El día había terminado de una manera distinta a lo que esperaba. La oficina había estado en silencio total. Pero ahora, al esperar a Daphne en el parqueo subterráneo, no me sentía cómodo con eso. La había estado esperando todo el día, no para confrontarla, sino para llevarla a un lugar donde pudiéramos estar solos, donde pudiéramos respirar sin las presiones del mundo. Cuando la vi salir, mi rostro se tranquilizó en una sonrisa. Su presencia, como siempre, era lo que me hacía sentir que todo tenía sentido, incluso cuando las circunstancias alrededor eran un caos. —Te estaba esperando—, le dije con un toque de calidez. —Quiero llevarte a un lugar especial. Daphne se acercó, su caminar siempre tan natural, y me miró con curiosidad. —¿A dónde vamos? —Te lo diré cuando lleguemos—, respo

