La fortaleza y las atenciones de Gaël me hicieron olvidar el bochornoso día. Me hallaba relajada y contenta, quizá fuera por el par de polvos que había habido esa misma tarde, pero sentía como si me hubieran quitado un aplastante peso de encima. Por fin todos o casi todos sabían de lo mío con Gaël, y eso me alegraba tanto como a él, aunque al principio me hubiera comportado reticente. Miré a mí alrededor y no lo hallé en la cama ni en ningún sitio de la pequeña habitación. ¿Dónde estaría metido el señor Gaël Bessette? Fui a buscarlo y lo encontré para mi completísima sorpresa ¡acariciando a Rocky! No me lo podía creer, después de lo exasperado y antipático que se había comportado con él. Mi gato persa ya había regresado a su hogar. Sonreí como una boba y me quedé observándolos mientras

