CAPÍTULO DIECINUEVE

2000 Words
No es con intención, pero mis ojos me traicionan y de inmediato se van justo a ese lugar en específico, aunque antes de hacerlo le dan un buen repaso general. Su torso es delgado pero fibroso, con el six pack lo suficientemente marcado sin llegar a ser demasiado. En esa zona su piel es más blanca, lo que le da al n***o de sus tatuajes un realce mucho más grande. Tiene dragones, y en general todo tipo de formas intrincadas, con curvas que van de un lado al otro, marcando poco a poco el camino hacia algo...bueno, algo que se ve mucho más grande de lo que yo esperaba. Aunque tampoco es como que hubiera estado esperando todo este tiempo para verlo, ¿eh? Que quede claro que esto ha sido accidental, porque yo no tenía ni idea de que al venir hasta acá me lo iba a encontrar así...cosa que tampoco me molesta demasiado porque, en serio, ¿quién no se sentiría maravillada ante una vista tan recreativa como esta que yo tengo en frente ahora mismo? —¿Hola? Su voz, por suerte, me saca del trance, y rezando para que no se haya dado cuenta del descaro con el que lo he mirado, levanto la vista y la centro en sus ojos. En un primer momento no parecen contar nada, pero conforme miro con más atención me doy cuenta de que hay cierto brillo como burlón o divertido que tal vez me diga lo contrario. Recordando que debo hablar, que debo responder a su saludo, me aclaro la garganta y contesto por fin: —Hola, ¿cómo estás? —Sorprendido—me dice, y antes de que yo tenga oportunidad de preguntarle nada, añade—: Me sorprende tener aquí, que hayas venido. —Creeme, son circunstancias muy específicas las que me han empujado a venir hasta aquí. —¿Y cuáles son esas circunstancias tan específicas? Si es que se puede saber, por supuesto. —He decidido aceptar tu trato. La forma en que las cartas se invierten luego de que yo diga eso, es realmente asombrosa. E incluso debo admitir que me hace gracia. Oliver pasa de mostrarse sorprendido, a verse realmente estupefacto, pues tal parece que hasta este momento, y debido a mi negativa, pensaba que lo de su idea iba a quedarse en un no rotundo. Después de lo que podría considerarse mucho tiempo, me invita a pasar, y una vez estoy adentro, me dice: —Dame un segundo. Me pongo algo de ropa y vuelvo. Como única respuesta, me limitó a sonreír y a asentir, no porque no quiera hablar, sino porque temo que al abrir la boca termine saliendo de golpe lo que de verdad quiero decir: Y es que, por más que me incomode que esté con tan poca ropa, no puedo negar que la vista es bastante...recreativa, por decirlo de una forma sutil. Él, claro, no tiene ni la más mínima idea de todo lo que pasa en mi cabeza, por lo que se limita a sonreírme como respuesta y se marcha sin más. Cuando vuelve, casi lamento que se haya puesto tanta ropa, aunque tampoco puedo negar que se ve muy bien con el conjunto que se ha puesto. Se trata de una franelilla pegada al cuerpo, junto con unos pantalones de pijama que le caen sobre la cadera de forma despreocupada y sensual. De nuevo, no es el mejor outfit del mundo entero, pero él tiene algo que hace que casi cualquier cosa que se ponga se le vea de lo mejor. Al ver que se sienta a la mesa, yo apresuo a hacer lo mismo mientras trato de mandar al fondo de mi cabeza todos estos pensamientos ardientes y no del todo incómodos, aunque sí bastante inoportunos. Ahora mismo, lo que nos compete y nos mantiene aquí pegados, en su casa, muy cerca el uno del otro y completamente solos, es algo muy pero que muy diferente. —Muy bien—es lo primero que me dice Oliver—. Cuentame la historia completa. Dame todo el contexto que puedas, porque si de verdad vamos a hacer esto, necesito toda la información para saber exactamente contra qué tipo de idiota me voy a enfrentar. No lo niego: Se me hace un poco extraño que alguien como él me pida tanto detalle, casi como si se tratase de un asunto policial o detectivezco que requiere de todo su esfuerzo mental. Sin embargo, y por extraño que pueda parecer, aprecio mucho que se tome mi pequeño gran problema con tanta seriedad y compromiso, así que sin reparo alguno empiezo a contarle al completo toda mi historia con Kendrick. O bueno... quizá no toda mi historia al completo, porque hay detalles vergonzosamente escabrosos que prefiero guardarme para mí, y qué a fin de cuentas no podrían ayudarlo mucho en su misión. —Vaya, pero qué imbécil—dice Oliver nada más terminar de escuchar toda mi historia. Y eso que me he quedado con unos cuantos detalles interesantes dentro de la bolsa—. No sé cómo alguien como tú pudo terminar con un tipo como ese. Te lo juro. Sonriendo de forma triste, le digo: —Creeme que yo tampoco lo sé. Puede que al principio no me haya dado cuenta del idiota que tenía a un lado, pero ahora que puedo verlo desde la distancia...me dan ganas de abofetearme a mí misma por haber sido tan boba. Tomando por sorpresa, Oliver extiende su mano a través de la superficie de la mesa y toma la mía. Comienza acariciandome suavemente el dorso, pero luego me la sujeta de una forma bastante fuerte, pero no resulta dolorosa, ni mucho menos, sino que me hace saber que, por la razón que sea, este chico extraño que grita problemas por todos lados, no le va a dejar sola. Está conmigo, y no solo en situaciones de extrema necesidad como la que se dió la otra noche en el baño de la discoteca, sino en cualquier otro ámbito y peligro que yo pudiera llegar a necesitar. —No tienes por qué culparte a ti de las estupideces de ese tipo— me dice. Su agarre sobre mi mano afloja un poco, pero no me suelta—. Muchas veces, cuando estamos enamorados, nos cegamos de tal forma que no podemos ver los problemas ni aunque nos golpeen en la cara. —Gracias por eso, pero de igual forma sigo creyendo que debí darme cuenta del idiota que tenía al lado—le digo—. Pero supongo que ya no importa tanto. Lo hecho, hecho está. Sonriendo, él me da un último apretón antes de finalmente soltar mi mano. Deja la suya muy cerca, casi como si quisiera que fuese yo quien tome la iniciativa y se la agarre, pero como tal cosa no sucede, termina retirándola de forma definitiva. —Esa es la actitud—me felicita—. Ahora bien, ya has aceptado el trato, que es lo primero... solamente nos queda armar una buena estrategia para que todo salga a la perfección y quede un margen de error mínimo. Se me hace extraña la forma en la que habla, casi como si fuera un ex militar planeando algún tipo de estrategia de ataque o algo parecido. No obstante, hago todo eso a un lado para decirle: —No creo que sea necesario tanto bombo. Simplemente podríamos...no lo sé, decirle a mis amigas que rieguen el rumor por todo el campus, dejar que nos vean un par o dos de personas tomados de la mano y ya. Incluso mientras lo estoy diciendo, hay algo en él, en su postura y su expresión, que me indica que terminará por desechar la idea. —No,no, claro que no—replica, tal como yo lo imaginaba—. Disculpa que te lo diga, pero cuando yo me decido a hacer algo, lo hago con todo. Y es por eso que vamos a aparentar como Dios manda. Con decirte que vamos a ser tan creíble, que si nos descuidamos podríamos llegar a creer que somos novios de verdad. Por desgracia para mí, eso me planta en la cabeza una imagen demasiado clara de lo que podría llamarse un futuro alterno. Me veo a mí misma, colgada de la mano o del brazo de Oliver, caminando juntos por todo el campus, mientras los demás nos miran atentamente y comentan admirados la buena pareja que hacemos, lo bien que nos vemos juntos. Me veo en las fiestas con él, en las reuniones, cenando, riendo, besándolo y luego...bueno, mejor lo dejo hasta ahí por mi propio bien. —De acuerdo, tu ganas—cedo al final, porque siendo sincera no me queda ninguna opción—. ¿Qué estrategias tienes planeadas? Sonriendo como un niño pequeño al que le han preguntado por su super héroe favorito, Oliver se toma un par de segundos para crear un suspenso más bien innecesario y luego responde: —Para empezar con algo sencillo, creo que podríamos hacer eso de tomarnos las manos para que algunos nos vean y comiencen a esparcir el rumor. —¿Exactamente a qué te refieres con algo sencillo?—le pregunto, presintiendo desde ya que la respuesta que me dé, sea la que sea, no me va a gustar en lo más mínimo—. Quiero decir, con lo de mano sería más que suficiente, ¿no crees? —No, nada que ver—me dice—. Podemos empezar con eso, claro, pero luego tendremos que ir escalando, o de lo contrario la gente podría sospechar que es falso. Posteriormente tendremos que asistir a fiestas juntos, estar un poco más acaramelados y hasta darnos uno que otro beso. Ya sabes, por el bien del plan. Llámenme loca, pero hay algo en su voz, en el brillo travieso que de pronto ha bañado sus ojos, que me dice que eso no es del todo cierto, que me lleva a pensar que sus intenciones van mucho más allá de simplemente cumplir el plan a rajatabla...aunque también puede ser que, después de toda esta mala experiencia con Kendrick, me volviera yo demasiado paranoica como para volver a confiar en un hombre ciegamente. Sea como sea, no puedo negar que él tiene un punto, y qué el plan que me propone es prácticamente la única opción viable que tengo para por fin poder librarme del imbécil de mi ex. —Está bien—accedo al final, resignada a hacer las cosas tal y como él las propone—. Haremos...eso que tú dices, tal y como lo dices. Solo espero que de verdad funcione. —Claro que funcionará—afirma, con una sonrisa de medio lado que, en contraste con su expresión de antes, por alguna razón me da más confianza—. Puede que llegue a ser un proceso lento, eso sí te lo admito, pero de que te ayudo a librarte de ese idiota, te ayudo. Eso puedes escribirlo en piedra. A partir de aquí, no me queda más que confiar en todo el proceso y rezar para que funcione, para que de verdad Kendrick decida alejarse de mí y dejarme en paz. Más tranquila que cuando llegué, me despido de él y me marcho antes de darle tiempo a decir algo más. No es que no me guste estar con él o mucho menos que piense que sería capaz de hacerme algún tipo de daño después de que me ofreció su ayuda, es solo que sigo teniendo muy clara esa primera imagen suya con tan solo un pequeño y muy revelador bóxer. En el camino de vuelta al campus, trato de hacer cualquier cosa para distraerme. Pongo música, me concentro en el paisaje y hasta me esfuerzo por respirar de forma consciente...pero la verdad es que todo eso es un engaño. Es un engaño porque sigo con esa imagen muy presente, grabada a fuego en mi memoria, y por lo pronto no creo que se vaya.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD