Pasaron dos meses desde esa noche mágica, me encontraba en la cabaña con Regina, Melissa y Anne. Anne miraba todo a su alrededor con sorpresa y emoción, era la primera vez que estaba en ese lugar. —Tienen una cabaña muy bonita, ya era hora de que supiera dónde vivías —dijo riéndose. —Eres bienvenida cada vez que quieras venir —añadió Melissa, sirviéndole una taza de té caliente. Yo me acomodé en el sofá, acariciando mi vientre. —Probablemente te quedes unos días después del nacimiento de mi hija, me vendría muy bien tu ayuda —le dije a Anne con cariño. —Además de Anne, cuenta conmigo, cuidar de un recién nacido es mucho trabajo —intervino Regina con una sonrisa. Todas nos reímos, compartiendo un momento de paz, Pero ese momento de felicidad cambio en cuestión de segundos. Un duro g

