03

1325 Words
La llegada de Aurora a mi vida fue como una brisa fresca que vino a renovarlo todo, era una mujer maravillosa qué hacía que cada momento valiera la pena, con su amor y su dulzura poco a poco fue cerrando las heridas del pasado para dar pie a un nuevo comienzo, las cosas marchaban espectacular entre nosotros, y mis hijos estaban encantados con ella, y yo cada vez más enamorado, por lo que decidí pedirle matrimonio y cuando ella aceptó me convertí en el hombre más feliz del mundo, y aún cuando Margaret me decía qué había pasado muy poco tiempo desde la muerte de Olivia, yo traté de exponerle mis razones, y por primera vez decidí escuchar a mi corazón y no hacer caso de nada más, la decisión estaba tomada, así que decidimos anunciar nuestro compromiso y empezar a realizar los preparativos para la boda más espectacular que se hubiese hecho jamás. Ese día Aurora resplandecía como la novia más radiante y hermosa, y cuando James Cooper, su mano derecha y el que consideraba como un padre la llevó frente a mí en la entrada de la iglesia, me quedé maravillado al contemplar a tan grande hermosura, nos miramos con el resplandor que sólo tiene el amor infinito, me tomó del brazo y entonces caminamos juntos hacia el altar, nuestros hijos llevaban la cola de su vestido y avanzábamos por una iglesia que estaba completamente adornada con flores y abarrotada con invitados de todo el mundo, pues tanto Aurora como yo, éramos importantes empresarios y por supuesto qué los compañeros del gremio, amigos y familiares querían acompañarnos en tan importante momento. Los reporteros y camarógrafos estaban pendiente de cada movimiento, buscando llevar la nota a los medios de comunicación que circulaban a nivel internacional. El reverendo comenzó con el protocolo, pero yo no podía mirar hacia otro lado, mis ojos estaban clavados en la que en algunos minutos se convertiría en mi amada esposa y con quien seguramente compartiría los momentos más extraordinarios para toda la vida. Después del sí, acepto, una lluvia de aplausos y de pétalos de rosa cayeron sobre nosotros, sonreíamos como si estuviéramos viviendo en el más bello cuento de hadas que se pudiera haber escrito jamás. Salimos de la iglesia y las felicitaciones no se hicieron esperar, todos hacían fila para desearnos sus parabienes, pero cuando tocó el turno de Margaret, algo en su actitud nos incomodó bastante. – muchas felicidades a los dos, todo es tan parecido a cuando te casaste con mi hija, Alex, que no puedo dejar de sentir una profunda nostalgia – externó con una actitud algo ambigua que no logré asimilar en ese momento. Por más que quise evitarlo, una punzada de culpabilidad se instaló en mi corazón, pues aún cuando estaba plenamente convencido de lo que sentía por Aurora, tenía la sensación de qué de cierta manera le estaba fallando a Olivia al rehacer mi vida, pero necesitaba sacudirme esas ideas de mi cabeza si realmente quería ser feliz. – ¿Estás bien cariño? –Me preguntó ella con esa dulce voz que tanto me gustaba. – claro que sí, mi amor, soy el hombre más feliz del mundo por tenerte a mi lado– exclamé sacudiendo por fin los malos pensamientos que no me dejaban disfrutar por completo de mi alegría. Nos dirigimos en una flamante limusina hasta donde se llevaría acabo nuestra fiesta de bodas, donde ya nos esperaban nuestros invitados, entramos tomados de la mano al gran salón perfectamente decorado para este gran acontecimiento, el vals comenzó a sonar y entonces nos dirigimos a la pista, rodeé a mi esposa por la cintura y antes de empezar a bailar le di un apasionado beso en los labios al cual ella correspondió con el mismo entusiasmo, los presentes no dejaban de admirarnos y de aplaudir emocionados, nuestros hijos estaban encantados con la fiesta aprovechando lucir sus impecables galas. Recorrimos cada una de las mesas para saludar a nuestros invitados y luego de un rato, mi amigo Nick llegó para charlar un poco con nosotros. –Hacen una pareja maravillosa, me encanta verlos juntos, pero ¿no te importa que te robe al novio por un rato verdad?, Necesito darle algunos consejos, bueno, tú sabes – comentó en forma socarrona. – sólo si me lo devuelves muy pronto, si no tendré que ir por el para raptarlo de la fiesta – contestó mi querida Aurora con ese excelente humor que tanto me gustaba de ella. La dejamos sola por un momento y entonces Margaret aprovechó para acercarse a ella. –Aurora, te ves cansada, deberías sentarte un poco, no has parado en toda la noche – sugirió. –Eres muy amable, Margaret, pero la verdad es que no me siento cansada en la absoluto, estoy disfrutando mucho de este momento – respondió Aurora con una sonrisa amable. – me alegra qué seas tan optimista y que busques encontrarle buena cara a todo, porque lo vas a necesitar – pronunció sembrando dudas en Aurora. – ¿No entiendo a qué te refieres? ¿Pasa algo que yo no sepa? –Preguntó ella con evidente curiosidad y una preocupación genuina que asomaba a sus hermosos ojos. – no me hagas caso, este ha sido un día de tantos sentimientos encontrados que ya no sé ni lo que estoy diciendo, te veo junto a Alex y es como si estuviera viendo a mi hija –. Aurora se sintió muy incómoda con el comentario de Margaret, pues aunque entendía lo que debía estar sintiendo, era la segunda vez que mencionaba algo que le había producido la misma sensación de estar ocupando un lugar que no le pertenecía. La noche transcurrió de una manera maravillosa, los invitados estaban felices disfrutando de todo lo que habíamos preparado para ellos, y nosotros sólo queríamos escaparnos para por fin vivir a plenitud nuestra noche de bodas. – ¿Y si aprovechamos que todos están tan entretenidos para salir corriendo de aquí? –Propuse con picardía. –Eres incorregible, loquito– me reprendió ella. – claro que sí, estoy loco, pero loco por ti, y me muero por estar a solas contigo, así que mi amada esposa, será mejor que nos vayamos antes de qué la tomé en mis brazos y salga huyendo de este lugar – le advertí haciendo que ella se sonrojara. Aprovechando el descuido de los invitados y teniendo la total seguridad de qué los niños estarían en buenas manos, emprendimos el viaje hacia mi isla privada, donde pasaríamos una semana de luna de miel, por la magnitud de nuestros trabajos, no era mucho tiempo y que podíamos ausentarnos, así qué buscaríamos aprovechar al máximo de nuestro amor y de aquel paraíso que nos dio la bienvenida con los brazos abiertos. – este lugar es precioso, Alex, es mejor de lo que imaginé – grito emocionada. – me alegra que te guste, mi amor, porque este es mi refugio y siempre venía aquí desde niño, te puedo decir que aquí he pasado los momentos más felices de mi vida y ahora quiero compartirlo contigo–. Ella me sonrió y yo la tomé en mis brazos tal como indicaba la tradición, entramos a la casa y un camino de pétalos de rosa llevaban hasta la habitación, Aurora estaba maravillada por todo lo que había preparado para ella, subimos a la alcoba donde pasaríamos nuestra primera noche de casados, y cuando abrí la puerta me quedé de piedra con lo que mis ojos vislumbraron, se trataba de un cuadro con la fotografía de Olivia, sentía que el corazón se me quería salir del pecho debido a la intensidad de sus latidos, una mezcla de sentimientos encontrados me invadieron, pero en ese momento lo que más me preocupaba era lo que pudiese llegar a sentir aurora, había pedido que ese retrato fuera retirado para no incomodarla, pero por lo que estaba viendo mis indicaciones no habían sido cumplidas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD