Capitulo 11

1463 Words
11   ¿Quién nos había encontrado? ¿De qué estaban hablando? —¡Rápido, necesito que nos saquen de aquí! — escuché a Cóndor a mi lado. Intenté abrir mis ojos, intentaba recobrar el aliento y poco a poco lo iba logrando, quizás porque alguien me cargaba, aunque no me tranquilizara la idea. —Señor, están avanzando a través del campo — informó algún seguidor. —¿Tenemos ya el camino libre por la salida sur? — preguntó Cóndor. Mis ojos observaron un camino oscuro, resultaba que habíamos entrado a una especie de túnel. ¿Dónde estábamos metidos? ¿Un campo? ¿Entrada sur? —¡No me importa lo que tengan que hacer! ¡No dejen que se lleven a Isobell! — gritó Cóndor. —Señor, pero debemos sacarlo a usted... —¡Silencio! — exigió él deteniéndose — ¡la orden es que la saquen a ella de aquí! ¡Si me atrapan, quiero que Sasha ejecute el final! —No voy a... —¡Cállate! — exigió Cóndor — ¡Maten a su familia si se niega! Mi cuerpo había reaccionado ya, sentía mis piernas y mis respiraciones cortas, pero constantes me estaba funcionando. Algo recorrió mi cuerpo como si de un escalofrío se tratase, no me hizo sentir nerviosa, en cambio una seguridad se colaba en mi piel. Lo sabía, lo presentía. Debía ponerme en movimiento. El hombre que me cargaba no se esperó lo que hice a continuación: Salté de sus brazos con una fuerza sorpréndete. El impacto quiso nublarme, pero la adrenalina era mayor. Me arrastré por el suelo intentando levantarme. —¡Atrapen al gusano! Fui escurridiza. Me ayudé de la pared comenzando a correr, aunque la luz era muy tenue para ver algo con claridad. Y fue entonces que todo pasó muy rápido. Un fuerte ruido. Mis oídos zumbando. Mi cuerpo en el suelo. Un pitido me impedía enfocarme, estaba aturdida. Abrí mi boca por el dolor que se disparaba en mi cabeza, había golpeado con algo. El presentimiento me hizo recordar lo importante: Azarías estaba en ese lugar. —¡Están rodeados! — gritó alguien. No podía concentrarme del todo. —¡Lenin, llévatela! — fue Cóndor desesperado. Sentí sus manos tomar mis costillas e inmediatamente coloqué resistencia. —¿Quieres correr con el destino de tu padre? — dijo Cóndor con suspicacia y odio — Quieres ser un héroe como él, pero no estás tan bien entrenado. —No puedes contener lo sorprendido que estás de verme, ¿no es así? Algo estalló en mi interior. —¡Aza! — grité con todas mis fuerzas. La garganta me ardió inmediatamente. Rodeé al hombre que me perseguía para correr en la dirección de la voz. Lenin, quién era bastante fornido, pasó sus brazos alrededor de mi cintura y me apretó tan fuerte que grité de nuevo. —¡Bell! — lo escuché a varios metros de distancia — ¡Estoy aquí! —¡Aza! — volví a gritar. Estaba desesperada, no lo veía. Estaba oscuro, había humo por todos lados, seguro a causa de la bomba que habían lanzado. Según lo que sabía, estas explotaban, su impacto era más leve que el de una granada. Lenin me arrastró a través del pasillo de regreso por donde habíamos venido, yo intentaba hacérselo difícil. Pero entonces dejé de escuchar a Azarías. —¡Ya, déjame! — grité a pesar de sentir que el aire me faltaba. —¡Ya cállala y muévete, Lenin! Y entonces sentí mi cuerpo por los aires y luego el impacto contra el suelo. De nuevo estaba aturdida. Detestaba la sensación de un pitido en mis oídos. Volvió a cargarme y ya no me quedaban demasiadas fuerzas, me sentía entumecida, adolorida y con una gran desesperación correr por mi pecho. —Aza, Aza va a encontrarme... —Ya basta, pecas — exigió con autoridad. Un destello alumbró en mi cabeza, sin embargo, no alcancé a descifrarlo. —¡Vamos por aquí! — animó el otro hombre que iba delante de nosotros. —No, por este lado es más seguro — contradijo Lenin quedándose quieto. Pude visualizar al otro sujeto, se trataba de un a******o bien entrenado. Entrecerró sus ojos en dirección a Lenin, parecía bastante confundido. —¿Cómo va a ser seguro por allí? ¡Ese camino nos deja directamente en el ala Sur! Lenin me lanzó sobre su hombro con un ágil movimiento. Eso produjo un dolor en mi cabeza. —Es allí donde voy a llevarla. Y entonces, antes que el a******o pudiese decir algo, un estallido de escuchó y un peso golpeó el suelo. Estaba estupefacta. Lenin le había disparado. —Nadie puede saber a dónde te llevo — explicó un poco más amable. Y luego empezó a correr. —¡Bájame! ¡Ya bájame! — grité pataleando — ¡Aza! ¡Aza! No iba a encontrarme, iban a llevarme lejos, iba a ser imposible que me localizaran. —¡Me estás colmando la paciencia, pecas! — espetó sin dejar de correr. Eso me confundió de nuevo. ¡Estaba harta de sentirme confundida! ¡Estaba harta de no comprender qué sucedía y solo ser consciente del tremendo dolor que impactada mi cuerpo! —¡Ya déjame ir! — comencé a llorar y a patalear más — ¡Aza va a encontrarte y...! —Te lo advertí. Y entonces un dolor se precipitó por mi pierna derecha. Él había presionado la herida de bala. Me sentía inútil. Azarías estaba batallando por mí y yo no podía hacer lo mismo por él. Era una dama en apuros y yo solo quería que él estuviese bien, no podía hacer algo al respecto. Que esté bien, que esté bien. De pronto un sonido diferente inundó mis oídos y al alzar un poco mi cabeza pude encontrarme con mucha luz a mi alrededor. Estábamos afuera, en un campo y el sonido, eran las hélices de un helicóptero. —¡No, no, déjame, no! — lloré. Solo quería encontrar a Azarías, anhelaba encontrarle. —¡Rápido, rápido! — otra voz masculina se hizo presente. —¡Alto! — gritó Lenin deteniéndose — ¡Hicieron un trato conmigo! —Tranquilo, Lenin, ese trato se mantiene, te llevaremos lejos de aquí — insistió otra voz, esta vez femenina —, solo baja a Isobell y entrégala. Lenin hizo lo que se le pidió y mis pies tocaron la grama seca. Me mareé ante el repentino movimiento y luego me giré para toparme con algo sorpresivo. —Isobell, somos agentes especiales, puedes venir con nosotros — indicó una mujer de baja estatura y cabello n***o. Mis ojos corrieron a su chaleco antibalas y al de todos los cuarto hombres más, distribuidos a mi alrededor y cerca del helicóptero.  Entonces suspiré aliviada. —¡Gracias! — le dije a Lenin mientras comenzaba a caminar como bien podía. —Ven aquí, te ayudaré — anunció el hombre, su piel mestiza parecía iluminar bajo el sol. —Azarías, ¿dónde está Azarías? — pregunté quedándome estática. —Iba por ti con el otro equipo — informó la mujer —, va a reunirse con nosotros más adelante, pero debemos sacarte de aquí lo más pronto posible. —No me iré sin Azarías — reclamé resistiéndome. —Puedes confiar en nosotros, él nos alcanzará más adelante. Hay un segundo helicóptero del otro lado — la mujer se acercó hasta mí —, tenemos la orden de sacarte de aquí sin importar nada. —Necesito ver... —¡De ti depende mi libertad, vete de aquí! — gritó Lenin a mis espaldas — ¡Se suponía que entenderías en cuanto te dije Pecas! Y no encontraba el significado que tenía esa palabra para mí. —¡Bell! ¡Bell! Todo mi cuerpo respondió. Me giré de inmediato. —¡Aza! Debía estar lejos, pero todas las emociones que se desencadenaron en mi fueron suficientes para darme fuerzas. —¡Bell! — Gritó de nuevo. Yo comencé a correr hacia él. Me imaginaba en sus brazos, me imaginaba sintiendo su respiración cerca de la mía, me imaginaba todo lo que vendría después y todo lo que debía descubrir. Vería a mis padres de nuevo. Pero entonces todo se desmoronó y se quedó en una imaginación. Disparos comenzaron a escucharse detrás de mí y me lancé al suelo de inmediato. Alcé un poco mi vista y Aza había hecho lo mismo. —¡No! ¡Bell! — gritó él. A pesar de los metros de distancia, sus ojos se encontraron con los míos. Él estaba desesperado, me quería y yo lo quería a él. —¡Ven acá, perra! — exclamó alguien a mis espaldas. Y luego una mano me tomó del brazo. Al levantarme y comenzarme a arrastrar no pude dejar de resistirme y gritar. —¡Aza! ¡Aza! Y el hombre me jaló con más fuerza girándome a su voluntad.  Pude ver el desastre que había ocurrido a mis espaldas. El mestizo, la mujer, Lenin y un hombre más estaban tirados en el suelo con heridas en su abdomen, pecho o cabeza. Les habían disparado. —Ese truco del infiltrado, Cóndor lo conoce bien — aseguró mi opresor. —¡Voy a encontrarte de nuevo! ¡Resiste! — prometió Azarías. Me solté como pude del agarre del sujeto y corrí en su dirección. Pero el hombre era bastante rápido así que pronto volvió a sujetarme, pero está vez de las costillas. Veía a Azarías intentar acercarse y a un sujeto a su lado sostenerle del brazo. Parecía un agente que intentaba calmarlo. Mis ojos se encontraron de nuevo con los suyos, y entonces entendí lo que ya él sabía: Iban a llevarme de nuevo. Lo acepté y grité con todas mis fuerzas: —¡Te amo! Sentía que él necesitaba escucharlo, aunque no recordara todo aun, yo lo sabía perfectamente y él necesitaba saber en ese momento que no había logrado rescatarme, que yo lo seguía amando. No hubo tiempo para nada más, ni siquiera para ver su reacción. Pronto me lanzaron dentro del helicóptero y este emprendió su vuelo.  
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