Nueve meses después de la muerte de Alistair Bentinck, ella abría de nuevo esa puerta para encontrarse con la mujer encadenada, que gritaba de dolor a punto de dar a luz. Él, iba a encargarse del parto, y sabía que en cuanto el bebé naciera se acabaría la felicidad que había supuesto para alguien como ella aquellos últimos meses. El gato n***o que estaba en la habitación se le acercó y le ronroneó acariciándose contra su pierna, pero se lo quitó de encima con un leve empujón. No fue muy brusca porque sabía que, a Él, no le gustaba que tratara a la gata de aquella manera. Se quedó mirando como el animal se alejaba con la cabeza gacha lamentándose por ser rechazado. Suspiró resignándose a aquellos minutos en los que dejaba atrás los últimos meses. Recordó el momento en que la rescató y la
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