Cuando cayó la noche, tomé una ducha, me puse un vestido n***o hasta la rodilla y que se adhería a mi cuerpo, un ligero maquillaje y unos tacones rojos.
Tomé mi bolso y la llave de mi auto. Aproximadamente veinte minutos después, estaba parque ando mi auto.
Caminé hacia el bar, y vi casi inmediatamente a Anne sentada en la silla de una pequeña mesa.
—Hola Anne— Dije al tomar asiento.
—Por fin llegas, este lugar es asombroso.
—Si, lo es, no podría olvidar lo asombroso que fue— Dije recordando la noche de pasión que había vivido en unas de las habitaciones de ese hotel.
Un camarero nos ofreció bebidas así que la tomamos, mientras charlábamos y reíamos un poco, un hombre con traje elegante se acerca a nuestra mesa.
—Buenas noches hermosas damas— Dijo.
—Buenas noches— Dijimos ambas casi al mismo tiempo.
—Me gustaría invitarla a bailar esta suave pieza— Dijo mientras extendía su mano hacia mi.
Miré a Anne, quien con una sonrisa y movimiento su cara positivamente asintió.
Tomé la mano de ese desconocido, y caminé con él hacia el centro del bar.
Una suave música sonaba, nos movíamos lentos al ritmo de la música, su mano rodeaba mi cintura.
—Mi nombre es Christian — Dijo.
—Tienes un bonito nombre— Le respondí.
—¿Y cuál es tu nombre?— Preguntó.
Antes de que pudiera responderle, una voz que sonaba en las grandes bocinas ordenó que cambiaran de pareja.
Justo en ese momento todos lo hacían, así que yo también lo hice, pero me llevé una gran sorpresa.
—¡Señor West!— Dije anonadada.
—Señorita Brock, no esperaba verla aquí— Dijo mientras se movía al compás de la música.
Me sonrojé, era inevitable no hacerlo, estaba tan nerviosa que sentía que no podía estar tanto tiempo de pies.
Inesperadamente, la voz que antes había hablado, ordenó nuevamente que volviéramos con la pareja inicial.
Todo el mundo se cambiaba, pero él y yo no estábamos listos para ese cambio.
—Señor, por favor devuélvame a mi pareja— Dijo Christian.
El señor West me miró y luego echó su vista hacia Christian, soltó mi mano y me entregó a él.
Vi como se alejaba del centro e inmediatamente confronté a Christian.
—Christian fue un gusto conocerte, pero quiero volver con mi amiga. Adiós— Dije.
No esperé que él me respondiera, solamente me dirigí hacia mi mesa y tomé asiento.
Tomé del trago que había dejado por un baile, ese trago que me haría volver en si.
—El hombre… El segundo hombre con el que bailé es mi jefe y el hombre que.. ya sabes— Traté de decirle a Anne.
Anne sonrió y miró hacia la mesa donde se encontraba Jaxon, y luego me miró y sonrió una vez más.
—Por favor Anne, disimula, si no lo haces se dará cuenta de que estamos hablando de él— Le pedí avergonzada.
—Daphne ese hombre es muy imponente, jamás pensé que serías la asistente de ese hombre.
Solo sonreí, recordé que incluso ella misma me había conseguido la entrevista.
Después de una hora aproximadamente, Anne y yo fuimos directamente al estacionamiento subterráneo del hotel.
—Te veo luego querida amiga— Le dije.
Nuestros autos estaban uno al lado del otro, por lo que nos despedimos con un tierno beso y cada una subió al coche.
Vi como Anne encendió su auto, cerré mis ojos antes de encender mi auto, pero inesperadamente, tocaron el vidrio de la puerta.
Abrí los ojos instantáneamente solo para ver a mi jefe, Jaxon West.
Bajé el vidrio con nervios, ¿Qué deseaba?, me preguntaba.
—¡Señor West!— Exclamé con una sonrisa.
—Parece que tiene una llanta ponchada— Dijo sin ningún tipo de emoción.
Suspiré hondo y bajé del auto solo para ver que la llanta de atrás estaba ponchada.
—¡No puede ser!. Mi amiga se acaba de ir— Dije sin pensarlo.
Inesperadamente, Jaxon me acorraló contra el auto, sus brazos fuertes me enceraron y quedé atrapada en él.
—¿Qué pasa?— Pregunté con nervios.
Jaxon sonríe, pasa su lengua por sus labios y no puedo evitar sentir una atracción hacia él.
—Creo que tomaré un taxi y mañana arreglaré la llanta del auto— Dije tratando se esquivarlo.
—Yo te llevaré a casa, es muy tarde para tomar un taxi— Dijo Jaxon mientras tomaba mi mano y me dirigía hacia su auto.
Quería decir algo pero simplemente la voz no salía, no podía emitir ningún ruido.
Abrió la puerta del auto, y me invitó a entrar extendiendo la mano.
Pocos segundos después, encendió su lujoso auto deportivo y manejó impresionantemente rápido, el corazón quería salirse de mi pecho.
—Le temo a la velocidad— Grité.
Sin embargo cuando vine a abrir los ojos, él se detuvo y para mi sorpresa estaba parqueado frente a mi pequeña mansión.
—Ya hemos llegado, la velocidad no siempre es mala— Dijo sonriendo, como si hubiese disfrutado verme sufrir.
No dije nada, salí del auto casi de inmediato, ni siquiera tenía tiempo de pensar. Cuando abrí la puerta, pude sentir que Jaxon estaba detrás de mí.
Me gire y traté de calmarme. —Gracias por traerme a casa. Supongo que sabías mi dirección por mi curriculum profesional— Dije.
—¡Si, así es Daphne!— Se limitó a decir.
Antes de que pudiera responder, mire hacia el auto de Jaxon y me llevé una gran sorpresa.
—¡Lobos!— Grité.
Jaxon se giró con rapidez, pero antes de que reaccionara, lo tomé de la mano y lo hice entrar a la casa cerrando la puerta detrás de nosotros.
—Jamás había visto lobos, bueno, solo en la tele— Dije con un poco de jocosidad.
Inesperadamente sin verlo venir, Jaxon unió sus labios a los míos, se detuvo un segundo para mirar mi reacción y sin pensarlo me lance hacia él.
Me cargó entre sus brazos y lo rodeé con mi piernas. Me sentó en la mesa, abrió mis piernas y puf, se entró dentro de mi.
Su fuerza era inexplicable, incluso pensé escuchar un gruñido, pero solo pensé que debía ser algo que mi mente había imaginado.
Después de unos minutos, Jaxon se detuvo y abrochó su pantalón, mientras yo trataba de arreglar mi vestido.
—Nos vemos luego Daphne— Dijo mientras caminaba hacia la puerta, así sin más.
Tan rápido la puerta se cerró detrás de él pude respirar con tranquilidad.
—¡Te volviste loca Daphne— Me dije mientras pasaba mi mano por la frente.
Por un momento había olvidado a los lobos que había visto, sin embargo al recordarlo, abrí la puerta y salí sin pensarlo.
Pero repentinamente, vi como Jaxon era rodeado por los lobos.
—¡Jaxon!— Exclamé asustada.