Había estado durmiendo demasiado tiempo y eso le había hecho perder fuerza y ganar en torpeza. Casi le ganan la partida y los hombres que había puesto a su disposición, a pesar de ser increíblemente fáciles de manipular, no habían servido para casi nada. Y ahora aquel gato, que era una de sus mejores bazas, volvía con las manos vacías y con la marca de la vergüenza en la frente. El animal se había acercado a él con cautela, le ronroneó frotándose contra su pierna buscando algo de consuelo, pero lo rechazó de un puntapié y le ordenó no volver a salir hasta que él se lo permitiera. Todavía le iba a llevar un poco más de tiempo, hasta que pudiera salir de aquel rincón oscuro y caminar con más libertad. Hasta ahora había tenido que alimentarse de animales y de alguna que otra mala pieza de lo

