3 meses después.
Bebo un vaso de agua en la cocina. Al terminar regreso a la habitación en busca de mi laptop. Leandro sale del baño con una toalla envuelta en su cadera dejando a la vista su cuerpo esculpido.
- Cariño, hoy viene mi madre a visitarnos – me recuerda.
- Si, lo recuerdo… - digo mientras tomo la laptop. - ¿debo utilizar algo en especial? – pregunto.
- Si, iremos a comer a un restaurant. – se quita la toalla para vestirse.
- Okey. ¿a qué hora? – pregunto.
- A las 7. – responde.
- Bueno – afirmo y salgo de la habitación.
Termino de utilizar la laptop y la apago para subir a la habitación a descansar. Leandro tuvo que ir a la oficina a resolver un problema que surgió de último momento. Me acuesto encima de la cama a descansa. Me quedo dormida. Leandro me despierta para que me vaya a duchar, ya que son las 5 y debemos estar preparados antes de las 7.
Me baño y enrollo en una de las toallas, paro en el espejo y busco entre medio de mis cosas el maquillaje para esconder la cicatriz. La oculto y guardo todo para salir a vestirme. Leandro me toma y da un beso fugaz para ir a bañarse. Yo me visto mientras Leandro se baña. Este sale del baño y yo ya estoy vestida, me estoy maquillando, pero no puedo evitar dejar de hacerlo solo para mirar su espectacular cuerpo marcado.
- ¿Te gusta lo que ves? – dice arrogante.
- No… he visto mejores – contesto para molestarlo.
- ¿Cómo que así? – dice tomándome en brazos y lanzándome a la cama y subiéndose encima de mío. – así que no te gusta lo que ves, pero si te me acerco te pones nerviosa, como ahora. – susurra en mi oreja para después lamerla.
- A… no hagas eso… - murmuro con un gemido – no tenemos tiempo.
- Para esto siempre hay tiempo cariño – susurra besando mi cuello. – y más cuando llevas un vestido tan sexi como este, que me dan ganas de quitártelo para dejarte desnuda y hacerte miles de cosas. – dice bajando hacia el canalillo de mis senos.
- A… no, por favor, Leandro… no sigas – pido arqueando la espalda y cerrando los ojos.
- Esta bien, pero solo si dices que eres solamente mía – me mira con los ojos oscurecidos de placer.
- B-bueno, soy solo tuya Leandro Lombardi – lo miro.
- Me voy a vestir – se levanta de encima de mí y se va a vestir.
Termino de maquillarme y voy a verme al espejo. Llevo puesto un vestido que me queda un poco más arriba de la rodilla ajustado con la espalda escotada de color esmeralda., tacones y una cartera negra, el pelo suelto con ondas en las partes inferiores y un maquillaje simple.
Leandro sale del armario con un traje a la medida y zapatos negros, y una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados dejando ver uno de sus tatuajes.
- ¿estas lista cariño? – pregunta.
- S-si – susurro.
- Entonces marchémonos. – me toma de la mano para salir de la habitación y bajar las escaleras.
- Se ven preciosos mis niños – dice Nana al vernos.
- Gracias Nana – decimos.
- Ya nos vamos – manifiesta.
- Esta bien, buenas noches – se despide Nana.
- Buenas noches Nana – me despido y nos vamos.
Al llegar al restaurante Leandro le entrega las llaves del coche a uno de los empleados y entramos. En la recepción dice el nombre de su madre y nos llevan hasta su mesa. Ella al vernos se levanta y nos da un abrazo.
- Buenas, cuanto tiempo sin vernos… - expresa al separarnos y sentarnos – se ven preciosos.
- Gracias, usted igual – le agradezco por su cumplido.
- ¿Cómo han estado? – pregunta.
- Bien gracias – respondo. – y ¿usted? – pregunto.
- De maravillas – sonríe.
Seguimos hablando sobre los viajes que ha hecho en los últimos meses. Pedimos de comer. Cuando nos traen los pedidos, comemos y seguimos charlando sobre diferentes temas.
Cuando ya es tarde, la madre de Leandro decide regresar a su casa, pagamos la cuenta y nos despedimos en la salida. Ella se va con Felipe que le abre la puerta para que entre en la camioneta y se despide de nosotros para después arrancar. Nosotros esperamos a que nos traigan el auto para irnos. Al llegar, Leandro va a la cocina por dos copas de vino, me pasa una y nos las tomamos. Estamos cansados, por lo que decidimos irnos a la habitación a descansar.
Leandro me ayuda a quitarme el vestido para colocarme el pijama. Ya cambiados nos acostamos y nos dormimos al instante.
Es de madrugada y nos despertó el sonido de un celular, era el de Leandro, lo estaban llamando, este fastidiado porque lo despertaron lo toma y contesta.
- ¿Buenas? – atiende. - ¿Cómo es eso posible? – se sienta rápidamente en la cama. – no, me la sudas, ese no es mi maldito problema… - grita enojado, saliendo de la cama para irse de la habitación.
Quizás quien sea que lo haya llamado a esta hora, pero se ve que era importante. Lo espero unos minutos, pero aún no llega. Me vuelvo a quedar dormida esperándolo.
Despierto sola en la cama, Leandro no se ve por ninguna parte. Tomo una bata, me la coloco y bajo las escaleras. No se ve en la sala ni en la cocina. – quizás donde mierda se metió – pienso. Veo a Nana en el pasillo y le pregunto por Leandro.
- Esta en su despacho, mi niña – responde.
- Okey. Gracias Nana – le agradezco y voy al despacho.
Toco 3 veces la puerta, espero a que me indique que puedo pasar.
- Adelante – dice detrás de la puerta.
- ¿estas ocupado? – pregunto al pasar.
- No, ya terminé – acorta el poco espacio que nos separa y me rodea con sus brazos. – buenos días preciosa – dice dejando un beso en mis labios.
- Buenos días… – alargo lo último.
- Vamos a desayunar, ya debe estar preparado. – salimos del despacho abrazados.
- Me encanta estar en tus brazos – levanto la cabeza para mirarlo.
- Y a mí me encanta tenerte a ti – sonríe cariñoso.
Nos sentamos en el comedor y Nana nos sirve el desayuno. Estaba delicioso todo. Viene a despejar la mesa y le agradecemos. Leandro se levanta y estira una de sus manos para que la tome. Lo hago y nos lleva a la habitación. Me acuesta en la cama y se gana a mi lado.
- Descansemos un ratito más, es fin de semana… - me hace cariño.
- Está bien – lo beso.
Nos dormimos y despertamos 4 horas después.
- Cariño, ¿quieres acompañarme mañana a Londres? – pregunta.
- Claro que sí… - digo emocionada – pero y el trabajo, ¿Quién se hará cargo de la reunión con los nuevos socios? – pregunto.
- Rodrigo se harán cargo, ya le hablé para decirle que nos íbamos de viaje. – explica.
- ¿Y cómo sabias que te iba a decir que sí? – pregunto encarnando una ceja.
- Porque sé que no puedes vivir sin mi cariño – sonríe.
- Eso es mentira… yo sí puedo hacerlo – me cruzo de brazos haciendo berrinche.
- Oh, si claro – ironiza – si todos sabemos que me quieres mucho y me necesitas cerca, sino te pones de mal humor – dice riendo.
- ESO ES MENTIRA… yo no soy así – espeto.
- Bueno, bueno – levanta los brazos en rendición.
- Tu eres el que se enoja por todo si no estoy cerca – espeto.
- Pues, para que voy a mentir si es la verdad. Odio que no estés conmigo – me abraza fuerte.
- Te quiero tonto – digo.
- Yo también, te quiero mucho mi enana – expresa dándome un beso.
Nos quedamos abrazados durante un tiempo más para después levantarnos. Me baño primero y después él. Estando vestidos bajamos a almorzar para luego ir a organizar las cosas que tenemos que llevar al viaje.
Terminamos todo cuando ya está oscurecido. Leandro va a la cocina por una fuente con palomitas y refresco. Nos vamos a la habitación y nos acostamos a ver una película. Nos quedamos dormidos.