Boda
POV Madisson
—Eres mi vida Maddy, y no quiero que pienses que te abandono, pero necesito hacer este viaje. Mereces más de lo que puedo ofrecerte — escuché sus palabras y no lograba entender lo que decía, en mi solo se repetía una y otra vez que iba a irse —Di algo Madisson, tu silencio me asusta.
—¿Qué puedo decir? ¡vas a irte!…. No quiero que lo hagas, soy feliz contigo, no espero que me des riqueza, solo que me ames —Mis palabras salieron entrecortadas, la presión en mi pecho me estaba ahogando.
—Estás acostumbrada a los lujos, a ir a sitios costosos, vives en una mansión de millones de dólares. Mírame Maddy apenas y puedo pagar este pequeño lugar con lo que ganó en el bar, quiero darte todo, un lugar donde puedas vivir como estás acostumbrada, sin ningún tipo de privaciones.
—¡Dios Connor! jamás me he quejado de nada, vengo aquí feliz, no me importa que lugar sea, después que estemos juntos no importa… Además eso que harás es peligroso, piénsalo no necesitas hacerlo —empezó a negar al escucharme.
—Solo será un mes Maddy —dijo con pesar, verlo así me rompió el corazón, yo nunca le exigirá nada, pero él se sentía inferior y por más que intenté demostrarle que eso no importaba, no logré sacar aquello se su cabeza —Solo apóyame, te prometo que volveré y no me separaré de ti nunca más —me pegó a su cuerpo y me hizo verlo a los ojos.
—Promete que vas a cuidarte, y si ves que las cosas son más complicadas de lo que dijeron vuelve enseguida —respondí luego de unos segundos, al escucharme sonrió y me elevó por los aires mientras giraba sin parar.
Sus labios tomaron los míos con mucha pasión y deseo, me dejó parar sobre mis pies, mientras sus manos de forma rápida retiraron las prendas de mi cuerpo.
—Voy a extrañarte demasiado —besó mi garganta y una de sus manos palmeo unos de mis glúteos — tu olor, tu sabor, tus gemidos —dijo aquellas cosas en susurros mientras besaba mi cuello y hombros provocando qué la excitación creciera en mi.
—Entonces no te vayas, podemos quedarnos aquí y hacer el amor y tener sexo todos los días, preocuparnos de nada —sonrió ante mis palabras, me alzó entre sus brazos y me llevo hasta la cama donde sus besos y caricias se subieron de tono, tanto que perdí la nocion del tiempo.
—Debes prometer que vas a esperarme —sus palabras salían entre jadeos, mientras entraba y salía de mí con fuerza.
—Lo haré, prometo que lo haré, jamás te olvidaría Connor Dixon —Sus dientes mordieron mi labio inferior haciéndome erizar, sus embestidas se volvieron más rápidas, tanto que no una ola de éxtasis me invadió, tanto que lo hice acostarse y me subí sobre él, tomándolo a mi ritmo.
—Eres hermosa nena, verte desnuda sobre mí es mi imagen favorita —sus manos se aferraron a mis caderas y sus labios jugaban con mis pezones, podía sentir su longitud llenarme, tanto que dolía pero me excitaba al mismo tiempo.
—Jura que vas a volver, promete que no vas a dejarme sola, no podría seguir sin ti—le dije mie tras liberaba mi orgamos.
—Siempre vendré de vuelta a ti Madisson, pasé lo pasé siempre serás tú la dueña de mi corazón, mis pensamientos y deseos, nunca nadie ocupará tu lugar en mi vida Maddy. Te amo bonita nunca lo olvides.
Todo aquello quedó solo en promesas, palabras tiradas al olvidó, el mes y medio que dijo pasó y él no volvió, ni siquiera una llamada en ese tiempo, por más que intente no logre comunicarme. El tiempo siguió pasando, 2 meses, 6, meses, un año, 2 años y no volvió y yo me hice a la idea que no volvería, entonces enterré en lo más hondo de mí mi corazón, rehusando volver amar nunca más, no le daría mí corazón a nadie que después lo terminaría destruyendo.
Dos años más pasaron y yo seguía sola, aparentando ser feliz, que vivía mi vida conforme a como estaba, pero la realidad era otro Connor aún seguía metido en mi pecho, por más que intentaba no salía, su recuerdo no me dejaba, nunca lo hacía. Entonces la propuesta de matrimonio llegó, la empresa estaba en la quiebra, y la persona que podía ayudar a papá a mantener todo en orden, solo pedía una cosa, que fuera su esposa, entonces acepte, ya no podía sentir, nada me llenaba, y tampoco esperaba volver amar, y sí casarme ayudaría a mi familia a salir del problema entonces lo haría, no tenía nada que perder.
Ahora estaba aquí frente a un espejo, admirando mi perfecto maquillaje, mi perfecto peinado, listo para unirme a Nathan Ford, el hombre que me estaba comprando, al que le daría mi vida a cambio de dinero y activos, una sonrisa amarga se reflejó en el espejo, que borre al instante por la llegada de mi madre, frente a todos siempre mostraba una sonrisa, había aprendido a fingir tan bien, que yo misma llegaba asustarme.
—Estas hermoso cariño, serás la novia más linda que pudiera existir. — beso mi cabeza con ternura. —aunque todavía falta el vestido tan espectacular que diseñaste. —al escuchar eso una amargura me envolvió por dentro, pero no lo demostré.
Tenía una carrera en Finanzas, pero mi pasatiempo favorito era dibujar, lo hacía siempre que tenía tiempo o me sentía estresada, aquel vestido lo dibuje hace años, con la tonta idea de usarlo con Connor, cosa que nunca pasó. Un día mi madre mencionó aquel diseño frente a Nathan, insistió tanto que termine mostrándole y como si fuera una maldita broma pidió que fuera ese el vestido que usara para la boda, quise negarme pero mi padre y él insistieron tanto, que no me quedó más que aceptar. Estoy apunto de casarse con un vestido que diseñe para hacerlo con otro hombre, que broma más cruel del destino, hasta en este día Connor Dixon estaría presente.
Después de un sin número de consejos de como tratar a mi futuro esposo, al fin puede terminar de vestirme, el vestido de encaje lleno de pedrería adornaba el espejo frente a mi.
Blanco color marfil, ajustado en la parte superior, con mangas largas de encaje, un cuello en uve terminando justo entre mis senos, la parte inferior estilo bailarina, encajes y más encajes, de diferentes tonos de blanco, parecía una de esas muñequitas de porcelana que usan de adornos. Admire mi propia belleza en el espejo, no era vanidosa pero debía decir que lucía espectacular, mis ojos color caramelo contrastaba de manera perfecta con el color café de mis labios, y me cabello castaño caía en cascada sobre mi espalda, dándome una aura imponente e inocente al mismo tiempo.
Mi madre pegó el grito al cielo al ver la hora, estábamos una hora tarde, más el viaje hasta la iglesia que estaba bastante alejada, nos tomaría otros 45 minutos, Según ella las novias siempre se hacían esperar pero yo estaba excedida de la hora, con las prisas de mi madre me encamine a la puerta y subí a la limosina gris que nos esperaba.
No había sentido nada hasta el momento pero ahora a pocos minutos, una sensación amarga y angustiante empezó a crecer en mí, estaba lista o segura para esto, casarme con Nathan, estaba completamente segura de unirme a él para siempre, de compartir su cama, de entregarme a él, de darle hijos, porque era justo lo que buscaba, ya había dicho en varias ocasiones querer muchos hijos, estaba lista para convertirme en una máquina procreadora de bebés, una saciadora s****l para cumplir sus deseos, aquel pensamientos me hizo sentir repugnancia.
Nathan era el típico hombre rico que creía podía tener todo lo que quería, nadie se le podía negar, y si alguien osaba hacerlo, lo hacía pagar caro, aunque trataba de siempre parecer amable y comprensivo, sabía en el fondo que eso no era más que una fachada; podría yo tolerar vivir así.
Es un hombre guapo, imponente, emana un aura de superioridad que lograba hacer sentir inferior a cualquiera, supongo que ser heredero de la gran familia Ford le daba cierto grado de arrogancia.
Suspiré al ver el auto estacionado frente a la iglesia, mamá había escogido una a las afueras de la ciudad, estaba situada justo en un acantilado, el lugar era hermoso, y daba un aura de cuento de hadas con la fachada de época antigua.
La música nupcial empezó a sonar, mientras yo tomaba el brazo de mi padre, no dijo nada pero la mirada que me dio fue suficiente, era una de total advertencia, más me valía mantener feliz a Nathan.
Con la mirada de todos frente a mí, empezamos a recorrer el camino hacia el altar, puse mi mejor cara y sonreí, pero por dentro empecé a sentir el impulso de correr, de huir de allí, él apretón que ejerció mi padre en mi mano hizo volver a la realidad, para encontrar la sonrisa de Nathan, un escalofrío recorrió mi cuerpo, su mirada era diferente a la de siempre, había algo perverso, sádico, aterrador.
Intuía que él no era lo que aparentaba, pero ahora estaba segura, su mano tomó la mía y me hizo parar a su lado, el cura frente a nosotros empezó la ceremonia y yo en mi interior deseé poder desaparecer, estaba segura de hacerlo, pero ahora en medio de todo me arrepentí.
Mordí mi labio inferior, reuniendo las fuerzas para negarme en cuanto el cura hiciera la pregunta, lo sentía por papá y el resto pero no podía hacerlo, no quería.
De pronto una voz gruesa retumbó a mis espaldas, aquella me paralizó, no podía respirar bien siquiera, y sentí como mi cuerpo perdía la fuerza.
Aquella voz la conocía muy bien, era la voz de la personas que creí jamás volvería a ver.