Capítulo 31 Maldita niebla.

1331 Words
El primero en moverse fue Nuriel, pero Declan lo detuvo rápidamente, recordando como el cuerpo de Kalila había sufrido la vez que el fénix ataco a Ukara, bajo ningún concepto, dejaría que ese ser sufriera algún tipo de daño que pudiera repercutir en la humana. — ¿Qué haces? — gruño el pelirrojo, zafándose del agarre del vampiro. — Tu cuida de Kalila, yo me ocupare. — rebatió el rubio dando un paso en dirección a la puerta. — Espera, iremos contigo, creo que son más de uno. — aviso Tahiel, sintiendo a su lobo incomodo, pues algo estaba nublando sus sentidos, ya no estaba seguro de lo que olfateaba. — No, ustedes… — Declan vio por medio segundo a Kalila y Nuriel lo comprendió, por lo que la distrajo besándola. — Estan vinculados a ella, si algo les sucede, Kalila sufrirá. — Y dicho eso, Declan al fin salió. El vampiro a pocas cosas le temía o a ninguna, más que a su corazón, pero solo le bastó con poner un pie fuera de la gran cabaña, para descubrir que incluso el humano, tenía trucos. — ¿Qué rayos? Murmuro con sorpresa, pues el solo no se veía, a decir verdad, no podía ver más allá de su mano, una niebla violeta lo rodeaba, era mucho más espesa que el humo ordinario, pero aun así podía traspasarla, dio un paso al frente, tratando de agudizar aún más su vista y oído, pero nada era claro, solo esa niebla rara y de olor penetrante, entonces quiso regresar para dar a viso de lo que sucedía, solo había dado tres pasos al frente y ahora hizo lo opuesto, dio tres pasos hacia tras, pero la cabaña no estaba, confundido, giro, y movió su mano, pero nuevamente nada, ni cabaña, ni árbol y solo el basto con hincarse, para descubrir que tampoco había vegetación, sino concreto. — Pero ¿qué mierda? ¡Tahiel! ¡Ukara! — grito casi rompiendo sus cuerdas vocales. — Señor ¿se encuentra bien? — una mano toco su hombro y cuando Declan se puso de pie… la sorpresa lo invadió. — No puede ser. — murmuro al encontrarse en el pueblo de los humanos cercano al bosque de los hijos de la luna, estaba a solo kilómetros de su antiguo hogar. — Señor… — una joven lo veía aturdida y de pronto su rostro fue de pánico y Declan estaba seguro de que sus ojos debían estar rojos. — Olvida que me viste y sigue tu camino. — ordeno una vez que atrapo la mirada de la niña con su poder vampírico y sin querer perder más tiempo, corrió, como jamás lo había hecho, necesitaba llegar a su pueblo y pedirle ayuda a la luna única. Mientras en la gran cabaña la respiración de Kalila se agitaba, no era como que estuviera haciendo alguna actividad física, más parecía que estaba siendo tomada por el miedo, o la sensación de este. — Mi fuego eterno. — la llamo Nuriel y la joven lo vio negando, aun antes de que algo le preguntara. — Yo… no lo sé, tengo miedo. — dijo casi con sorpresa, porque por un segundo pensó que es sentimiento no era de ella y Nuriel vio al brujo y al lobo, los cuales negaron casi de manera imperceptible. — Declan. — murmuro el fénix, porque lo único que explicaría que su fuego eterno se sintiera de esa forma seria que estuviera vinculada a Declan, aunque le parecía imposible, ellos poco hablaban, poco se acercaban, más bien Declan le escapaba, aunque también pudiese ser que algo sucediera con Ikigaí, se dijo el gigante. — ¿Qué sucede con Declan? — indago Ukara, con preocupación. — No lo huelo, a decir verdad, ya no huelo nada. — aseguro Tahiel, y sin pensarlo o así sea consultarlo, abrió la puerta y dejo que su lobo tomara el control. Sus garras se clavaron al suelo boscoso, de su garganta un aullido de advertencia salió, y cuando clavo sus ojos al frente… nada más que una niebla violeta que le causaba picazón en su hocico, por lo que comenzó a restregarse con una de sus patas, sabiendo que no podía ver, oír y mucho menos oler más allá de unos cuantos centímetros, quiso retornar, por lo que giro y comenzó a correr, sin comprender lo que sucedía o si realmente había saltado tan lejos de la cabaña, pues por más que corrió, no encontraba nada, hasta que de pronto sintió la presión en una de sus patas, y como algo rasgaba su piel, solo entonces volvió a aullar, aunque esta vez de dolor. — Te dije qué las trampas echas con plata funcionarían, ve, con este ya son dos hombres lobos los que atrapamos, Asher estará más que feliz. Tahiel estaba aturdido, no por caer en la trampa de un cazador, sino porque olía el bosque de su gente, pero también, porque gracias a que esos cazadores, no quitaron la trampa de plata en su pata, no podía retornar a ser un humano, estaba indefenso, pues su única posibilidad de defensa, también había sido cortada, cuando le colocaron un bozal de plata, era su fin, moriría, y en lo único que podía pensar, era en Kiriko, pero también en Kalila, el lobo y el humano eran uno, al fin, la desesperación los unía en una única suplica, volver a ver a quienes ellos amaban. Ukara veía por la ventana, el humo o lo que él pensaba que era humo no disminuía, ni retrocedía, tampoco escuchaba lucha alguna o pedido de apoyo por parte de sus amigos, sin embargo, Kalila comenzó a llorar, lagrimas pesadas y abundantes salían de sus ojos, y ella solo veía interrogante a Nuriel, mientras trataba de comprender que era lo que le estaba sucediendo. — Son ellos, algo les sucede. — dijo el brujo abriendo la puerta. — Ukara ¡no! — Kalila quiso correr tras él, pero los brazos del fénix la detuvieron, no la dejaría ir, claro que no. El brujo no lo dudo, ni por un segundo, sus manos se movieron con ligereza, de un lado a otro, pero la niebla se burlaba de él, y en lugar de retroceder, solo lo cubría un poco más, hasta que, al fin, lo trago, como si de una serpiente se tratara, Ukara fue devorado por esa espesa niebla. — ¡No! Grito cargado de frustración, porque si había conseguido el perdón de Kalila, bien podía morir, pero al menos, solo deseaba un beso, uno solo por voluntad, y fue cuando sintió su cuerpo caer, estaban en un bosque, uno que olía a hijos de la luna, pero también a cazadores y algo más, brujos errantes y eso lo lleno de miedo, estaba solo y muy lejos de Kalila. — No lo soporto Nuriel, mi pecho. — sentía la desesperación, el miedo y la incertidumbre recorrerla y Nuriel bufo molesto, no por ella, sino por los descendientes de la luna, en verdad pensó en tener una oportunidad de deshacerse de ellos. — De acuerdo, saldré, pero debes jurarme no enfadarte, porque no saldré con esta forma y el fénix no retrocederá por más que sea tu padre el que este fuera. — ¿era justo? Escoger entre tres personas que la dañaron y un padre del que poco sabia o conocía, no, no era justo. — Yo… sé que no es mi padre. — dijo lo que queria creer, mas no sabía si era lo correcto. — Bien. Nuriel giro y con un movimiento de su mano, hizo volar la puerta, antes que su cuerpo se cubriera en llamas, otra cuenca que sostenía sus trenzas se rompió y el fénix creció aún más. — Nadie perturba a mi destino. Rugió, antes que su piel dejara ver plumas de fuego y salió de la cabaña, como una flecha en llamas. Mientras Kalila solo podía pensar que queria que esa maldita niebla se disipara de un aves por todas.
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