Después del horror de lo que acababa de vivir, conduje sin pensar demasiado, con las manos temblorosas sobre el volante. No podía dejar de mirar por el retrovisor, por si acaso Selene decidía reaparecer, por si esa criatura regresaba, no sabría como me defendería de ella. Aunque para ser sincera, lo que más me dolía no era el golpe que recibí ni el susto, sino darme cuenta de que hay un mundo del que nunca fui parte, todo esto se me aprecia muy extraño. Al cabo de unos veinte minutos, finalmente llegué a la mansión. Bajé del auto con la respiración agitada y la ropa algo sucia por el suelo en el que había caído. Empujé la puerta con fuerza y entré, encontrándome de inmediato con Melissa, quien pareció notar algo extraño en mí. —¿Daphne? ¿Estás bien?— Preguntó Melissa con preocupació

