Capítulo 1: Divina aplicación

1361 Words
Nicole Cinco años atrás  Si el primer día en que decidí estudiar medicina, alguien se hubiese apiadado de mí, avisándome que una vez me graduara no iba a tener tiempo ni de rascarme el trasero, tal vez, me lo hubiese replanteado. Bueno, no voy a mentir, lo hubiese estudiado de igual manera, me encanta mi profesión; aunque unas vacaciones me sentarían fenomenal. Una isla en el Caribe, una cálida playa y un mojito. “¿Un mojito? Un buen moreno con el abdomen marcado” Eso tampoco estaría nada mal. Es sábado en la noche. Estoy de guardia y más sola que el uno. —Nicole. Nos vamos —me anuncia Samara, desde la puerta del departamento de urgencias—. Dejamos todo perfectamente ordenado para cuando lleguen a relevarnos. ¿Relevo? ¿Por qué yo no tenía de esos? —Está bien, Sa. Nos vemos pasado mañana. Me despido, sin pasar algo, o más bien, a alguien por alto. —¡Hey! ¿A dónde crees que vas? —le pregunto a Betty—. Usted está de guardia —espeto, algo molesta y frustrada. “Joder Nico, necesitas un café, de esos con bastante vodka o tequila y cero cafeínas” —Doctora de Ara, la asistenta García, tomará mi lugar y la semana próxima le cubriré yo su turno —explica. Betty es parte del nuevo grupo de residentes que tengo bajo mi supervisión. Una chica muy inteligente, con un futuro prometedor que se verá afectado si no toma con seriedad sus pasantías. —¿Cuándo pensaban informármelo? —cuestiono. —Yo. Doctora. Emm… —tartamudea, llevándose la mano derecha hacia la boca para devorar sus uñas. Está nerviosa y yo, estoy siendo una aguafiestas. Suspiro y la libero de su guardia. Sobre las dos de la mañana, Enrique, el otro anestesista; un gilipolla de primera, se digna a aparecer cuando debía de haberlo hecho hace dos horas. —Hola muñeca. Su saludo es un detonante para que mis entrañas se revuelvan del asco. —Nicole. Enrique. Mi nombre es Nicole —respondo tajante, alejándome de prisa. —Siempre tan arisca, Nicole —ronronea mi nombre en un intento de ser sexy. ¿Cuándo este hombre entenderá que es solo náuseas lo que me provoca? —Siempre tan repugnante, Enrique. Dejándolo con sabrá dios qué palabra en la boca, salgo disparada de la sala de guardia para ir a la habitación de descanso. A las seis de la mañana debo relevarlo. Desabrocho mi bata verde, quedándome en el lindo pijama que Jazmín me regaló en las navidades pasadas, tomo mi celular y me dejo caer en la incómoda cama. Reviso todos los chats de w******p, empezando por el de Thalía, es una de mis primas lejanas por parte de madre, que se vino a España apenas hace cuatro años, trabaja a media jornada de niñera y quien mejor que ella, que es familia, para cuidar de Sue ahora que Jaz comienza a trabajar. Thalía me ha enviado varias fotos de mi pequeña mientras duerme. Sue, llegó a mi vida hace seis años, ella fue producto de ese 3% que los condones tienen de poder fallar. No deseaba convertirme en madre. Me encontraba en plena especialidad, alejada de mi familia y prácticamente con todas las cuentas en rojo, debido a los grandes gastos que implicaba mi carrera; más nunca pasó por mi mente realizarme un aborto. Estaba feliz, tendría un bebé del hombre que amaba y el cual creía que era el amor de mi vida. ¿Problema? Preparé toda una de esas bellas sorpresas super creativas que ves en Pinterest, con globos, velas y una exquisita comida para nada, bueno, para algo si me sirvió, para darme cuenta que era un grandísimo hijo de la gran p… “¡Nicole! ¡Las palabrotas!” Uf, cierto. En cuanto le mostré la prueba positiva, Rogelio sacó su libreta de cheques, rellenó las líneas donde iba mi nombre y su firma, dejando en blanco la cantidad. —Aquí tienes. Ponle la cifra que quieras. No me interesa la cantidad. Ve. Aborta. Y olvídate que existo. Qué hermosas palabras ¿No? (nótese el sarcasmo) Pues más hermoso fue su careto cuando le estampé la torta de chocolate en ella. —¡Y el cheque te lo metes por el culo! —le había gritado. Y la verdad, no me arrepentía de la palabrota, al llegar a la casa puse los cinco euros en el frasco. Esos habían sido los mejores cinco euros gastados de mi vida. El imbécil había renegado de Sue, pero no me importaba, me tenía a mí, a su madre, dispuesta a darlo todo porque fuera feliz. Además, teníamos a mi rubia preferida, Jaz, quien me dio todo su apoyo. Observo las fotos una vez más y río, orgullosa al ver lo hermosa que es. No es amor de madre ¿vale? Mi hija es hermosa, con su piel trigueña y sus risos largos, ojos delineados y cejas y pestañas bien pobladas, sus labios regordetes y esos lindos lunares que le adornan sus mejillas; según mi madre, es muy parecida a mi papá, al cual yo tampoco pude conocer. La barra de notificaciones se expande dejando ver las alarmas de la molesta aplicación de citas, que Freeda, una de las cirujanas descargó en mi celular y hasta un perfil muy llamativo, terminó creándome, ya que, según ella, mi constante mal humor se debe a los largos seis años, que llevo sin sexo. “¿Seis años? ¡Joder! ¿Nico que guardas allá abajo? ¿La reserva nacional?” A todas mis amigas le parecía una eternidad, y, tal vez, sí lo era, pero a mí se me habían pasado volando los años entre el trabajo y el ser mamá, tanto así, que a veces me observaba en el espejo desnuda y no podía reconocer mi cuerpo, no recordaba esos lugares sensibles que te hacían alucinar con apenas un roce. En fin, eso que tanto me decían, ya medicamente era posible, volvía a ser virgen. > Leo la notificación y por qué no echarle un vistazo, a lo mejor, esta vez tengo suerte y al menos, es un chico bien parecido. Sí, lo reconozco. Una que otra vez les había echado el ojo a varios perfiles. Cruzo deditos de la suerte y me dirijo a la aplicación. Username: Andrés4_23 País: Madrid Ocupación: doctor Es toda la información que ofrece en su perfil. Abro su foto de presentación y agradezco estar acostada porque de no ser así, hubiese podido caer al suelo. En la foto de portada aparece en unos shorts verdes muy cortos, saliendo de la playa y dejando a la vita su marcada tableta de seis; para completar, la de perfil es una imagen ampliada, donde solo se puede observar la mitad de su rostro, labios gruesos que resaltan en la insipiente barba y unos ojos azules enigmáticos. Si este hombre es todo cierto, bendito sean sus progenitores, porque han creado un dios. Andrés4_23: Buenas noches, linda ¿Te apetece hablar? Este tío está como un queso, pero ese 23, en su Username, me preocupa que sea su edad. > Respondo y veo que rápidamente comienza a teclear su respuesta. Andrés4_23: A ti, castaña, te contesto lo que quieras. Si tu duda es por el 23 en mi nombre de usuario, te informo que la unidad de medida no son años, sino centímetros. Tengo 37 años. ¿Centímetros? “Menudo amiguito que se carga el tío” Sonrío, entre nerviosa y golosa, algo sonrojada por su insinuación. Nico_le30: Me gustan los números y la edad también (inserto emojie de guiño). Andrés4_23: ¿Entonces, eso es un sí? Nico_le30: Si eres tú, el macizo de la foto, eso es un sí, rotundo. Envío sin la más mínima vergüenza ya que lo más probable es que a este tío no lo vea en toda mi vida. La guardia va para largo y pienso, al menos, pasármela bien. ¿Qué digo bien? Si este tío me está haciendo videollamada. La pasaré en *grande.
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