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1712 Words

Aquello debía de ser un sueño. Esther tenía la extraña sensación de estar separada de su cuerpo, de mirar la escena desde arriba, como si estuviera ocurriéndole a otra persona. Porque ella no podía estar en una histórica mansión italiana, con el hombre más guapo que había visto en toda su vida diciéndole que iba a casarse con ella. «Guapo» no era el adjetivo adecuado para definir a Renzo, pensó. No, era demasiado duro, sus pómulos demasiado cortantes, la mandíbula demasiado cuadrada. Y sus ojos oscuros no eran más suaves. Era tentador, pero letal. Pensó entonces en lo ridículo que era concentrarse en su apariencia cuando Renzo acababa de anunciar su intención de convertirla en su mujer. «Su mujer». Pertenecer a un hombre otra vez era su peor pesadilla. No podría

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