CAPÍTULO DIECIOCHO

2000 Words
—¡Vamos, escúpelo ya! —¿Están saliendo? —¿Gusta de ti? —Más importante aún, ¿te gusta él? Después de la pequeña e improvisada escenita que Oliver y yo montamos la otra noche, bailando tan pegados como si quisiéramos fundirnos en uno solo, las chicas han estado acosándome todo el tiempo para que les cuente algo que en realidad no pasó. Soy consciente de que visto desde fuera puede parecer algo más que comprometedor, pero no sé cómo explicarles que entre Oliver y yo no ha pasado ni pasará nada. Ni siquiera estoy segura de que seamos amigos, por más que nos llevemos bien y por más que él me haya salvado de ese tipo del baño. Sé que si les dijera lo que pasó ellas entenderían...es solo que me cuesta hablar de eso. —No es nada de eso que se están imaginando—les digo por milésima vez, mientras me esfuerzo porque mi delineado de hoy quede más o menos decente—. No estamos saliendo, él no gusta de mí y definitivamente yo no gusto de él. —¿Y por qué no?—me pregunta Beck, con esa sonrisilla de niña traviesa y malcriada que tan bien conozco y tanto me desagrada ahora mismo—. Cómo te dije antes, no es que ese chico sea especialmente mi tipo, pero no puedo negar, y definitivamente tu tampoco, que está como quiere. Tras encogerme de hombros y terminar por fin el bendito delineado en el que llevo más de veinte minutos enfrascada, respondo: —Supongo que no es mi tipo. —¿Y eso que tiene que ver?—pregunta Caroline, secundando a Beck en su ataque—. ¿Es que acaso no has escuchado eso de que los opuestos se atraen? Estoy a punto de replicar contra ese argumento tan trillado, tan cliché, cuando Danielle me quita la oportunidad. Señala a las otras dos y luego dice: —Eso es un cliché grande como una casa. Pero...creo que aplica para esta ocasión. —¡Solo estábamos bailando, por el amor de Dios!—exclamo, harta ya de ese interrogatorio—. ¿Es que acaso para bailar con alguien tienes que querer cogértelo? ¡Por supuesto que no! Maduren un poco ustedes tres. Después de mi arranque, todas se quedan, gracias a Dios, en silencio. Terminamos de arreglarnos, y estamos a punto de salir junta hacia nuestras clases cuando, de golpe, Danielle me mira fijamente y me dice: —Esa noche en la disco pasó algo más que no nos estás contando. Tal vez si confiaras más en nosotras, en tus amigas, las cosas serían diferentes. No sé por qué, eso es justo lo que necesitaba para destaparme y por fin contarles todo lo que sucedió en el baño de la disco, y que posteriormente me llevó a estar bailando de esa forma con Oliver, con el Dealer. Trato de suavizar un poco las cosas para que ellas no se alarmen, pero debo admitir que incluso a mis oídos todo suena terrible y francamente aterrador. Al final de mi relato, las tres quedan con idénticas expresiones de susto e incredulidad. Tal y como yo sabía que iban a quedar. —¡¿Cómo pudiste no contarnos nada ese mismo día?!—exclama Caroline, que, de las tres, es la primera en sobre ponerse a la impresión. Las demás, por suerte, son un poco más sutiles, un poco más conscientes, con sus preguntas: —¿Estás bien?—me pregunta Beck, mirándome de arriba abajo, como buscando alguna herida—. ¿Te hizo algo ese tipo? Con toda la paciencia que soy capaz de reunir ahora mismo, respondo: —No, no me hizo nada. Oliver llegó a tiempo y me salvó de él. Y también me dió una buena golpiza. —¿Por eso fue que te quedaste bailando con él?—me pregunta Danielle—. ¿Para agradecerle por lo que había hecho? —Pues...no, en realidad no. Simplemente me sacó a bailar y yo no me negué. Además, no es la primera vez que me ofrece su ayuda. Como ellas parecen tan desconcertadas con ese último detalle, no me queda de otra más que contarles sobre la propuesta del Dealer de fingir ser mi novio para ahuyentar al imbécil de Kendrick. Si antes se habían mostrado sorprendidas, eso no es nada comparado a cómo reaccionan con ésta nueva noticia. Incluso Caroline, quien siempre suele tener algún que otro comentario picoso para lanzar, se queda callada sin saber qué decir. Por eso, y porque la verdad quiero cortar con esta conversación antes de que vaya a más y termine por descontrolarse, les digo: —Pero tranquilas, que no pienso aceptar. Yo solita he podido darme cuenta de que es una locura de la que no quiero formar parte. Sin embargo, las chicas vuelven a sorprenderme de nuevo, porque, contrario a lo que yo pensaba, no se quedan con este comentario y ya. Hubiera jurado que estarían de acuerdo conmigo en que esa idea es una locura y que mejor es dejarla pasar...pero resulta que no, pues todas parecen creer que yo soy la loca al no querer aprovechar una oportunidad tan buena como la que me ofrece el Dealer. —¡Esa es una muy buena idea!—dice Danielle en primer lugar, mientras las otras aprueban sus palabras asintiendo en silencio—. Ese chico, ese Dealer, tiene un aspecto como...bueno, como de malote que seguro va a hacer que el imbécil de Kendrick se cague encima y te deje por fin en paz. La opinión de Danielle en todo este asunto amenaza con cambiar mi panorama por completo. Ella siempre ha sido...bueno, creo que más de una vez he dejado en claro que ella es la más responsable de todas nosotras, por mucho la más sensata, y si Danielle cree que la idea de Oliver de hecho podría ser una buena idea...creo que podría tener algo de razón. Sin embargo, todavía no estoy decidida a aceptar, y como sé que no puedo mostrarme dudosa ante ellas sin terminar devorada, sigo con mi discurso de negación cuando en realidad estoy más cerca de aceptar que de cualquier otra cosa. El resto de la mañana, como ya viene siendo costumbre en mi, me la paso dándole vueltas una y otra vez a la misma idea en mi cabeza, tratando de encontrar una solución con la que me sienta realmente cómoda. Sin embargo, no es sino hasta que entro en mi última clase del día, cuando termino por decidirme. Y es que nada más cruzad la puerta del salón, mis ojos se ven irremediablemente atraídos hacia la desagradable visión de Kendrick, sentado al fondo de todo. Algo que, por supuesto, no es usual que pase ni en esta clase ni en ninguna otra. —¿Se puede saber tú qué demonios estás haciendo aquí?—Demanado, una vez me acercado lo suficiente hasta él como para asegurarme de que me escucha fuerte y claro—. Ésta no es tu clase. Tú no estás en esta clase, Kendrick. En lugar de contestar de inmediato, él se dedica a sonreírme de una forma que me revuelve el estómago. Luego, cuando parece cansarse de eso, se despereza con toda la intención y entonces pregunta: —¿Y quién eres tu para decir si esta es mi clase o no? —Alguien que ha tomado esta clase todo el año—le respondo—. Por eso es que puedo decir que no estás aquí, que ésta no es tu clase. Tras encogerse de hombros de una forma que me hace querer golpearlo en la cara, aquí mismo frente a todos y sin importarme que me vean o me llamen la atención, Kendrick responde: —Bueno, pues tal vez haya decidido a último momento que me muero de ganas por tomar esta clase. Tal vez haya ido a las oficinas de administración, y tal vez haya conseguido con mis encantos naturales que me consiguieran un espacio para poder cambiarme. —Y una mierda con eso—replico, señalándolo con el dedo—. Es obvio que te cambiaste a esta clase para acosarme, para estar cerca de mí. Eres un maldito psicópata, y me das pena. —Pena me das tú, Abby, creyendo que todo y todos giran en torno a ti—de pronto se pone muy serio, y tras inclinarse hacia delante hasta estar muy cerca de mí, añade—: ¿Y qué si quiero estar cerca de ti? ¿Qué pasaría si te digo que tengo como misión hacer que te des cuenta de que no me puedes dejar? Estamos mejor juntos, Abby, y es hora de que te vayas dando cuenta de eso. —¿Estás escuchando lo que dices, Kendrick? ¡Eres un loco! ¡Estás mal, amigo, y más te vale que te mantengas alejado de mí o...! —¿O qué?—me interrumpe él, pasando de estar serio a verse realmente molesto. Tanto, de hecho, que hasta me da un poco de miedo—. ¿Qué vas a hacer si no accedo a alejarme de ti, Abby? ¿Vas a acusarme con tu nuevo noviecito? —Pues sí, fíjate que no es mala idea decirle a Oliver lo que estás haciendo, lo que estás haciéndome—le digo, únicamente porque ya no sé qué más cosas tirarle a la cara para que se tome enserio mi amenaza y me deje en paz de una buena vez por todas—. Yo tal vez no pueda hacerte nada, pero te aseguro que él no se quedará con los brazos cruzados. —Sí claro, cómo no—bufa Kendrick, todavía más molesto—. Pues déjame decirte que yo no me trago ese cuento de que tú y ese tipo sean novios. Además, sería mejor para él mantenerse alejado de mí y no joderme. —Vete a la mierda, Kendrick. —Solo si tú vienes conmigo, preciosa. Aunque puede que ya le haya dicho todas las groserías posibles, estoy a punto de inventar unas nuevas cuando me interrumpe la llegada del profesor. Molesta como pocas veces antes lo he estado, me contento con sacarle el dedo y después busco un asiento lo suficientemente alejado de él como para poder fingir que no está aquí, que en realidad no me está acosando de esta forma. No obstante, y como casi siempre suele pasar, decirlo es muchísimo más fácil que hacerlo. Por suerte sí que consigo un asiento alejado de él, pero por desgracia está en un angulo en el que todavía puedo verlo de reojo, así que no me pierdo ninguna de las miraditas que me tira cada tanto, no sé si con la intención de que yo lo vea, o tal vez porque cree que no me estoy dando cuenta de lo que hace, el muy imbécil. El caso es que logra lo que debe de ser tan solo una parte de su cometido: desconcentrarme lo suficiente como para que no pueda prestarle la atención que me gustaría a la clase, lo que es terrible, porque esta en específico es una de las que más me gusta, y siempre me derramo en ella por completo. Cuando la campana suena y soy libre, recojo todas mis cosas y salgo del aula casi que corriendo, todo para evitar que Kendrick pueda seguirme. Mientras voy caminando hacia el dormitorio, me doy cuenta de que el lugar al que debo ir es muy diferente, así que cambio de rumbo y me dirijo al estacionamiento. Una vez ahí, tomo mi auto y conduzco hasta la casa del Dealer, rezando para que esté ahí y no en clases. He decidido que voy a aceptar su propuesta, y cuando por fin llego a la casa, trato de calmarme, respiro y toco la puerta. Es entonces cuando él me abre con solo un pequeño bóxer puesto...y creo que me va a dar algo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD