CAPÍTULO DOCE

2000 Words
Al día siguiente, claro, todo el asunto de comprar marihuana, enfrentarme a base de disparos con unos matones y luego fumar la misma marihuana que tanto me costó comprar, todo para terminar fantaseando con el chico que me la vendió, a quien prácticamente salvé de quedar como un colador andante, pasa factura de golpe. Cuando me despierto, la cruda moral que tengo es tan grande, que durante media hora o puede que más, no hago otra cosa que no sea quedarme tendida en la cama, con la vista perdida en el techo por encima de mí. Diría que tengo la mente en blanco, pero la verdad es que no hago sino pensar una y otra vez en lo que hice, en lo que pasó, y cuestionándome por qué dejé expandir tanto mis propios límites. No es que me arrepienta, por qué he de decir que la experiencia fue exitante en grado sumo, pero tampoco es como que pueda estar sumamente orgullosa de lo que hice. Es una sensación bastante extraña que parece querer quedarse conmigo durante un buen tiempo. La verdad, ahora mismo lo que quiero es quedarme aquí tendida, pensando en todo mientras intento no pensar en nada, pero por desgracia no puedo. Tengo muchas clases importantes hoy, y si se me ocurre la maravillosa idea de ceder a mi propia pereza y faltar, luego me va a costar mucho ponerme al corriente. Eso sin contar que, con lo estrictos que son en éste lugar, podrían hasta darle aviso a mi padre. —Buenos días, aventurera. Justo cuando me estoy terminando de desperezar para levantarme y por fin comenzar el día, escucho que Caroline me saluda de lo más animada. Cuando miró hacia su cama, me la encuentro sentada y prácticamente lista, además con una sonrisa de oreja a oreja que me deja un poco sorprendida. —Buenos días—la saludo, levantándome yo también hasta quedar sentada. Una vez así, le pregunto—: ¿Desde cuándo estás despierta? —Hace como media hora, más o menos diría yo—responde ella—. Anoche dormí tan bien, tan relajada y en calma, que hoy me levanté con más energías de lo normal, ¿no te pasó igual a ti? Dejando de lado todas mis notificaciones y la cruda mental en la que me estaba regodeando hace apenas unos pocos segundos, debo admitir que sí, luego de que fumamos y se nos pasó gran parte del efecto, sí que pude relajarme lo suficiente como para tener una noche de sueño como Dios manda. Pero eso no significa que vaya a estar repitiendo esa aventura día con día, claro que no. Si resulta que el estrés vuelve con la misma fuerza de antes y ya no me deja dormir bien, haré hasta lo imposible por encontrar una cura completamente diferente, una que no involucre la marihuana...ni al Dealer. —Pues sí, la verdad sí—respondo al final, únicamente porque sé que a Caroline no le gusta que la dejen sin una respuesta a sus preguntas—. Pero esa fue la primera y la última vez que hago eso, definitivamente. —¿Qué? ¿Por qué? Por suerte para mí, justo en ese momento las demás chicas comienzan a levantarse también, por lo que me salvan, sin saberlo, de contestar a una pregunta para la que ni yo misma tengo una respuesta concreta. Como todas aún muy concentradas en terminar de despertarse, aprovecho la oportunidad para reclamar el baño en primer lugar. Tomo todas mis cosas y salgo corriendo para poder bañarme antes que ninguna. Cuando vuelvo, las veo a las tres muy juntas y hablando por lo bajo, lo que no me da muy buena espina, pues me hace recordar cuando me mostraron el vídeo que alguien hizo sobre la escenita de Kendrick. Al pensar en la posibilidad de que algo como ese se repita, me pongo tensa. —¿Qué pasa?—les pregunto de inmediato, preparándome desde ya para lo peor. —No te preocupes, que no es lo que seguramente estás pensando—me responde Danielle, mientras ella y las demás se separan—. Estábamos hablando de que quizá...bueno, podrías querer no ir a clases hoy. —¿Y por qué no iba yo a querer ir a clases hoy?—les pregunto, aunque por mi tono suena más bien como una demanda—. ¿Qué pasa? En esta ocasión, la que me responde no es Danielle, sino Beck: —Cariño, no te molestes. Solo nos pareció que debías de tomarte un descanso hasta que...ya sabes, pase todo ese alboroto del idiota de Kendrick. —No se preocupen por eso, que yo planeo mantenerme alejada de él lo más posible—les digo, ahora sí un poco más calmada—. Además, aunque quisiera no podría faltar a clases hoy. Tengo muchas cosas pendientes, y ya después no me voy a dar abasto si falto. Tan solo media hora después, me doy cuenta de que he tomado la mejor decisión, porque el día y las clases en general se me hacen tan difíciles, tan pesadas y atareadas, que de haber faltado como me lo sugirieron las chicas, luego no habría tenido forma de ponerme al corriente. Hoy son muchas las cosas que hacer, tantas, que me toca salir volando de una clase para poder llegar a tiempo para la siguiente. De hecho, estoy en una de esas cuando, al salir de un aula, choco contra alguien que, como salido de la nada, se me atraviesa en el camino. —Oh, discúlpame, pero no te ví porque iba un poco...—por costumbre y educación, yo empiezo a disculparme, pero me detengo en el acto cuando veo de quien se trata—. ¿Y tú qué rayos haces aquí? —¿Se te olvida que yo también estudio aquí?—responde Kendrick, con una sonrisa de lo más pedante. Algo que me enfurece aún más de lo que ya lo estoy con su simple cercanía—. No llevamos tanto tiempo separados como para que me olvides de esa forma, cariño. Me causa tal repulsión escuchar cómo me llama de esa forma tan desenfadada, con tanta tranquilidad y tanto cinismo, que a punto estoy de soltarle una buena bofetada para que vaya viendo que conmigo se acabaron estos estúpidos jueguitos suyos. Sin embargo, cuando recuerdo todo lo que pasó en su último show abierto a todo público, me contento únicamente para evitar que todos sigan hablando con más fuerza de mi, se sigan burlando y me sigan señalando. No es que le dé mayor importancia a eso, pero si puedo evitarlo, pues mejor. En cuanto a Kendrick, me contento con lanzarle dagas con los ojos un par de segundos antes de decirle: —En tu vida me vuelvas a decir así, ¿de acuerdo, Kendrick? Tu y yo hemos acabado, hemos terminado, y si no te quedó claro la última vez o simplemente no lo aceptas, pues qué pena por ti. Pero lo que soy yo, no me voy a seguir aguantando tus estupideces. —Pero Cariño... Cuando intenta agarrarme del brazo, me safo de un solo tirón, y aprovecho la oportunidad para darle un buen empujón y mantenerlo lejos de mi. Un par de chicas pasan cerca nuestro justo en ese momento, y como han visto la escena y nos miran raro, espero a que se marchen del todo antes de seguir con la pelea: —¡Que ya pares de decirme así! ¿Es que acaso no entiendes que no quiero tener más nada que ver contigo? ¡Lo nuestro se acabó, Kendrick, acéptalo de una puta vez! Aunque en un principio creo que terminará por aceptarlo, resignarse y dejarme por fin en paz, resulta que hace todo lo contrario. Con la furia resplandeciendo en sus ojos como un fuego de fantasía, se acerca hasta a mí y me toma de nuevo, pero ésta vez de ambos brazos. Yo intento liberarme, claro que sí, pero su agarre es tan fuerte que me lo impide. Temerosa, lo miro a los ojos y me doy cuenta de que parece como fuera de sí, como si de pronto hubiera sido poseído por alguna especie de fuerza externa y maligna. Lo desconozco, y francamente me da un poco de miedo verlo así. —Kendrick, suéltame—le digo, tratando de que no note el miedo en mi voz para que no pueda aprovecharse de él para mangonearme—. Suéltame, que me haces daño. De nuevo, él decide hacer todo lo contrario a lo que le digo. Aprieta más su agarre sobre mis brazos, y entonces comienza a sacudirme de una forma tan fuerte, tan salvaje, que me mareo hasta el punto en que me entran unas náuseas tremendas. Con lágrimas en los ojos apunto de salir, contemplo la posibilidad de empezar a gritar como loca pidiendo ayuda. No obstante, antes de que pueda hacer nada de eso, él me suelta, y tras señalarle con un dedo, me dice: —Espero y puedas pensar muy bien lo que estás haciendo, Abby. Yo no soy cualquier idiota. Mi padre es un hombre muy poderoso, toda mi familia lo es, y si yo quiero, puedo joderte la vida en un solo segundo. —¡Vete a la mierda!—le grito, un poco más valiente y tranquila ahora que por fin me ha soltaeo—. ¡Me da igual quienes sean tú o tú familia! Lo nuestro se acabó y punto. —¡A mí nadie me deja botado! ¡Nadie se burla de mí! —¿Qué pasa aquí? Cómo caído del cielo, justo en ese momento aparece junto a nosotros el profesor de Italiano de Beck, Alonso. Como no asisto a su clase, pocas veces lo he visto, y muchas menos he tenido la oportunidad de hablar con él o interactuar más allá de un saludo rápido y sin demasiado afecto. Sin embargo, en estos momentos es como si fuera mi padre o algo parecido. Con su presencia, claro, a Kendrick no le queda más opción que tranquilizarse por las malas, apartarse de mí, y actuar como si en realidad no estuviera pasando nada. —No pasa nada profesor—le dice Kendrick, con el cinismo a tope, el muy imbécil—. Abby y yo solo estábamos hablando, nada más. Tras mirarlo de arriba hacia abajo con una ceja levantada, y con una clara expresión de desconfianza empapando cada una de sus facciones, el profesor le responde: —Eso no es lo que me pareció mientras venía hasta aquí. —Sí profesor, claro...—intenta decir Kendrick, pero se corta cuando Alonso lo interrumpe: —No te estaba preguntando a ti—le dice muy serio, y luego de señalarme, pregunta—: ¿Segura que todo bien, Abby? Durante un segundo, considero seriamente la posibilidad de decirle la verdad, de contarle que Kendrick me tomó por la fuerza y adoptó una actitud que francamente resultaba un tanto preocupante, por no decir aterradora. Sin embargo, sé que eso solo sería echarle más leña al fuego, alargando un problema que bien podría acabar y morir aquí mismo, ahora mismo. Por eso, compongo como puedo una sonrisa más bien blandengue y le contesto: —Sí profesor, todo bien. —De acuerdo. Espero que eso que me dices sea cierto. Aunque es más que evidente que no se ha creído ni una sola palabra, el profesor sigue su camino y nos deja solos. Al principio creo que Kendrick me seguirá diciendo cosas, pero se limita a mirarme con odio y se marcha también. Yo sigo un poco tocada con este tema, pero no puedo permitir que eso me impida seguir con mi día. Concentrada, sigo también mi camino hasta que, por segunda vez, chico con alguien. Pero en esta ocasión no se trata de Kendrick, sino de nada menos que el Dealer, quien parece estar incluso más guapo que la última vez que lo ví.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD