Ante la interrupción inesperada, Basil mira con preocupación a Callice y Alexios, reconociendo el peligro que Stavros representa. El sí oyó hablar del sujeto en relación a la muerte de Bautista, pero nada habían dicho en concreto, aunque dejaba traslucir que así como oculto, todo sobre él era peligroso ya que tenía conexiones políticas.
—Concuerdo contigo—, dice Basil en voz baja, dirigiéndose a los demás. —Si Stavros está aquí, significa que las cosas pueden ponerse peligrosas rápidamente. —
El jefe de seguridad ingresa a la sala. —Hay movimientos alrededor del hospital. Hemos bloqueado el ingreso. —
Javier y Makis intercambian miradas, mientras que los gemelos parecen estar en alerta máxima.
—De acuerdo—, responde Javier, poniéndose de pie. —Necesitamos evacuar, y nosotros nos encargaremos de estos tipos. ¿Hay alguna salida segura para los heridos?—
Basil asiente. —Sí, tenemos vehículos en una salida trasera y el helicóptero en la terraza. Será más seguro que tratar de salir por la entrada principal. —
Rafael se une al grupo, su expresión seria reflejando la urgencia de la situación. —Vamos entonces. Necesitamos saber la situación de Thanos. Ustedes saldrán por la terraza con Aria y el bebé, mientras nosotros nos ocupamos de los posibles intrusos. —
Mientras Miguel y el equipo médico trasladan a Aria y al bebé al helicóptero, Rafael y los demás se preparan para enfrentar cualquier amenaza externa.
—Nosotros nos encargaremos de mantener el control aquí—, dice Makis, su mirada fija en la puerta. —Pero necesitamos alejar a los intrusos el mayor tiempo posible. Prepararemos el señuelo y nos aseguraremos de mantenerlos ocupados. —
Con cada uno cumpliendo su papel en la operación, el grupo se prepara. Makis con la ropa de Aria, una peluca Rubia y un bulto simulando al niño, se acerca junto con Alexios a tramitar el alta del falso Kaisar, que será trasportado en una ambulancia hacia las afueras de la ciudad, lejos del puerto. El equipo de seguridad estratégicamente ubicado mirando cada acción de los allí presentes. Alguien allí dentro delató la presencia de los Callas en el hospital.
Entonces, Makis, Alexios y Miguel suben a la ambulancia y parten rápidamente del hospital, activando las sirenas para abrirse paso por el tráfico. Mientras se alejan, observan varios vehículos siguiéndolos de cerca, lo que confirma sus sospechas de que han sido descubiertos y están siendo perseguidos.
En la ambulancia, Makis y su equipo mantienen una comunicación constante con los enlaces de seguridad, informando la ubicación exacta y la situación en tiempo real. Al mismo tiempo, parte del equipo de seguridad parte tras los intrusos, manteniendo una distancia segura para no alertarlos mientras siguen la caravana de vehículos desconocidos.
El jefe de seguridad, atento a la situación, selecciona a sus mejores hombres para responder ante cualquier eventualidad. Una parte del equipo se dirige hacia los automóviles de apoyo, mientras que otros esperan en el punto de encuentro. Al mismo tiempo, algunos mantienen vigilancia sobre los vehículos que siguen a la ambulancia.
La ambulancia avanza a gran velocidad, esquivando obstáculos y sorteando autos que se cruzan mientras es implacablemente perseguida. Los vehículos que la siguen intentan desviarla del camino, como depredadores al acecho, deseando hacerla estrellar contra cualquier obstáculo.
Dentro de la ambulancia en movimiento, Makis, Alexios y Miguel se aferran desesperadamente, luchando contra las fuerzas centrífugas y las maniobras bruscas. La frustración de no poder dispararles es abrumadora; aún no han salido de la zona urbana, por lo que no pueden permitirse llamar la atención.
—Estamos llegando al punto de la emboscada—, informa Makis por radio, con firmeza a pesar de las dificultades. —Intentaremos llegar al punto fijado, aunque nos están poniendo las cosas difíciles. —
Dos vehículos se acercan peligrosamente intentando interponerse en su camino. El experimentado conductor lo impide más de una vez, mientras acelera haciendo maniobras de evasión. Otros dos vehículos se ponen a la par, tratando de sacarla de su curso, y es ahí cuando están a escasos metros del punto de emboscada y preparan armas.
Con la situación cada vez más tensa dentro de la ambulancia, Makis y su equipo se preparan para el enfrentamiento inminente. Con las armas en mano y el cuerpo electrizado de la expectativa, están listos para acabar con ellos.
El conductor, mostrando una habilidad excepcional al volante, realiza maniobras arriesgadas para esquivar a los vehículos que intentan bloquearlos. Cada movimiento es crucial mientras se acercan al punto, con la esperanza de llegar a salvo y poder repeler el ataque.
—Preparados, deben llegar lo antes posible. Esa ambulancia no es a prueba de balas. — Dice el jefe apurando a sus soldados.
—Listos—, declara Makis, preparándose para hacer frente a sus agresores. La adrenalina está en su punto máximo mientras se acercan al punto crítico de la operación. Sincronizados como si lo hicieran todos los días, están ya disparando y abriendo las puertas antes de que el vehículo termine de frenar. Abriendo fuego contra lo que se viene.
En ese momento crucial, el equipo de seguridad está completamente concentrado, listo para actuar con rapidez, rodeando a los intrusos y resguardando a los ocupantes de la ambulancia.
Las balas venían de todos lados por lo que Makis, Miguel, Alexios y el conductor tuvieron que ponerse a resguardo hasta que todo se calmó.
Después de unos momentos de intensa lucha, la situación se calma y el equipo emerge de su refugio. No queda rastro de los hombres de Stavros, y los miembros de seguridad registran el área en busca de cualquier evidencia que pueda ayudar en la identificación de los atacantes. Sin embargo, sus esfuerzos resultan infructuosos.
Hacen un gesto negativo al jefe. —Ni radios, ni identificaciones. —
—Quemen todo. Que no quede rastro de esto—, ordena el jefe de seguridad. Con la orden dada, el equipo se retira del lugar, dejando atrás el caos del enfrentamiento.
—Thanos ha salido de la operación. Un helicóptero sanitario lo llevará hacia la isla. Todos están llegando a casa—, informa uno de los miembros del equipo, transmitiendo buenas noticias en medio de la tensión.
—Entendido, vamos de vuelta hacia el hospital—, responde el jefe de seguridad, dirigiendo al equipo de regreso a su base de operaciones.
—Algo no está bien. — Dijo el jefe de seguridad. —No contaban con radio, o eran demasiado confiados o todo era una trampa. —
El comentario resuena en el grupo mientras regresan al hospital. La sospecha de que el ataque pudo haber sido una trampa planeada meticulosamente se cierne sobre ellos, sembrando una sensación de inquietud en el aire.
—Tenemos que estar alerta—, advierte, instando a su equipo a mantener la vigilancia en todo momento. —No podemos dar por sentado nada en esta situación. Mantengan los ojos abiertos y estén listos para cualquier eventualidad. —