Enredada en el peligro

1079 Words
El concierto terminó en medio de una explosión de gritos y aplausos, y aunque Laura y Barsyt seguían emocionadas por la increíble actuación de Chicouke, mi mente estaba en otro lugar. Ese mensaje en mi teléfono palpitaba en mi mente, la tentación de ir a verlo me llamaba como un imán imposible de ignorar. —¡Chris, ¿estás bien?! —Laura me empujó ligeramente mientras el público empezaba a dispersarse—. Pareces distraída, ¡y acabas de ver uno de los mejores conciertos de tu vida! Intenté sonreír, pero apenas logré esbozar una mueca. —Sí, sí, solo… es que fue mucho, ¿sabes? Toda esta energía… me tiene agotada. Laura me miró con una mezcla de incredulidad y curiosidad. No podía saber lo que realmente estaba pasando en mi cabeza, o eso creía yo. —Ay, Chris, siempre tan seria —bromeó Barsyt, agarrando a Laura de la mano mientras nos dirigíamos hacia la salida—. Nos vemos afuera, voy a comprar una camiseta del tour. Esa era mi oportunidad. Mientras Laura se quedaba atrás despidiéndose de algunos amigos que habían venido al concierto, me escabullí entre la multitud y me dirigí hacia el camerino, donde Chicouke me esperaba. El pasillo tras bambalinas era oscuro y apenas iluminado por las luces de emergencia. Mis pies parecían pesados, pero cada paso me acercaba más a él, y no podía detenerme. ¿Qué estaba haciendo? ¿Realmente iba a continuar con esta locura? Cuando llegué a la puerta marcada con su nombre, respiré profundamente antes de tocar. Mi corazón latía descontrolado. Y entonces la puerta se abrió, y allí estaba él. Chicouke, con su máscara aún puesta, pero esta vez sus ojos me miraban de una manera que solo él sabía hacerlo. Esa intensidad que me hacía olvidar el resto del mundo. Antes de que pudiera decir una palabra, él cerró la puerta tras de mí y me empujó suavemente contra la pared del camerino. Sentí su mano recorriendo mi cuello y, sin más preámbulos, sus labios se apoderaron de los míos. Me besó con una pasión que me quemó por dentro. El mundo desapareció. No importaba nada más. Solo éramos él y yo, como en aquellos días en los que nuestro amor era lo único que importaba. No había responsabilidades, no había secretos… solo nosotros. Pero luego, como una bofetada, la realidad me golpeó. La imagen de Archie, mi marido, se filtró en mi mente, y me aparté de Chicouke con rapidez, casi tropezando. —Yo... no puedo seguir con esto. Laura me está esperando afuera. Chicouke me miró intensamente, como si intentara descifrar lo que pasaba en mi cabeza. Luego, soltó una pequeña sonrisa burlona, como si supiera que lo que acababa de decir era solo una excusa. —Siempre puedes volver... Ya sabes dónde encontrarme. Mi corazón se aceleró aún más cuando me di cuenta de que tenía razón. No importaba cuántas veces intentara apartarme de él, siempre habría algo que me atraía de vuelta. Su voz. Su presencia. Esa parte de mí que no podía resistirse a lo que él representaba. Pero ahora no podía seguir allí. Salí del camerino lo más rápido que pude sin parecer sospechosa y, al llegar al punto de encuentro, vi a Laura esperándome, con los brazos cruzados y una mirada divertida en el rostro. —Vaya, Chris, ¿dónde te habías metido? —preguntó, sin perder el tono juguetón—. Casi pensé que te habías escapado con uno de los músicos. Mi estómago se encogió. Laura no lo sabía, ¿verdad? No podía saberlo. Intenté sonreír para ocultar mi nerviosismo. —Solo fui al baño... ya sabes, tanta gente y todo eso —mentí, esperando que sonara convincente. Pero Laura me observó detenidamente, con esa mirada que solo una hermana puede darte. Esa que dice que sabe más de lo que está diciendo. —¿Ah, sí? —respondió, con un tono que me puso los nervios de punta—. Porque estuve buscando el baño y, curiosamente, no está por el lado de los camerinos. Mi corazón se hundió. No podía seguir mintiendo, no a ella. —Está bien —suspiré, rendida—. No fui al baño. Fui a ver a Chicouke. Laura alzó una ceja, claramente sorprendida. —Oh, vaya. No me esperaba eso, pero supongo que tiene sentido. Esa conexión que teníais nunca se fue del todo, ¿verdad? —No, Laura... no es eso, yo... —Chris, tranquila —me interrumpió, poniéndome una mano en el hombro—. No te voy a juzgar. Todos tenemos nuestras debilidades. —Es solo que... no sé lo que estoy haciendo —admití, sintiendo que el peso de la culpa me estaba aplastando. No podía mirarla a los ojos. Laura suspiró profundamente y luego sonrió, aunque su sonrisa tenía un aire de complicidad que me desconcertó. —Mira, no soy quién para decirte qué hacer con tu vida amorosa, pero... debo admitir algo. Cada vez que escucho a Chicouke cantar, no puedo evitar pensar que... no sé, su voz me recuerda mucho a Archie. Es raro, ¿no? —dijo, riéndose ligeramente. Mi corazón se detuvo. —¿Qué? —pregunté, intentando no mostrar demasiado interés, pero la curiosidad y el miedo comenzaron a filtrarse en mi voz. Laura se encogió de hombros, como si lo que acababa de decir no tuviera importancia. —No sé, tal vez es mi imaginación, pero es como si tuvieran un timbre similar, ¿no te parece? Archie siempre ha tenido una voz grave, y aunque nunca lo vi cantando, no puedo evitar hacer esa conexión. Quizás sea solo una tontería mía. Intenté reírme junto con ella, pero una sombra de duda se asentó en mi mente. ¿Podría ser posible? ¿O solo era una coincidencia absurda? Archie y Chicouke no podrían ser la misma persona... eso sería una locura. —Tal vez sea solo tu imaginación —respondí, intentando sonar despreocupada, pero la semilla de la duda ya había sido plantada. Laura me lanzó una última mirada antes de que Barsyt se uniera a nosotras, interrumpiendo nuestra conversación. —¿Listas para irnos? —preguntó, y ambas asentimos. Mientras salíamos del recinto, no pude evitar que mis pensamientos giraran alrededor de lo que Laura había dicho. Chicouke y Archie. No, no podía ser. Eso sería imposible... ¿o no? Pero esa idea me perseguiría en los días siguientes. Porque ahora, más que nunca, necesitaba respuestas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD