—¿Y por qué esa cara? ¿Qué pasó? —El doctor —dije— dijo que ya no hay nada que hacer. Anne caminó hasta Henry, se sentó a su lado y le tomó la mano con ternura. —Lo siento mucho —le dijo apenada. Henry la miró con cariño y una expresión nostálgica. —No estés triste —dijo. —Me iré feliz, porque conocí a personas maravillosas. —Tú también eres una gran persona, Henry —respondió Anne. Hubo una breve pausa y entonces Henry bajó la mirada y volvió a levantarla, más serio. —Tengo que confesarte algo, Anne, aunque sé que siempre me has visto como a un hermano, yo siempre te vi como una mujer hermosa, digna de admirar. Anne se quedó en silencio, sorprendida. —¿Qué? No sabía eso— Dijo asombrada. —Desde que éramos niños —continuó Henry. —estaba enamorado de ti, pero tú nunca me viste con l

