Punto de vista de Daphne. Después de unos días, me encontraba en la que aún era mi pequeña mansión. Ver a Henry con un poco más de color en el rostro y una sonrisa en los labios, era uno de los regalos más grandes que la vida me había dado en los últimos meses. Estaba en la sala, recostado en su sofá favorito, con una manta sobre las piernas y una taza de té entre las manos. —Te ves mejor cada día —le dije, sentándome frente a él con una sonrisa de alegría. Él me miró y esa mirada llena de cariño me hizo sentir como una niña otra vez. —Eso te lo debo a ti —respondió con voz ronca. —y no solo mi salud, también las ganas de seguir. —¿Y qué no haría una hermana por un hermano? —le pregunté inclinándome para apretarle la mano. Henry se rio lentamente. —El único hermano torpe en esta

