9
Desperté.
Había un sonido en algún lugar.
Me concentré… alguien hablaba… era una mujer.
Estaba segura que esa voz la había escuchado antes.
No lograba distinguir lo que decía con exactitud, pero el sonido de su voz me era demasiado familiar.
Intenté enfocar lo que veía, pero entonces un dolor se extendía por mi pierna, subía por mi abdomen y acababa en mi cabeza.
De pronto, algo en mi cabeza encajó:
—¡Entiende, no me quiere, me dejó! —exclamé frustrada levantándome de la mesa.
Pero yo no estaba sentada, yo estaba acostada. Me moví un poco hacia un lado colocando una mano sobre el suelo.
—¡Ya lo sé, pero entiende tú que no sabes por qué lo hizo! — me respondió una chica de facciones que me parecían familiares, su voz era igual a la que escuchaba ahora en algún lugar.
Me enfoqué en lo que tenía al frente, era un suelo de madera que parecía estar congelado. Sentía mi rostro contraerse. Estaba mareada, mi cuerpo dolía, mi cabeza punzaba.
—¡No me amaba! — mi voz estaba cortada— ¡Me engañó como todos dijeron que haría! ¡Me ilusionó! ¡Jugó conmigo! —comencé a llorar sin consuelo, con el corazón roto.
No entendía qué estaba pasando con exactitud. Me veía a mí misma llorando desesperanzada, había una chica frente a mí intentando consolarme.
Me levanté un poco del suelo, coloqué todo el peso sobre mis codos que no pudieron soportarlo, mi brazo izquierdo era el más débil, caí de espaldas en el suelo otra vez.
—Te ama, Bell, no tienes idea —dijo la chica tomando mis hombros —, es por eso que ha intentado alejarte, pero yo no puedo dejar que eso pase.
Parpadeé un par de veces, lo estaba entendiendo, estaba recordando y no podía dejar ir la escena.
—¿De qué hablas?
Su imagen se hizo más clara ante mí, yo la conocía, la había visto mucho más de una vez, sabía quién era.
Llevé las palmas de mis manos hasta mis ojos e hice presión en ellos mientras respiraba profundamente.
—Aza puede ser un completo idiota en ocasiones, no sabe cómo actuar con exactitud, creyó que rompiendo contigo era la única forma de que te alejaras de él.
Estaba extrañada hasta lo sumo, lo sentía en mi pecho más como algo que martillaba en mi cabeza que lo que podía sentir en el momento.
—No te estoy entendiendo, Donnelle — sollocé alejándome de ella —, esta herida aún está abierta por favor, no le eches sal.
Pude procesarlo mejor, estaba hablando con la hermana gemela de Azarías, estábamos en mi casa, había pasado apenas una semana desde él había terminado conmigo. Al menos eso me decía mi cabeza, pero yo no podía creerlo aún.
—Tenemos un pasado oscuro, Bell, no por nuestra culpa, no por nada que hubiésemos hecho — dijo ella tomando mis manos, estaban demasiado calientes —, se trata de alguien que quiere hacernos daño, nos ha perseguido desde que teníamos ocho, este no es nuestro hogar natal, es la tercera vez que nos mudamos.
Me quedé estática, quería seguir recordando, las imágenes tenían que seguir llegando porque yo necesitaba información.
—¿De qué hablas? ¿cómo que los persiguen? ¿qué pasa con la policía?
Donnelle negó con su cabeza varias veces.
—No es tan fácil detener a un criminal, Bell, al menos no a uno de su nivel — explicó ella y pude recordar lo mucho que le temblaban los labios —, se suponía que nos había dejado en paz, habíamos quedado fuera de su radar... pero entonces, hace una semana la amenaza llegó. Él siempre anuncia que está cerca.
Me sentí impotente en aquel momento, quizás mucho más que ahora, me frustraba pensar que estuviesen torturándolos, ellos no merecían aquello, no merecían estar huyendo de esa forma.
—¿Una amenaza? ¿qué? ¿cómo?
—Nos han encontrado de nuevo — explicó sin mirarme —, él y sus seguidores, saben dónde estamos, sabe quiénes nos rodean y es por eso que Azarías ha decidido cortar contigo.
Las imágenes no siguieron llegando, pero ya sabía la verdad, la tenía en mi cabeza. Al menos la verdad acerca del recuerdo donde Azarías me dejaba.
Sé que luego de eso le dije a Donnelle que no me importaba los monstruos que los persiguieran, ellos eran parte de mi familia, yo amaba a Azarías, estaba tan completamente enamorada de él que no me importaban los riesgos, los superaríamos juntos. Sé que lo busqué, fui a su casa con Donnelle.
El recuerdo llegó a mi mente.
Al entrar a la casa, Azarías estaba en la sala, jugaba con dardos cuando entonces me miró y se quedó estático.
Recordé cada detalle, su rostro estaba hinchado, sus ojos rojos junto a su nariz y labios, los nudillos de sus manos estaban rotos, y yo… yo estaba muy enojada.
—¡Eres un gran idiota! —avancé rápidamente hasta él
Golpee su pecho con mis puños cerrados, una y otra vez.
—¡No tenías derecho a terminar conmigo sin decirme lo que sucedía!
Seguí golpeando.
—¿No pensaste siquiera en decirme la verdad y así yo tendría la oportunidad de escoger si dejarte o no? —Golpeé su hombro, él solo me veía y no esquivaba — No tenías derecho a dejarme de lado así, una relación es de dos, tú no eres el único que puede decidir terminar algo que los dos decidimos iniciar, eres…
Me haló hacia él y me besó. Ese recuerdo hizo que llorara en la actualidad porque la forma en la que se aferró a mí me hacía pensar en lo mucho que él me quería cerca, que me necesitaba.
—No puedes estar aquí — susurró sin soltarme —. Tienes que irte, es muy peligroso, ya he visto a mis amigos morir, no puedo verte morir a ti también.
—Lo siento, Aza — respondí tomando su rostro entre manos —, lo siento mucho, pero no voy a dejarte ni voy a irme, me quedaré a tu lado.
—No debes hacerlo —una lágrima cayó por su mejilla.
—Lo sé, pero no quieres que me vaya realmente, ni yo quiero tampoco. No hay pareja que no experimente dificultades, todo amor está sometido a riesgos, ninguno es igual a otro, así que, si este es el obstáculo que nos ha tocado superar, pues no voy a huir, voy a tomarte de la mano, apoyarte, darte fuerzas y a animarte. Si ese infeliz les ha perseguido todo este tiempo, entonces juntos pensaremos en una forma de acabarlo.
Lo segura que me sentía de cada palabra, me hizo saber y recordar la convicción que tenía en que soportaría lo que fuera por amor. Yo no podía dejarlo solo, no podía simplemente irme de su lado sabiendo que vivía una situación así, lo quería demasiado y no podía dejarlo sobrellevar eso por su cuenta, por más tiempo.
Sus ojos se iluminaron llenos de esperanza y fue cuando supe que había tomado la decisión correcta.
—Esta es tu última oportunidad para retroceder —habló suavemente —, si te quedas ahora, te mantendré a mi lado toda la vida.
—Entonces tenemos que acabar con ese imbécil y tener una muy larga vida.
—Estás loca — me abrazó muy fuerte, pero su voz se escuchaba más animada.
—Lo sé — acaricié su cabello —. Así que tienes que recordar quién eres. ¿Quién eres?
Él se alejó un poco para mirarme a los ojos y decir:
—Tu ángel guardián — besó mi frente —. Pero vas a aprender defensa personal entonces — dijo con firmeza mientras tomaba mi rostro entre sus manos.
—Aún sigo esperando que me enseñes a conducir — me quejé secando las lágrimas de su rostro.
—Sí, ahora sí llegó el tiempo de aprender — afirmó abrazándome.
Me senté de inmediato dejando el dolor a un lado, estaba impactada al máximo exponente. Él y yo sí que teníamos historia y la razón por la que estaba en ese lugar, sufriendo daños a manos de Cóndor era por nada más mi elección, yo lo había escogido:
Había sido mi decisión hacer los verdugos de Azarías, los míos.
Y lo hice porque sabía que lo que sentía por él, incluso lo que él sentía por mí, valía todos los riesgos, no podía dejarlo ir por el miedo.
Sé que me había mostrado enojada con él por no decirme lo que realmente sucedía, pero su elección de intentar sacarme de su vida para ponerme a salvo, me hacía saber la sinceridad de sus sentimientos.
Azarías no quería verme sufrir.
Quizás no recordaba todavía todos nuestros momentos juntos y todas las cosas que nos llevaron a enamorarnos, pero ahora, algo dentro de mí sabía que él realmente me quería.
Él debía tener su corazón completamente destrozado por mí y eso me dolía. Yo no quería que sufriera, sabía perfectamente que, aunque contadas eran las cosas que podía recordar, yo realmente quería a ese chico.
Si bien tampoco no recordaba por qué Cóndor se había aferrado a ellos, yo sabía una cosa: el único que tenía que sufrir era él, ese criminal.
Ni Aza, ni su familia, ni mi familia o yo merecíamos esto.
Y me dolía, me dolía recordar su rostro en cuanto le pregunté lo que Cóndor me había obligado: ¿Por qué me dejaste?
No puedo imaginar su dolor ahora que puedo comprender en parte.
Él me dejó para librarme de todo esto, él me dejó para que Cóndor no pudiese hacerme daño, pero yo no sé lo permití.
Él me había dejado para que yo no sufriera y como no lo hizo, allí estaba yo.
Cóndor lo había torturado a través de mi boca.
—Lo siento mucho, Aza — sollocé —. Ya sé por qué me dejaste, intentaste mantenerme a salvo. Recuerda que fue mi elección hacer tus problemas los míos —miré en dirección a la pequeña cámara en la esquina —. Soportaré, confío en ti.
Él vendría por mí, no sabía cómo, pero él no estaría quieto, estaría haciendo de todo por sacarme de allí, mi parte era resistir.