En busca de la verdad

1197 Words
Las siguientes horas fueron una tormenta interna. La duda y la culpa me consumían, y con cada mirada que le lanzaba a Archie, más sospechosa me sentía. ¿Cómo podía haber hecho lo que hice? Y, sin embargo, el peso de la culpa se mezclaba con algo más... la creciente sospecha de que Archie también me estaba ocultando algo. Ese maldito moretón seguía clavado en mi mente. Pasé la tarde en la mansión, repasando mentalmente lo que había notado. Archie estaba evadiendo más de lo usual. Por ejemplo, cuando le preguntaba sobre sus días en el trabajo, siempre solía contarme detalles triviales: lo que había comido en la oficina, las reuniones aburridas, alguna anécdota sobre los compañeros. Pero últimamente, su respuesta había sido... vaga. Se limitaba a decir que estaba ocupado, que había tenido un día complicado. Pero nunca me daba más detalles. Mis pensamientos me quemaban por dentro. Necesitaba saber si había algo más detrás de todo esto. Sabía que no podía confrontarlo de manera directa; no quería levantar sospechas sobre mí misma tampoco. ¿Y si era mi culpa la que me hacía verlo así? Finalmente, decidí actuar. Archie estaba trabajando en su oficina, así que pensé que sería un buen momento para acercarme, hacerme la despreocupada. Toc, toc. —¿Sí? —respondió desde dentro, su tono algo apagado. Abrí la puerta lentamente y lo vi, sentado frente a la computadora, con la mirada fija en la pantalla. Parecía concentrado, pero había una tensión en su cuerpo que no pude ignorar. —Solo quería ver cómo estabas —dije, entrando y apoyándome en el marco de la puerta, intentando parecer casual. Archie me miró rápidamente, sus ojos brillando por un segundo antes de volver a la pantalla. —Bien, amor. Solo terminando unos informes —dijo con una sonrisa, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos. Avancé unos pasos hacia él, decidida a seguir indagando. —Has estado muy ocupado últimamente, ¿no? —comenté, sentándome en una silla cerca de su escritorio—. Apenas te veo. Siento que pasamos menos tiempo juntos. Archie hizo una pausa, sus dedos dejaron de moverse sobre el teclado. Por un segundo pensé que iba a decirme algo, tal vez abrirse, tal vez confesar algo, pero en lugar de eso, simplemente asintió. —Sí, ha sido una temporada dura en la oficina. Pero ya sabes cómo es. En cuanto se calmen las cosas, tendremos más tiempo. Su respuesta me dejó insatisfecha. No había nada específico, ninguna pista. Solo evasivas. Intenté otra vez. —¿Y qué tal lo del golpe? —pregunté, señalando su cuello con un movimiento ligero de la cabeza—. Se ve más grande ahora. Esta vez, Archie se tensó. Lo vi. Ese pequeño instante de incomodidad antes de que volviera a sonreír, restándole importancia. —Ah, sí, bueno... no es nada. Ya sabes que soy un desastre cuando ando con prisas —dijo, forzando una pequeña risa. Sabía que estaba ocultándome algo, pero él era bueno en desviar las preguntas. Y yo no podía seguir presionando sin parecer demasiado sospechosa. —Claro, amor. Solo cuídate, ¿sí? No quiero que te lastimes más —dije, esforzándome por mantener un tono dulce. Me levanté y lo dejé en paz, pero mi mente seguía maquinando. ¿Qué demonios estaba pasando? No podía ignorar la sensación de que algo oscuro estaba cocinándose en el fondo. Pero tampoco podía actuar con la urgencia que mi cuerpo me pedía. Tenía que ser inteligente. Esa noche, Laura me llamó para invitarme a un plan espontáneo. Mi cuñada siempre había sido una fuente de escape para mí, su actitud despreocupada y su naturaleza alegre eran el antídoto perfecto para mi agitada mente. —¡Chris! —gritó emocionada al otro lado del teléfono—. He conseguido entradas para el concierto de Chicouke esta noche. Barsyt y yo vamos, ¿vienes? Mi corazón se detuvo por un segundo. El simple nombre de Chicouke hizo que se me apretara el estómago. Lo último que necesitaba era volver a estar cerca de él, pero al mismo tiempo, la idea de verlo me atraía como una polilla a la llama. —No lo sé, Laura, no estoy segura de que sea buena idea —murmuré, pero ya sabía que ella no aceptaría un "no" por respuesta. —¡No acepto excusas! Te recojo en una hora —y colgó antes de que pudiera replicar. Me quedé mirando el teléfono, preguntándome qué diablos estaba haciendo. Sabía que estar cerca de Chicouke me llevaría a terreno peligroso, pero una parte de mí... quería verlo. Quería sentir esa chispa otra vez, aunque solo fuera por un momento. Nos encontramos en un bar cercano antes del concierto. Laura y Barsyt estaban emocionadas, riendo y tomando tragos, mientras yo me esforzaba por mantener mi compostura. El aire estaba cargado de expectativa, y a medida que nos acercábamos al lugar del concierto, mi ansiedad crecía. Finalmente, entramos en el recinto, y la música nos envolvió. Las luces eran vibrantes, el sonido envolvente, y la multitud vibraba de emoción. Mi corazón latía desbocado. Sabía que en cualquier momento lo vería... y, efectivamente, cuando las luces del escenario se apagaron por un segundo y luego se encendieron, allí estaba él. Chicouke. Apareció en el escenario con su máscara de siempre, esa máscara que lo hacía parecer un misterio andante. El público estalló en aplausos y gritos cuando comenzó a cantar. Sus movimientos eran fluidos, su voz intensa, y todo en él emanaba esa energía cruda y magnética que había sido la razón de mi atracción desde el principio. Intenté no mirarlo demasiado, pero no pude evitarlo. Cada nota que salía de su boca me recordaba los viejos tiempos. Los momentos que compartimos. Los besos robados, las noches de pasión. Los recuerdos me golpearon como una ola, y antes de darme cuenta, estaba perdida en la nostalgia. —¡Ey, Chris! —Laura me sacó de mis pensamientos, empujándome suavemente con el codo—. ¡Mira cómo vibra todo esto! ¿No es increíble? Aunque sea tu ex, no importa, canta muy bien. Sonreí de forma mecánica y asentí. No podía confesarle que no estaba aquí solo por la música. Mi corazón latía por otros motivos, por los ojos que estaban detrás de esa máscara. Sabía que estaba mirándome, aunque desde donde estaba no podía verlo claramente. Chicouke siempre sabía dónde estaba. La música siguió, el ritmo palpitante retumbaba a través de mi cuerpo, y con cada canción, sentía que me sumergía más profundamente en ese oscuro deseo. La Christine lógica, la que sabía que esto era un error, se desvanecía entre las luces y el sonido. Y entonces sucedió. En una pausa entre canciones, sentí que mi teléfono vibraba en el bolsillo de mi chaqueta. Miré la pantalla. Era un mensaje de un número desconocido, pero no necesitaba saber de quién era. "Ve al camerino después del show." Chicouke quería verme. Mi corazón dio un vuelco, y aunque sabía que debería haberlo ignorado, una parte de mí ya estaba tomando la decisión de ir. Porque, en el fondo, quería seguir sumergida en esa peligrosa atracción.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD