Voy de camino a Florencia, deje a Dylan con mis hermanos. Debo de solucionar el tema de los negocios de mi abuelo ya que en pocos meses cumplo 25 años y no quiero nada con ese tipo de cosas. Pero se que no puedo renunciar, así como si nada a ellos. Ya que de cualquier manera estaré corriendo peligro y lo más importante, mi familia también lo estaría.
Al llegar a la casa del abuelo, Guillermo me esta esperando en la entrada. Al verme sonríe feliz. Soy su única familia por parte del abuelo. De la casa salen dos muchachos. Al verme sonríen coquetos. Mi tío se da cuenta y los fulmina con la mirada, los dos se les borra la sonrisa y se ponen serios.
- Les presento a mi sobrina Alondra. – me señala – ella es la reina de la mafia europea. – les explica. Los chicos se miran entre si sorprendidos por la declaración de mi tío. – sobrina, ellos son Sebastián, hermano de tu madrasta y el tercer mafioso más poderoso – señala al rubio de ojos verdes, es alto. Lleva puesto un traje azul marino – y el – señala al otro – es mi hijo Daniel, tu primo – explica. El es castaño y de ojos verdes, lleva puesto un traje n***o.
- Buenos días, Sebastián y Daniel, mejor dicho, primo – los saludo.
- Buenos días – saludan.
- Pasa hija, tenemos mucho de qué hablar – señala la entrada. Caminamos y nos vamos a la oficina del abuelo.
- Esta igual – digo mirando todo alrededor.
- Si, no hemos movido nada. – explica mi tío. – ¿a que se debe tu presencia? – pregunta. – te dije que si querías que nos viéramos lo hiciéramos en la otra casa, si te ven aquí pueden hacerte daño. Recuerda que aun te buscan. – me regaña.
- Se me había olvidado. – explico. – vine por lo de la herencia. – le señalo.
- Si, solo faltan meses para que tu seas la que se siente aquí – dice señalando su puesto.
- Eso es de lo que vengo a hablar. – suspiro – yo no quiero hacerme cargo de la mafia. – explico – estoy dispuesta a hacerme cargo de todos los negocios legales, pero de los demás no.
- Sabes que no se puede hacer nada, debes hacerte responsable si o si – explica.
- Pero debe haber alguna forma de ceder mi lugar a otra persona – intento buscar una solución.
- No la hay hija, solo es la muerte. – comenta.
- ¿Qué? – digo sorprendida.
- Si y, aun así, seguirán matando a todos tus hermanos hasta que se quede sin heredero. – comenta.
- Pero ¿Por qué nosotros? ¿Por qué a ti no? – pregunto.
- Porque yo solo era el hombre de confianza y tu abuelo no me reconoció como su hijo – explica.
- Okey, pero podemos intentar buscar alguna solución – pido
- Lo intentaremos, sobrina. – afirma – por ahora mantente lejos de aquí y si hay algo de que hablar lo haremos en otro lugar. – señala. Asiento y me levanto para irme de la casa.
- Acompáñenla, que nada le suceda – les ordena a los chicos.
- Así que tu eres mi reina – comenta Sebastián al subirnos al carro.
- Creo que sí – digo desconforme.
- ¿Porque lo dices de esa manera? – pregunta Daniel que va conduciendo.
- Porque no quiero serlo, no me gusta nada de esto y el abuelo lo sabía. – digo fastidiada.
- No sabes el privilegio de tener tu lugar, querida. – dice Sebastián mirándome por el retrovisor.
- Para ustedes será eso, pero para mi no. – comento – a mi nunca me a gustado este mundo, por eso tengo fundaciones en contra de esto, no me gusta saber que tengo que hacerme responsable y convertirme en una asquerosa asesina, que mata sin distinguir a personas inocentes de las culpables. Que miles de vidas de jóvenes se desgracien por las malditas drogas que se venden, de esas personas que son vendidas y prostituidas. No quiero tener en mi conciencia eso. – les explico. Estos me quedan mirando pensativos. – y menos cuando yo también e sido victima de ello. – susurro.
- ¿Por qué dices eso? ¿Qué te sucedió? – preguntan.
- Creo que mi tío no les ha contado – miro mis manos y después a ellos. Estos niegan.
- Pues, cuando pequeña fui secuestrada por una de las mafias en Chile porque se enteraron de que yo era nieta de Alessandro Milano. Tenia 8 años, yo no sabia que Beatrice era mi madre y menos que el era mi abuelo. Me tuvieron secuestrada por tres meses, no me hicieron daño, pero para una niña es un trauma estar lejos de tu familia durante meses y sin saber porque, que si te mataran o te harán daño. – les cuento – ese fue el primero – los miro para después seguir – cuando Sophie murió, yo quería investigar por mi misma que le había sucedido. Me fui a meter a un lugar equivocado y hablé con las personas equivocadas. Me hice pasar por la amiga de Sophie, utilizando mi identidad falsa. A los días me secuestraron fuera de la empresa de mi abuela en New York – para para respirar, mis manos tienen marcadas mis uñas – estuve secuestrada durante tres malditos meses, me torturaron esos malditos. Querían sacarme información sobre Sophie, al no conseguirla, secuestraron a mi hermano menor para obligarme. Lo iban a matar así que no me quedo de otra y tuve que decir lo que sabía. Al conseguir lo que querían nos mandaron a matar. Pero un hombre infiltrado del abuelo nos ayudo y salimos con vida. – termino de hablar.
- ¿Quiénes fueron los que te secuestraron? – preguntan.
- En Chile no recuerdo, pero mi abuelo los mato a todos. Y el New York fueron Demian y el Demonio. – les respondo.
- Esos hijos de puta. – dice Sebastián.
Llegamos a casa de la abuela y mis hermanos salen en mi búsqueda. Sebastián abre mi puerta y ayuda a que baje. Le agradezco.
- Tío, ¿Qué haces aquí? – pregunta Federico – y con mi hermana.
- Nos encontramos en un café y charlamos. Me conto que era tu hermana y me ofrecí a venir a dejarla. – responde.
- Okey. – dice serio – espero que no te hayas propasado con ella. – levanta una ceja.
- No, hermano. – lo calmo – fue muy caballeroso conmigo. – sonrió para calmar el ambiente.
- Espero verte pronto Alondra – se despide – envíale mis saludos a tu madre – le dice a Federico.
- Nos vemos – me despido – Nos vemos Daniel, cuídense – Sebastián se sube al carro y se van.
- ¿Qué hacías con ellos? – preguntan mis hermanos.
- Ya les dijo Sebastián – les respondo – solo tomamos un café y charlamos. – levanto los hombros y entro a la casa para ir a mi habitación.
- Fuiste a ver lo de la herencia, ¿no, hija? – entra mi abuela a la habitación. La miro sorprendida – no debes de mentirme, yo lo se todo. Tus abuelos me contaron sobre dejarte a cargo de todo antes de morir – explica.
- Si, fui a ver eso – le afirmo – no quiero hacerme cargo de mi puesto en la mafia abuela – le expreso – no quiero ser uno de ellos, no quiero ser como ellos – sollozo con mi cabeza recostada en sus piernas.
- Lo se hija, tú eres de corazón puro. No eres como ellos – me consuela.
- Pero si no lo hago, ellos acabaran con todos mis hermanos. – explico – y no quiero eso, es suficiente con Sophie – lloro.
- Buscaremos una solución mi niña, no te preocupes – acaricia mi cabello. Asiento.
Luego de llorar durante horas que quedo dormida, no baje a comer nada. Solo me mantuve encerrada en mi habitación.