Tras haber hecho una pequeña maleta me marché a casa de Gaël. Me hallaba súper contenta. Gaël me había pedido que me fuera a vivir con él, y por supuesto yo le había dicho que sí, pero con una condición, Rocky tenia que venir conmigo. Él había meditado un poco y refunfuñado otro, sin embargo, había accedido. Claro, no le quedaba de otra. A la mañana siguiente después de una noche de pasión y desenfreno me sentía de lo más feliz, y aquello se reflejaba en mi rostro. Me miré al espejo y me sonreí a mi misma. La sonrisa que curvaba mis labios era satisfactoria y esta alcanzaba a mis ojos que brillaban como diamantes expuestos a la luz, desprendiendo destellos y resaltando el gris de los mismos. Las mejillas estaba sonrosadas y no necesitaba la aplicación de maquillaje alguno. Así, pues regr

