Confesiones

1141 Words
Aria Despierto extrañada al encontrarme en mi cama, con ropa de dormir. Lo último que recuerdo es a Thanos herido… y lo que me dijo. Tengo que aceptar que no me quiera ver, no pienso rogar. Por más que me sienta deshecha por dentro tengo que pensar en mi bebé. Intentaré que lo vea, Kaisar debe conocer a su padre, pero será mejor que pensemos en partir, ya no siento deseos de estar en un lugar donde no me quieren. Necesito hablar con alguien de esto, necesito un consejo o perspectiva distinta pues me domina la confusión, el dolor y estoy enojada. Enojada como nunca por la injusticia, nunca imaginé que me trataría de ese modo. No someteré a este tipo de tratos a mi hijo. Voy por un baño y cambio de ropa, necesito relajarme. Lo importante siempre será para mí, mi hijo. Tocan la puerta y doy permiso. Me sorprendo al ver a Callice con Kaiser en brazos, acompañada de Alexios. — ¿Que está pasando aquí?— les digo sorprendida de ver a mi pequeño fuera del hospital, lo tomo en brazos para llenarlo de besos. —Han pasado muchas cosas, por eso hemos venido a contarte. — Dice Alexios. —Es mejor que tomemos asiento. — Mientras escucho a Alexios relatar los eventos del día anterior, siento que una parte de mí se endurece. La ira comienza a arder dentro de mí, una mezcla de indignación y rabia por las injusticias que hemos sufrido. No puedo creer que mi propio tío sea responsable de tanto dolor y sufrimiento en nuestra familia. La confianza que alguna vez tuve en él se desvanece, dejando un vacío amargo en mi corazón. Pero también siento miedo. Miedo por lo que esto significa para nosotros, para mi hijo. Miedo por lo que pueda pasar ahora que estamos al descubierto, ahora que sabemos la verdad. La sensación de vulnerabilidad se apodera de mí, haciéndome sentir pequeña e impotente frente a todo esto. Aquel día en el que la noticia de la muerte de nuestros padres llegó como un golpe devastador. Una explosión que rompió nuestras vidas en mil pedazos, dejando atrás la felicidad y el sentido de seguridad que alguna vez tuvimos. No puedo evitar preguntarme una y otra vez, ¿por qué nosotros? ¿Por qué ellos? Las respuestas se desvanecen en un mar de preguntas sin respuesta, y el dolor se convierte en una carga pesada que llevo conmigo cada día desde aquél día. Flashback La noticia de la explosión del barco me dejó en shock, por lo que sin pensarlo dos veces, ordené a Callice que prepararan el automóvil para ir a reconocer los restos del barco. No podía creer que se tratara de nuestros padres. Quería estar segura de que eran ellos. Mientras íbamos en silencio, un sentimiento de desasosiego se apoderaba del ambiente. —Callice, no puedo creer que esto esté sucediendo. ¿Cómo pudo pasar algo así?— Digo mientras estrujaba el pañuelo entre mis manos, secando mis lágrimas, las cuales no podía contener. —Lo sé, Aria. Es difícil de aceptar. Pero tenemos que mantenernos fuertes. — Responde Callice tratando de serenarla, mientras pasa un brazo por sus hombros. —Alexios está en camino. — En la carretera hacia el puerto, noto que dos vehículos nos siguen de cerca. La sensación de peligro crece mientras intentamos mantener la calma, aunque no es fácil al ver la actitud agresiva de los ocupantes. —Callice, ¿ves esos autos detrás nuestro? Creo que nos están siguiendo. — Le digo a Callice nerviosa. —Trata de no entrar en pánico, Aria. Intentemos llegar al puerto lo antes posible. — responde tratando de mantener la calma mientras preocupada ve por el espejo retrovisor la mirada del chofer. —Horace, intenta alejarte. — A lo que él asiente. Después de eso, todo fue descontrol. Horace aceleraba, intentando alejarse de la agresión, intentando llegar a algún lugar por ayuda, estábamos aún tan lejos de la ciudad. El camino a esa velocidad era tortuoso por los saltos y traqueteos, dolía el cuerpo de los golpes. A la velocidad que íbamos estuvimos varias veces en peligro de salir del camino. Los autos continúan persiguiéndonos, y de repente, uno de ellos se coloca al lado del automóvil intentando sacarnos del camino. Horace en medio de la tensión y nuestros gritos, hace una maniobra y logra evitarlo, en el segundo intento otro de los autos se coloca a la par y abre fuego. Recuerdo a Horace desplomarse sobre el volante y el automóvil fuera de control estrellándose violentamente contra el costado del camino. El impacto nos dejó aturdidas, todo era dolor, confusión, apenas se podía respirar por el polvo y el humo. Sentí a Callice instándome a salir del vehículo, pero esos sujetos abrieron las puertas violentamente y nos sacaron a rastras y golpes hasta que todo se puso n***o. Lo siguiente que recuerdo es despertar en el oscuro rincón de una habitación polvorienta y sin muebles, con apenas la luz amarillenta de un pequeño foco. Las horas allí dentro con esa otra joven, María. Luego trajeron a las otras dos, una de ellas Mei Lin, la otra joven nunca supimos quién era, pues horas después murió por los golpes que había recibido. La presencia reconfortante de María fue lo único que nos mantuvo cuerdas. Ella nos dio la seguridad de que alguien nos sacaría de allí. Y así fue. No sabía cuánto tiempo había pasado, pues nos habíamos dormido, cuando el caos se desató. Luego del sonido de una gran explosión que hizo temblar el piso. Fue un shock despertar en medio del humo, el fuego, los gritos y un concierto de detonaciones. El humo ingresaba por debajo de la puerta, el terror me dominaba. Como pudo, María tomó una de las prendas de la chica muerta para tapar la entrada del humo y luego se alejó lo más posible de la puerta. Todas, asustadas, la seguimos y buscamos refugio en un rincón de la habitación, lejos del fuego y el humo que amenazaban con consumirlo todo. La situación era desesperante, pero no podíamos rendirnos. —Tenemos que salir de aquí, ¡ahora mismo!— grité, ya no soportaba tanta tensión, las explosiones y disparos eran atronadores, como si estuvieran explotando dentro de mi cabeza. Una explosión especialmente fuerte sacudió el lugar desde los cimientos. Segundos después, la puerta se abrió con violencia dejando ver una figura que se tomaba el costado. Salgo de esos recuerdos para centrar mi atención en ellos. —Casi todas las noches revivo esa pesadilla una y otra vez. — Le digo mirándolo. — ¿Por qué no me habías dicho lo de nuestro tío? No soporto más secretos, Alexios. — —Lo siento. No volverá a ocurrir. — Dijo arrepentido. —Será mejor que bajemos, nos están esperando. —
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