Seline no podía dormir, pensaba en Aland recordando la agradable visión de haberle visto el torso desnudo unas horas atrás, cuando lo llevaron a su habitación y comentó que le dolía la espalda y le quitaron la chaqueta y la camisa interior, para encontrarse con varios arañazos causados por haber sido arrastrado por el suelo. Así que, con la excusa de ir a preguntarle si se encontraba mejor, Seline se dirigió hacia su habitación, que estaba contigua a la suya, con ciertas intenciones... y llamó a su puerta. —¿Quién es? —oyó preguntar desde el interior. —Soy Seline, ¿estás dormido? —Ya no —contestó una voz con sorna. —Lo siento, déjame entrar. —Está abierto. —¿Tienes la puerta sin seguro con todo lo que está pasando? —le preguntó cuando entraba. —Se me olvidó cerrar y no tengo fuerzas

