Intento acercarme por impulso; sin embargo, me detengo al ver a una joven delgada con el pelo cobrizo acercándose a él, y le entrega lo que parece ser unas partituras, luego se marchan juntos. Yo sigo en el mismo lugar en el que me congelé hasta que recupero la conciencia.
No esperaba esto para nada, no conocí a algún familiar de Ray además de sus padres, ni escuché jamás que tuviera parientes en el extranjero. Es difícil imaginar que tienen alguna relación de sangre, pero no podía explicarlo de otra manera que fuera racional.
Salgo del instituto y veo a Roxana esperándome de nuevo en su coche. Subo, me saluda y conversamos un poco. Me agrada mucho hablar con Roxana, pero ahora solo quiero pensar en aquel chico, quiero saber su nombre, conocerlo y saber si tiene alguna conexión con Ray. La pregunta es: ¿Volveré a verlo? Llevaba ropa casual, lo que significa que no estudia allí; o quizás, lo hace pero no fue a clases hoy. En conclusión, debo encontrar la forma de volver a verlo.
En la mañana siguiente, bajo del coche de Roxana y cruzo la entrada principal. Mientras camino para llegar a la puerta del edificio, escucho una voz aguda a lo lejos, gritando: "¡Dila! ¡Dila!". Aquella voz es tan llamativa que es difícil ignorarla; de todos modos, decido continuar hacia adelante, en lo que siento una mano caer sobre mi hombro izquierdo. Volteo sorprendida y veo que la dueña de esa mano es la presidenta, quien trata de recuperar el aliento después de haber corrido hasta mí.
—¡Dila, por fin te alcanzo! ¿Llevas auriculares o algo parecido? ¡Te llamé varias veces! —exclama.
—No me llamo Dila —asevero.
—¿De verdad? ¡Lo siento! ¡Soy mala para recordar nombres! —dice, pasándose la mano por la cabeza—. Entonces, ¿cómo te llamas?
—Dalila.
—¡Ah! ¡Es lo que quería decir! —exclama con entusiasmo—. Quiero que me esperes en la entrada de la cafetería, hablaré contigo acerca de algo importante.
"Ya se estaba tardando", pensé.
—Está bien —acepto sin objeción. Se adelanta y se apresura a subir las escaleras, voy detrás suyo y llego al aula.
Cuando suena el timbre del recreo, salgo del aula y procedo a esperarla en la cafetería. Luego de unos minutos, la veo acercándose y me toma del brazo.
—¡Gracias por esperar! Ven conmigo —dice.
La sigo a través de la cafetería, compramos unos sándwiches y luego nos sentamos en una de las mesas. Después de ello, pensaba que me diría un montón de cosas raras o quizás me amenazaría "amablemente"; sin embargo, se quedó en silencio con la mirada hacia abajo.
—Presidenta, ya estamos aquí, ¿de qué querías hablar? —tomo la iniciativa.
—Este... No sé por dónde empezar... —dice insegura. De repente, baja la cabeza y exclama fuertemente "¡Lo siento!". Las estudiantes que se encontraban allí voltearon para mirarla con extraño semblante, pues no entendían lo que estaba sucediendo.
—¿Porqué? —pregunto sorprendida.
—Por hacerte ver aquello en tu primer día —responde avergonzada.
—No te preocupes, no fue tu intención que yo lo viera —digo.
—¡También supe que estuviste aquí por la tarde ese día! Olvidé que prometí que te ayudaría a escoger un ateneo... Lo siento —baja la mirada.
—No Importa, lo harás en otro momento —apoyo el codo en la mesa y acomodo la barbilla sobre mi mano—. A todo esto, presidenta, ¿porqué escogiste la biblioteca para hacer tal cosa?
—No lo escogí, simplemente sucedió —contesta con las mejillas sonrojadas de la vergüenza.
—Bien, aceptaré tus disculpas —agrego —pero ten más cuidado la próxima vez, tuvieron suerte porque fui quien los descubrió pero si hubiese sido diferente, si en mi lugar hubiera ido la profesora de literatura y los viera, se habría convertido en un completo desastre.
—Eso significa que no se lo dirás a nadie, ¿cierto? —pregunta ansiosa.
—Si tenía ese propósito, ya lo hubiese hecho, pero no quiero formar parte de conflictos ni ocasionar uno. Puedes estar tranquila.
—¡Muchísimas gracias! ¡De verdad me alegra de que hayas sido tú! —exclama y luego suelta un suspiro de alivio. Sin embargo, tal alivio no me parece justo.
—Presidenta, ¿eres consciente de que eres menor de edad y que el profesor podría ir a la cárcel si los descubren? —intento que su corazón sienta temor y dudas, pues lo que hacia me parecía peligroso.
—Lo sé, y él también lo sabe. Pero eso no sucederá —responde con certeza.
—Lo importante es que lo tengas en cuenta, debes prepararte para cualquier evento inesperado.
—Gracias por el consejo, ¡de verdad! —dice, tomándome de ambas manos y extendiendo la comisura de los labios, brindándome una relajada sonrisa.
De repente, se aproxima una joven, quien llama la atención de los alrededores y despierta murmuros.
—¡Paloma, te estaba buscando! Qué estás... —se detiene al ver cómo la Presidenta se encuentra tomándome de las manos—. ¿Qué es esto, una declaración amorosa? —dice sarcástica.
—Soraya, baja la voz —responde la presidenta—. Estoy hablando con la chica nueva y dándole indicaciones sobre el instituto —agrega, haciendo una mueca como pidiéndome que le siguiera la corriente.
—¡Oh! ¿Eres la nueva? —pregunta Soraya, enérgica.
—Estamos en el mismo aula, se llama Dila —frunzo el ceño al oírla, pero decidí no corregirla, hasta que logra notar su error—. ¡Ah! ¡Lo siento! Es Dalila, su nombre es Dalila.
—¡Hola Dila! —exclama fuertemente—. ¿Cómo te ha tratado el instituto hasta hoy? Aunque te resulte difícil de creer, eres la sensación aquí, ¡todos hablan de ti! Sería bueno que nos contaras un poco sobre tu país, ¿cierto?
Estaba sorprendida por la sobrecarga de energía de la presidenta; sin embargo, la hiperactividad de Soraya se encuentra en otro nivel.
—Tómalo con calma, Sora —dice la presidenta, soltando una ligera risa.
—Presidenta, si no te molesta... —intento hablar pero me detiene.
—¿Porqué sigues llamándome "presidenta"? ¡Dime Paloma! —sugiere.
—Paloma, si ya no tienes nada más que decir, me iré de nuevo al aula. El recreo terminará en unos minutos.
—¡Ah! ¡Tienes razón! —toma su sandwich y lo mastica con prisa.
Me levanto de la mesa con intención de regresar al aula, pero antes de que pudiera hacerlo, Paloma me detiene.
—¡Espera! —exclama, lo que me hace voltear en un impulso.
—¿Si?
—¡Seamos amigas! —expresa.
¿Qué?
–¿Qué? –no pude evitar decirlo en voz alta.
"No hay necesidad de serlo, te hice una promesa y no pienso romperla", es lo que pensaba decirle, estaba a punto de hacerlo; sin embargo, veo a una chica de pelo cobrizo viniendo por detrás de mí y se acerca a la mesa en donde se encuentran Paloma y Soraya. Esa chica es quien hablaba con aquel chico paisaje en la entrada principal.
Entonces encontré la respuesta, supe en ese mismo instante que ella es el camino para llegar a él. Tenía que ganarme su confianza, de alguna manera.
—Vaya... Pedí a Sora que viniera a buscarte y terminé viniendo a buscarlas a ambas —dice mientras suelta un suspiro.
—¡Está bien! —exclamo repentinamente, dando respuesta a la insinuación de la presidenta. Las tres fijan su mirada en mí.
Seamos amigas, Paloma.