para deshacerme de él? ¿Qué acaso no habría sido mejor decisión aguantar un poco hasta que él se canse y se decida a dejarme por fin en paz? Sea como sea, ya he aceptado, y ya no hay vuelta atrás. Con esa firme convicción en la cabeza, termino de quedarme dormir y sueño con ojos penetrantes, torsos desnudos y piel blanca cubierta de tatuajes. A la mañana siguiente, las cuatro nos levantamos con la maravillosa noticia de que, por alguna extraña razón, ninguna de las alarmas que hemos puesto ha querido sonar, por lo que vamos retrasadisimas a nuestras respectivas clases. Nuestra habitación es realmente grande, sí, pero ni todo el espacio con el que contamos es suficiente para aguantarnos a las cuatro, apuradas y con el estrés por el nivel de las nubes...por lo que él comienzo de nuestro día se ve marcado por el desastre total. Mientras unas se maquillan, otras peleamos por el baño, y mientras unas corren a vestirse, otras tropezamos en nuestro camino, y así hasta que por fin las cuatro estamos finalmente listas y salimos de la habitación. —¿Les parece si hacemos algo hoy por la tarde?—preguntq Danielle, mientras nos alejamos de los dormitorios para acercarnos a los salones—. Hoy va a ser un día fuerte, pero sería más llevadero si sé que tengo un plan más relajado y divertido para después. —¡Oye sí, eso estaría genial!—responde Caroline, como siempre emocionada ante la simple idea de algo mínimamente parecido a una fiesta—. ¿Qué dicen ustedes, chicas? —Por mí bien—responde Beck—. La verdad es que tampoco me caería mal salir a dar una vuelta a ver qué nos encontramos de interesante por ahí. —Yo me anoto también—contesto, no demasiado emocionada con la idea, pero tampoco negada por completo—. Me gustaría... Sin embargo, en ningún momento llegó yo a terminar de decir mi frase, porque justo en ese momento miro detrás de las chicas y siento que el mundo entero se paraliza, pero no de una forma emocionante, si no de una manera...bueno, francamente aterradora, por decir lo menos. Y es que Oliver, aunque se ve increíblemente guapo como siempre se ha visto, camina directamente hacia nosotras, con la vista fija en mi de una forma que no me cabe dudas: está más que dispuesto a comenzar con el plan desde este mismo instante. —¿Abby, qué tienes? ¿Estás bien? ¡Abby, responde! —Buenos días, chicas. Cuando Oliver saluda, las chicas se quedan de piedra, totalmente inmóviles y sin tener la más mínima idea de qué hacer a continuación. Luego, claro, no les queda más opción que reaccionar, así que una a una se van dando la vuelta, y una vez están de frente con el Adonis que se nos ha acercado, se permiten darle un buen repaso antes de contestar de forma más o menos cordial a su saludo. —Hola—dice Beck, con la voz ligeramente chillona. —Dias...digo, buenos dias—responde Caroline, sonrojada hasta la raíz del cabello. —Qué tal—contesta Danielle, haciendo hasta lo imposible por rehuir a la penetrante mirada de Oliver. Cuando los cuatro se voltean a verme, compendro que es mi momento de hablar, de responder por fin el saludo de Oliver. Sin embargo, y pese a que tengo toda la disposición de hacerlo, me puede más la sorpresa del momento, pues no soy capaz de rescatar mi propia voz del pozo profundo y sin fondo en el que ha caído. El tiempo pasa...y pasa...y pasa...y al final es Oliver quien vuelve a hablar para romper el silencio que mi incapacidad de hablar a alargado de más. —¿Me permiten que les robe a Abby solo por hoy?—les pregunta Oliver a las demás—. Quisiera acompañarla por esta vez a sus clases. Si no es molestia para ustedes, claro. —No,no, claro que no—responde Caroline, adelantándose a las demás, aunque por la cara que tienen Beck y Danielle, puedo ver que están de acuerdo—. Nosotras la tenemos casi todo el tiempo. Puedes quedartela por un rato. Tú ve tranquilo. Cuando Oliver me toma de la mano, ahí, frente a mis amigas y a todos los demás estudiantes, siento en la boca del estómago una especie de...calambre, un cosquilleo, que no es del todo molesto, o mucho menos desagradable. Me lleva caminando poco a poco, directo a mí próxima clase, y aunque yo me esfuerzo por sonreír y aparentar como que en realidad somos una pareja verdadera y de lo más consagrada, la verdad es que me cuesta bastante. Todos nos miran, algunos sin siquiera disimular, pero la cosa se vuelve incluso peor cuando, al doblar una esquina, nos encontramos de frente con nada menos que Kendrick. Ahora sí, que comience oficialmente el juego.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD