El amanecer no trajo alivio. La luz gris entró por las ventanas del taller cuando aún estaban sentados frente a los documentos. El silencio de la madrugada había sido técnico. El del amanecer era físico. Sonó el teléfono fijo. No el móvil. El fijo. Ese detalle fue lo primero que tensó el aire. Silvia respondió. —Taller Rivas. Escuchó. No habló durante varios segundos. León observó el cambio casi imperceptible en su expresión. —Sí… entiendo. Colgó despacio. —El banco ha bloqueado la línea secundaria. León asintió apenas. Era el siguiente paso lógico. —¿Ejecución inmediata? —preguntó. —Preventiva. Peor. Preventiva significaba que el sistema ya estaba activado. Silvia caminó hacia la ventana del despacho. Desde allí se veía el patio donde dos empleados descargaban material

