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2906 Words
Salí a toda prisa de la empresa a la que tanto quería para dirigirme al colegio en el que estudiaba mi hija, ese día tendríamos un encuentro deportivo entre padres e hijos y por ningún motivo podía llegar tarde, no pensaba fallarle a Rossi como no le había fallado durante estos dos años en los que tanto tuvimos que luchar para sobreponernos a la traición de mi ex marido, me había estado robando por años, y por si fuera poco me engañaba con no sé cuántas fulanas en la empresa donde yo lo había recibido con los brazos abiertos cuando nadie más quiso darle la oportunidad. Mire hacia atrás, y pude ver con satisfacción que los malos momentos habían quedado en el pasado, pues aún cuando no fue fácil sacar a Hamilton Corporation de la crisis tan grande en el que el canalla de Jack nos había dejado, por fin habíamos conseguido la estabilidad. Subí a mi coche y conduje a toda velocidad hasta llegar a las instalaciones del colegio, por fortuna el tráfico me dio un poco de tregua así qué pude llegar justo en el tiempo establecido, aparqué y corrí a toda prisa para encontrarme con mi amada Rossi, Pero cuando estaba apunto de llegar a la sala de juegos, tropecé con el hombre más espectacular que hubiesen visto mis ojos. No podía dejar de mirarlo, y podía sentir como él correspondía a mi mirada con la misma intensidad. Fue suficiente con respirar su delicioso aroma masculino para que todos mis sentidos se pusieran en alerta, despertando una sensación descomunal por todo mi cuerpo. –lo, lo siento – le dije con un hilo de voz. El sonrió y mis ojos se clavaron en aquel rostro que parecía tallado en piedra de lo perfecto que era. – no pasa nada, yo también estaba distraído y no me fijé – contestó gentilmente tratando de disculpar mi torpeza. – será mejor que me vaya, mi hija me espera, hay un encuentro deportivo entre padres e hijos en el salón de primer grado que ya debió haber empezado – expuse. – qué casualidad, mi hija, Amelia está en ese mismo grado – exclamó causando una gran sorpresa en mí ya que Amelia era la mejor amiga de Rossi. – ¿Usted es el papá de Amelia? Mi hija y ella son grandes amigas desde el preescolar – relaté sin poder dar crédito a la gran coincidencia. – claro, la famosa Rossi, mi hija no deja de hablar de ella, se quieren mucho por lo qué tengo entendido –. –Así es, son inseparables, no pueden estar la una sin la otra, es por eso que me resulta extraño que nunca antes hubiésemos coincidido – manifesté cada vez más nerviosa. – seguro es porque mi esposa se encargaba de asistir a todas las reuniones y eventos sociales, por la magnitud de mi trabajo debo viajar a menudo y cuando estoy en la ciudad paso la mayoría del día ocupado – confesó con profundo pesar. – sí, eso debe ser entonces, ¿y su esposa no los acompaña el día de hoy? –Le pregunté provocando que se ensombrecieran sus hermosos ojos. –Lamentablemente ella murió hace dos años en el parto de nuestros pequeños gemelos – respondió con una infinita tristeza. Me sentí como una tonta por haberle preguntado tal cosa, y no pude evitar compadecerlo por todo lo que seguramente habría tenido que pasar al perder a su esposa, pero sobre todo al hacerse cargo de sus tres hijos sin la presencia de una madre. – lo lamento mucho, por favor disculpe mi imprudencia – le dije bastante apenada. – no hay nada que disculpar, pero por favor háblame de tu, porque por lo que puedo ver somos prácticamente de la misma edad, además nuestras hijas son muy buenas amigas y lo más lógico es que exista confianza entre nosotros – sugirió haciendo que un intenso calor subiera hasta mis mejillas. Yo asentí y nos dirigimos juntos al salón de juegos donde ya se encontraban nuestras hijas, y por supuesto que fue suficiente con aparecer en aquel lugar para que todas las miradas estuvieran sobre nosotros al vernos llegar juntos. En cuanto nos vieron, las niñas corrieron a abrazarnos, y estaban encantadas con la idea de qué nos hubiésemos conocido. La hora de armar los equipos llegó, y a los cuatro nos tocó competir en equipo. – siempre se me dieron bien los deportes, espero no haber perdido condición – mencionó abriendo la conversación entre nosotros. – en cambio yo, siempre preferí lo artístico – respondí bastante apenada. – qué raro, podría jurar que haces mucho ejercicio, digo, por tu espléndida figura – señaló observándome detenidamente lo cual hizo que me pusiera sumamente nerviosa. Me quedé sin palabras, no sabía qué contestar ante tal elogio, estaba experimentando la misma sensación de cuando era adolescente y estaba frente al chico que me gustaba, ¿pero por qué estaba pensando eso?, Seguramente ya me estaban haciendo estragos los años de soledad, pero necesitaba apartar aquellos pensamientos de mi cabeza si quería salir bien librada en aquella competencia tan importante para mi querida hija. – bien, hemos superado casi todas las pruebas – acotó Rossi. – cielos, pareciera que me pasó un tren por encima – solté sin pensar provocando una gran carcajada en los demás integrantes de mi equipo. – vamos, que no es para tanto, estoy seguro que tú puedes – se solidarizó Alex que no perdía ni un poquito de ese encanto que me voy a tenido distraído durante toda la competencia. – viene la prueba de salto, ¿por favor podemos pasar nosotras? –Propuso Amelia. – claro – contestamos los dos al unísono. Nos sentamos en una de las bancas mientras veíamos como Rossi y Amelia pasaban con éxito la etapa de saltos, estábamos maravillados presenciando el gran talento de nuestras hijas para los deportes. – espero no ser inoportuno, pero no vi al papá de Rossi por ninguna parte, ¿acaso no pudo venir por su trabajo? –Preguntó con evidente curiosidad. –Nos divorciamos hace tiempo y no suele asistir a este tipo de eventos – contesté apesadumbrada. – qué lástima, se está perdiendo de una parte muy importante en el crecimiento de su hija –. – hay personas a las que sólo les importa su propia felicidad – le dije. – Rossi es una niña encantadora, y salta a la vista qué has hecho una extraordinaria labor como madre – enfatizó mientras tomaba mi mano. En ese momento sentí como una corriente eléctrica sacudió todo mi cuerpo, trayendo consigo una oleada de deseo que nunca pensé llegar a sentir. Nuestras miradas se entrelazaron y fue como si un huracán hubiera llegado para arrasar con todo a su paso. Y nos encontrábamos perdidos en la maravillosa atmósfera que se había creado, cuando las voces de nuestras hijas nos regresaron al presente devolviéndonos a una realidad muy distinta a la que estábamos viviendo momentos antes. – ganamos, ganamos – gritó Amelia con gran emoción. – sí, lo logramos – se unió Rossi con gran júbilo abrazando a su amiga eufóricamente. – oigan, pero si nosotros también ayudamos al equipo – refunfuñó Alex. – bueno, no tanto como ellas, así que definitivamente Rossi y Amelia son quienes merecen el trofeo – intervine poniéndome de lado de las niñas. – esto no es justo, son tres contra uno, eso es un motín – continuó Alex con su reclamo. – ya papá, deja de quejarte y mejor vayamos todos juntos a festejar nuestro triunfo – propuso Amelia haciendo que se me encendieran todas las alarmas por dentro ya que no tenía contemplado pasar demasiado tiempo con ese hombre que tanto me perturbaba. No tuve otra opción y me dejé llevar por las ocurrencias de las niñas, fuimos a un lugar de juegos, ellas estaban encantadas y nosotros no dejábamos de mirarnos, definitivamente algo había cambiado y pasó de ser el compañerismo entre los padres de dos niñas del colegio a una gran atracción. El veía lo nerviosa que me ponía, así qué desvió nuestra conversación hacia temas más triviales, lo cual agradecí profundamente puesto que de esa forma sería mucho más llevadero el paseo. Pasamos un día maravilloso, y me divertí como nunca antes lo había hecho, no quería que ese día terminara, la galantería de Alex y la felicidad de las niñas me tenían realmente cautivada, pero lamentablemente había llegado el momento de despedirnos, y una extraña sensación de vacío se instaló en mi interior, por lo que tuve que hacer acopio de una gran fuerza de voluntad para despedirme lo más tranquila posible. – espero volver a verte pronto – susurró muy cerca de mi oído al despedirse con un beso en la mejilla. Apenas si me quedaba tiempo para llevar a Rossi a la casa y arreglarme para la firma del contrato que tendría lugar en uno de los grandes hoteles de los Bennett. – te quedarás con Jennifer, mi cielo, mamá debe regresar al trabajo, pero no me esperen despiertas, porque no sé cuánto pueda tardarme –. – no te preocupes, Aurora, ya es hora de qué te diviertas un poquito, después de esa firma te deberías ir a celebrar a algún lugar bonito – sugirió la niñera de mi hija a la que le tenía gran cariño – tú no cambias, Jenny, sigues siendo la misma desde que te conocí, yo no tengo tiempo para esas cosas, mis únicas prioridades son mi hija y mi trabajo – le dije pero en el momento sentí una punzada de remordimiento por lo que había experimentado junto al papá de Amelia. Ella me dedicó una tierna sonrisa, y una vez estar completamente preparada salí de la casa y me dirigí al hotel donde se llevaría acabo la firma del contrato. Me había arreglado en forma elegante para la ocasión, llevaba un vestido ajustado de la cintura, con un pequeño escote en forma de corazón que revelaba una pequeña parte de mis encantos femeninos, me maquillé ligeramente y solté mi cabello cayendo en cascada sobre mis hombros, la imagen que había visto en el espejo me complacía, y después de mucho tiempo de no sentirme una mujer atractiva, por primera vez eso estaba empezando a cambiar. Atravesé el Hall del impactante hotel que no dejaba de sorprenderme con cada parte de su infraestructura, los espacios arquitectónicos estaban diseñados para cautivar a primera vista, la asistente personal del señor Bennett me condujo hacia la sala de juntas donde se llevaría acabo la firma y yo trataba de caminar lo más erguida posible tratando de ocultar los nervios que me embargaban. Pero toda mi compostura se vino abajo cuando al abrir la puerta me encontré con los hermosos ojos del hombre que se había robado mis pensamientos desde esta mañana, no lo podía creer, el destino tenía que estarme jugando una mala pasada, no podía tratarse de la misma persona, pero tal parecía que así era. – la señorita Aurora Hamilton, Alex, es la presidenta de Hamilton Corporation – nos presentó su asistente. – bienvenida, Aurora, soy Alex Bennett y es un placer hacer negocios contigo – dijo mientras me miraba de arriba abajo Se leyeron las cláusulas y cuando nuestras manos se rozaron para proceder con la firma, la corriente eléctrica apareció de nuevo, pero esta vez intensificándose a niveles desproporcionados por todo mi cuerpo. – bien señores, enhorabuena por esta gran sociedad que sin duda alguna beneficiará a ambas empresas – pronunció el abogado solemnemente. – felicidades, Aurora, ahora sé que no pudimos hacer mejor elección para nuestros equipos tecnológicos y de seguridad – musito. – gracias, Alex, trabajaremos incansablemente para no defraudar la confianza que han depositado en nosotros – exclamé mientras le dedicaba una sonrisa sincera. Después del brindis y felicitaciones, me disponía a marcharme cuando Alex me detuvo con una sorpresiva invitación. – me gustaría invitarte a cenar para festejar nuestra sociedad, Aurora – propuso Alex con esa galantería tan característica en el. No sabía que contestar, pasar tiempo con Alex podría convertirse en algo peligroso, y no sabía si estaba preparada para volver a sentir algo por un hombre, y mucho menos si se trataba del padre de la mejor amiga de mi hija. – vamos, prometo llevarte a casa temprano, podemos dejar tu coche aquí e ir en el mío si te parece –. – estoy de acuerdo – conteste dejando que mis sentidos hablaran. Llegamos al restaurante, era un lugar de comida italiana con una vista increíble, con sólo verlo, el camarero nos condujo hasta un hermoso reservado que propiciaba una atmósfera demasiado íntima dando paso a una privacidad que no sabía si resultaría muy conveniente. Tomamos una copa de vino acompañado de algunas entradas, Alex y yo nos complementamos de una manera increíble, teníamos tantas cosas en común que estaba empezando a pasar de estar nerviosa a sentirme bastante cómoda en su compañía. – ¿Nunca pensaste en volver a enamorarte después del divorcio? –Cuestionó con interés. – estaba tan concentrada en mi hija y en mi trabajo que jamás me pasó por la mente – señalé abriéndole mi corazón a un extraño que apenas conocía pero que tanto me había impactado. – tal vez ninguno volvimos a pensar en estar con alguien porque no habíamos conocido a la persona indicada, Aurora, no sé si esto sea muy precipitado pero, desde que te vi no he podido apartarte de mi mente ni un solo instante – soltó sin ningún reparo haciendo que el corazón se me quisiera salir del pecho. –Alex, me parece que estás yendo demasiado rápido – lo reprendí sin saber como era capaz de articular palabras con lo nerviosa que me sentía. – la vida me ha enseñado qué no es bueno dejar las cosas para después, hubiera querido decirle tantas cosas a Olivia cuando estaba conmigo, pero por postergar el momento jamás lo hice, por eso consideré que tenía que decirte lo que me pasaba contigo aunque quizá con eso existiera la posibilidad de qué te alejaras de mí – expresó Alex con una sinceridad que tocó todas las fibras de mi ser. – no sé si estoy preparada para comenzar una nueva relación, Alex, y prefiero ser sincera contigo –. – entonces dejemos que sea el tiempo el que lo decida, pero te pido que me des la oportunidad de conocerte y que te des la oportunidad de conocerme a mí también –. No fue necesario decir una sola palabra, nuestras miradas lo decían todo, estaba tan emocionada que deseaba gritar a los cuatro vientos por la ilusión que me hacía tener la oportunidad de experimentar estar al lado de alguien tan maravilloso. Alex se había alejado un poco para llamar a su casa para ver cómo estaban los niños, y yo aproveché para hacer lo mismo. Margaret se encontraba tomando el té en el salón, le había parecido un poco extraña la actitud de Alex, estaba como renovado, con una vitalidad que hacía mucho tiempo no veía en el, se encontraba absorta en sus pensamientos cuando recibió la llamada de una de las mamás del colegio. – querida, pero que sorpresa – contestó Margaret. – hace tanto tiempo que no te apareces por el club que quise llamarte para ver cómo estabas y para regañarte porque no nos habías contado la noticia sobre tu yerno – soltó la mujer con toda la intención de dar rienda suelta a la curiosidad que la estaba consumiendo. – no entiendo de qué estás hablando, Charlotte se defendió Margaret con brusquedad. – entiendo que no quieras hablar de eso, debe ser una situación muy incómoda para ti, sobre todo porque Alex está saliendo con otra mujer, hoy lo pudimos ver muy cercano a Aurora Hamilton, y como ella es divorciada, pensamos que podía tratarse de un romance entre ellos – Agregó la mujer. – no lo creo, Alex solo está pendiente de sus hijos y de su trabajo, no tiene cabeza para nada ni nadie más, así que si me disculpas, tengo muchas cosas que hacer, querida – gritó fuera de control mientras cortaba la comunicación con Charlotte. Un gran sentimiento de odio se instaló en el corazón de Margaret, no soportaba la idea de qué su yerno pudiese estar interesado en otra mujer, así que empezaría de inmediato las averiguaciones para descubrir que había detrás de aquel chisme malintencionado por parte de las mamás del colegio. Alex y yo salimos del restaurante, habíamos pasado una velada increíble, él estaba cada vez más cercano y atento, me llevaba del brazo mientras caminábamos y sus miradas expresaban tantas cosas que me causaban una gran emoción, de pronto nos detuvimos en un hermoso jardín que estaba cerca del restaurante, él se puso frente a mi y tomó mis manos, me miró fijamente provocando toda clase de sensaciones que revoloteaban por todo mi ser. –Eres tan hermosa, y llevo todo el día deseando hacer algo que si no hago en este momento, siento que voy a volverme loco – susurró. – no entiendo – contesté con un sonido casi inaudible. Entonces sin dar oportunidad a nada más, Alex rodeó mi cintura con sus brazos atrayéndome más hacia él, y luego me besó con una pasión frenética que me sumergió en el deseo más exquisito y abrumador que hubiese podido experimentar jamás.
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