Los siguientes días no tocamos el tema. Ayer regresamos a Madrid ya que Leandro debía regresar al trabajo. Aun a Dylan le quedaba un mes y medio ante de regresar al colegio. Por lo que decidimos en que mañana en la tarde nos iremos a Italia a visitar a nuestra familia.
Por hoy, debo de ir a casa de Leandro ya que su madre me invito a comer. Iré sola porque Dylan saldrá con sus amigos al cine y luego se quedará en casa de uno de ellos.
Estoy terminado de arreglarme antes de que llegue Leandro a buscarme. Estoy acomodándome el vestido mientras me veo en el espejo. Es un vestido algo casual pero tampoco ordinario. Tomo mi cartera con mi celular y salgo de la habitación. Al llegar a la sala llega un mensaje de Leandro “estoy afuera”, lo guardo y salgo. Leandro se baja del carro y me toma de la cintura para luego darme un beso.
- Esta preciosa, amor – alaga.
- Gracias, tu igual – digo sonriendo.
- Vamos que se nos hará tarde – abre la puerta del acompañante y me ayuda a subir. Ya dentro la cierra y se va al lugar del conductor para arranca hacia nuestro destino.
Una hora después llegamos a una mansión, la rodean unas murallas gigantescas y un portón n***o, es como un refugio esta mansión. Al llegar al portón hay un guardia que al ver a Lombardi lo saluda y le abre. Entramos y paramos al frente de la entrada de la mansión, nos bajamos del vehículo y Leandro me toma de la mano para que caminemos a la puerta la cual cuando estamos al frente es abierta por una empleada.
- Buenos días, señor Lombardi… - saluda mirando a Leandro provocativamente – la señora Francesca los está esperando en la sala. – se corre para que podamos entrar.
- Gracias Rose – habla.
Leandro me lleva a la sala, donde hay dos mujeres sentadas platicando.
- Buenos días, madre y hermana – las saluda.
- Buenos días, cariño – dice la madre al levantase para abrazarnos.
- Tu debes ser la chica que tiene enamorado a mi hijo – dice al separarse. Yo sonrió nerviosa – por fin la traes para poder conocerla hijo.
- Si madre, hemos estado muy ocupados y no teníamos tiempo para venir a visitarte antes. – se excusa.
- Hola, yo soy Mía, la hermana menor de Leandro – dice la joven abrazándome.
- Hola, yo soy Alondra un placer – digo nerviosa.
- Vamos hijo a sentarnos, pasen… - habla la madre corriéndose para que podamos ir a sentarnos – siéntense cariños. – nos sonríe amablemente.
- Gracias – le digo.
- Bueno, ¿dónde se conocieron? – pregunta.
- En la empresa, era a quien había enviado Elena a supervisar– contesta Leandro.
- ¿Cuánto tiempo tienen de novios?
- 5 meses madre.
- ¿Para cuándo tendré nietos? – pregunta mirándome.
- No lo sé – logro decirle con nerviosismo y algo triste porque no se si podre volver a tener hijos.
- Aún es muy pronto para hablar de hijos madre… - dice serio.
- Hijo si es lo que sucedió con So... – no alcanzo a terminar porque fue interrumpida.
- YA TE DIJE QUE NO LA NOMBRES Y MENOS SOBRE AQUELLO – grita enojado. ¿será su ex a la que me le parezco?
- Discúlpame, hijo, pero debes entender de que lo que les sucedió no fue tu culpa, que ella estaba lejos cuando le sucedió aquello – le explica con cariño.
- Si, si es mi culpa porque si yo hubiese estado cerca de ella y no haciendo otras cosas e-ellos estarían aquí a salvo y-y n-no… - no termina de hablar porque se levanta para irse quizás donde, dejándome sola.
- Disculpa por lo que acaba de suceder… – se disculpa – el aun no supera lo que sucedió hace 2 años con ella. – termina de hablar. Creo que si es ella.
- No se preocupe, lo entiendo. – digo para tranquilizarla – ahora si no les molesta me gustaría ir a ver si está bien. – hablo despacio.
- Claro, ve cariño – dice la señora.
Salgo de la sala hacia donde se dirigió Leandro, abrió el ventanal y salgo al patio trasero, comienzo a mirar para encontrarlo, lo veo sentado debajo de un árbol. Camino hacia él y al llegar me siento a su lado en silencio. Estuvimos así durante un tiempo, hasta que Leandro lo rompe.
- Perdón por dejarte sola allí dentro con ellas. – dice con la cabeza baja y con sus dos manos cubriéndola.
- No te preocupes… - digo girándome para verlo – te entiendo, yo también tengo cosas que prefiero no mencionarlas, ni que me las recuerden – le explico.
- Si, pero mi madre no entiende que, aunque me lo repita mil veces me voy a dejar de sentir culpable por lo sucedido… - dice quitándose las manos de la cara y levantando la mirada. – ella tenía razón, yo soy el único responsable de todo lo que le sucedió a-a…. ella y a ese bebé – termina de hablar para mirarme con los ojos rojos por las lágrimas.
- Puede que lo sea o no, pero debes superarlo… - digo mirándolo a los ojos – porque si no lo haces, la culpa que sientes te ira consumiendo hasta no tener salida – le explico – te lo digo por experiencia, yo también estuve como tu varias veces. – termino de hablar dirigiendo la mirada hacia otro lado para que las lágrimas no se me escapen.
- No creo que lo pueda lograr – dice despacio.
- Yo también lo creía y lo sigo creyendo, que nunca lograría escapar de esa oscuridad… - digo limpiándome las lágrimas que se me escaparon por recordar cuando perdí a mi beba y a Sophie – pero aquí estoy, al lado tuyo con más fuerza que nunca. – le digo mirándolo con una sonrisa.
- Gracias – dice acercándose para darme un abrazo. – siempre tienes las palabras correctas – sonríe.
- Ya terminado el tema – digo al separarnos y pararme – es hora de seguir con el espectáculo cariño – le guiño y sonrió.
- Tienes razón, a seguir con esto, preciosa – dice también parándose.
- Vamos a dentro, que nos están esperando – digo para caminar.
- Vamos, pero antes… - no termino de escuchar que iba a decir cuando siento que me toman del brazo y me dan vuelta y me toman de la cintura con fuerza para después besarme. – ahora si podemos ir. – dice riendo.
Me suelta de la cintura y me toma de la mano para caminar de regreso a la sala, donde están aún sentadas las dos mujeres en silencio, al vernos llegar se paran y la madre habla:
- Perdón hijo, no volveré a incomodarte con algo que no quieres oír – dice mirándolo y esperando a que le responda.
- Bueno madre – responde.
- Te amo hijo – dice esta y lo abraza.
- Yo igual madre – contesta al separarse.
Nos sentamos a hablar sobre la empresa, su familia y otras cosas. Ya es medio día y viene hacia nosotros la empleada cachonda a decirnos que ya estaba lista la comida, sin dejar de ver a Leandro.
- Vamos a la mesa a comer, cariños…- se dirige a nosotros – y tú Rose te puedes retirar a servir – le dice con una mirada seria.
- Si señora – dice para irse.
Vamos a la mesa a sentarnos. Yo me siento al lado de Leandro, su hermana frente a esta y la madre en la punta. Rose nos sirve la comida y se va.
- ¿de dónde dijiste que era tu familia? – me pregunta la señora al terminar de comer.
- De Roma, Italia… - respondo.
- ¿Quiénes son tus padres cariño?
- Mis padres son Luciano Bianco Martinelli y Beatrice Milano Santis.
- ¿De verdad?, pero si ellos solo tienen una hija. – dice extrañada.
- Si, mi madre estaba embarazada de mi cuando se divorciaron, al terminar con su relación mi madre se fue a Florencia junto con mi hermana Sophie para que nadie se enterase de mi existencia y así yo pudiese vivir sin el ojo público encima de mí como les sucede a mis hermanos. – digo sin interés.
- Así que t-tú e-eres hermana de Sophie Bianco… - habla nerviosa y como que se estuviera acordando de algo. – N-no puede ser, ¿h-hijo tú lo s-sabias? – pregunta mirando a Leandro, que está nervioso.
- Si, madre – responde – lo sabía.
- ¿Qué sucede?, ¿conocen a mi hermana? – pregunta sorprendida por sus reacciones al decir quién era mi hermana. ¿será ella la ex de Leandro?, no puede ser. Ella estaba comprometida con el mafioso.
- N-no sucede n-nada cariño… - contesta la señora – si la conocí en un evento de caridad hace 4 años, era hermosa – dice.
- Si, era muy hermosa, me encantaría que siguiese con nosotros y disfrutar de cada momento juntas… - me quedo en silencio y con tristeza – permiso – digo para ir corriendo al baño, ya que las lágrimas amenazaban con salir y no me gusta que las personas me vean débil.
Cuando ya estoy más calmada, vuelvo con los demás. Estos están hablando sobre algo que no alcanzo a entender. Llego al lado de Leandro y me siento con él.
- Qué bueno que regresaste, porque debemos irnos preciosa. – dice tomándome de la mano y parándose.
- Bueno cariño – le contesto y me paro.
- Bueno, me despido entonces cariño… - dice la madre parándose para acompañarnos a la salida. – espero que regresen a visitarnos pronto – habla cuando salimos de la casa para subirnos al auto.
- Eso haremos madre, cuídense. – habla Leandro, la abraza y me abre la puerta del acompañante para que entre.
- Nos vemos señora, fue un placer conocerla – la abrazo, me separo y camino a subirme al auto. Leandro cierra la puerta y se sube.
En todo el camino a mi casa Lombardi no me hablo ni miro, iba serio. Al llegar me bajo y me voy a la entrada y abro la puerta, ni siquiera vi si él se había ido o aún seguía parado fuera de la casa. Cierro la puerta, lanzo la cartera al sofá y me voy a bañar, ya bañada me visto y me acuesto a dormir.
Al día siguiente, nos vamos al aeropuerto con Dylan. Tomamos nuestro vuelo y llegamos a Roma. Julián nos esta esperando en la salida. Lo saludamos y nos subimos a la camioneta. Todo el trayecto a casa de la abuela me voy mirando las calles. Me encanta esta ciudad. Aunque nunca he estado por mucho tiempo en ella. Al llegar a casa. Bajamos corriendo hacia donde la abuela que nos esta esperando en la entrada.
- Mis niños, están preciosos – nos abraza emocionada.
- Gracias abuela – decimos.
- Pasemos, la comida esta lista. – nos dice señalando la mesa. Nos vamos directo a ella y nos sentamos. La empleada nos trae la comida. Comemos y después salimos al patio a tomar aire. Charlamos con la abuela todo lo que ha sucedido últimamente.
Ya de noche llegan mis hermanos, Thiago al verme me toma en sus brazos, Alessandro juguetea con Dylan y Federico se queda mirando. Es tímido, además que muy pocas veces hemos compartido ya que sabe que no me gusta su madre. Con el tenemos la misma edad. Me separo de Thiago y voy hacia él.
- Y eso que tenemos el privilegio que el señor Federico nos venga a visitar – digo bromeándolo para abrazarlo. Él sonríe. – aun sigues siendo el mismo tímido de siempre, ¿aun tu mami no te deja salir de tu zona de confort? – le pregunto y vuelve a ponerse tenso.
- Vamos pequeña, no lo moleste. – me regaña Alessandro. Levanto las manos en señal de inocencia.
- Disculpa si te moleste – hago una mueca.
- No pasa nada Alondra – dice – ¿es idea mía o has crecido? – comienza a molestarme. Ruedo los ojos.
- Si hermano, ha crecido – afirma Dylan. Lo fulmino con la mirada.
- Ya perdón – dice en posición de derrota.
Nos dedicamos toda la noche a bromear. Extrañaba estos tiempos con mis hermanos. Los quiero, ¿Qué?, no, los amo. se quedaron a dormir en casa de la abuela, ya que cuando nos dimos cuenta ya era muy tarde.
Al día siguiente, mi padre vino a desayunar solo, con nosotros. La tarde la pasamos en la piscina y disfrutando como “niños”, si, como niños, por que estuvimos jugando a las carreras en moto por todo el terreno de la casa de la Abuela. Después fuimos a jugar en la consola, entre otras cosas…