Sombras en la piel

1171 Words
De vuelta en la mansión, sentí el aire fresco que me envolvía al entrar. El silencio me recibió como si la casa misma supiera que había cruzado una línea invisible. Guardé el secreto de la noche anterior en lo más profundo de mí, pero cada paso que daba me hacía sentir como si el eco de lo que había hecho me siguiera, resonando en las paredes vacías. Entré al vestíbulo, y allí estaba Archie, tranquilamente acomodado en el sofá. Vestía una camiseta de algodón gris que se ajustaba a sus músculos, y un pantalón de deporte que le daba un aire relajado. Tenía el cabello ligeramente despeinado, como si acabara de despertarse de una siesta, y sus ojos brillaban cuando me vio. Me sonrió, esa sonrisa suave que siempre lograba desarmarme. —Buenos días, dormilona —dijo con voz juguetona, su tono cariñoso. Mi corazón se encogió. Archie me miraba con esa misma calidez de siempre, como si no hubiera cambiado nada entre nosotros. Como si no hubiera pasado la noche con otro hombre. Me esforcé por devolverle una sonrisa, pero por dentro, el peso de mi traición comenzaba a oprimirme. —¿Cómo está mi esposa favorita esta mañana? —preguntó mientras extendía una mano para que me acercara a él. Me acerqué lentamente, todavía sintiendo el cosquilleo de la culpa en la piel. Me senté a su lado en el sofá, dejando que su brazo rodeara mis hombros. El calor de su cercanía debería haberme reconfortado, pero mi mente estaba atrapada en los eventos de anoche. No podía evitarlo. —Bien... un poco cansada —respondí en voz baja, tratando de sonar natural. Archie soltó una pequeña risa y me dio un beso en la frente, su toque suave y familiar. Por un momento, cerré los ojos, tratando de aferrarme a esa normalidad. Pero cuando abrí los ojos, vi algo que hizo que mi corazón diera un vuelco. Un moretón. Era pequeño, apenas visible, pero lo suficiente para llamar mi atención. Estaba justo en el lado izquierdo de su cuello, una mancha oscura y redondeada que se deslizaba bajo el borde de su camiseta. Fruncí el ceño. Mi mente empezó a trabajar rápidamente, tratando de encontrar una explicación lógica, pero algo en mi estómago se retorció. —Archie... —dije, mi voz sonando un poco más tensa de lo que pretendía—. ¿Qué te pasó en el cuello? Su cuerpo se tensó levemente, algo apenas perceptible, pero lo suficientemente notorio para mí. Bajé la mirada al moretón, y luego lo miré directamente a los ojos. Su expresión cambió, solo un segundo, como si estuviera pensando en la mejor respuesta posible. —Ah, esto... —dijo, levantando una mano rápidamente para cubrir la marca—. No es nada. Me golpeé con la esquina de la mesa cuando estaba organizando unos papeles en la oficina. Un pequeño accidente. Un accidente. Mi intuición me decía que había algo más en esa historia, pero no quería insistir demasiado, al menos no en ese momento. Tal vez solo estaba proyectando mi propia culpa, viendo cosas donde no las había. Después de todo, yo era la que había cometido una traición. Pero el moretón, esa pequeña marca en su cuello, no dejaba de atraer mi atención. —¿Te golpeaste con la mesa? —pregunté, tratando de que mi tono sonara despreocupado, aunque no podía ocultar completamente la duda en mi voz. —Sí, ya sabes cómo soy de torpe cuando me concentro en el trabajo —respondió Archie, encogiéndose de hombros con una sonrisa de disculpa. Lo miré detenidamente, estudiando su rostro, buscando alguna señal de que me estaba ocultando algo. Pero su expresión era completamente tranquila, como siempre. No parecía nervioso, ni evasivo, más allá de esa ligera tensión que había percibido al principio. ¿Estaba siendo paranoica? ¿O había algo más que no me estaba contando? —Bueno, asegúrate de tener más cuidado —dije finalmente, tratando de sonar despreocupada, aunque mi mente seguía zumbando con preguntas. Archie asintió y me dio otro beso en la frente antes de levantarse. —Voy a preparar café. ¿Te traigo una taza? —Sí, claro —respondí, aunque mi atención ya estaba completamente desviada. Lo observé caminar hacia la cocina, su silueta desapareciendo detrás de la puerta. Mi mente seguía atormentada, no solo por la presencia del moretón, sino por mi propio comportamiento. Había pasado la noche con Chicouke, y ahora estaba sentada aquí, con Archie, como si todo estuviera bien. La culpa se estaba convirtiendo en un veneno lento que se filtraba en cada rincón de mi conciencia. Traté de distraerme, mirando alrededor de la sala, pero todo me recordaba a lo que había hecho. Cada cuadro en las paredes, cada objeto en las estanterías, todo me recordaba la vida que había construido con Archie. Y aquí estaba, pensando en los labios de otro hombre, en la noche que había pasado con él. Me sentía atrapada. ¿Cómo podía seguir viviendo así, con este secreto colgando sobre mí como una espada? Y encima de todo, ¿por qué el moretón en el cuello de Archie me afectaba tanto? ¿Era solo mi culpa la que me hacía ver fantasmas donde no los había? O, peor aún, ¿Archie también me estaba ocultando algo? Archie regresó con dos tazas de café y se sentó a mi lado, entregándome una de las tazas con una sonrisa cálida. Le di un sorbo al café, dejando que el calor recorriera mi garganta, pero no me calmaba. —¿Estás bien? —preguntó de repente, frunciendo el ceño al notar mi silencio. Levanté la mirada y vi la preocupación en su rostro. Era genuino. Mi corazón se suavizó un poco, recordando por qué me había enamorado de él en primer lugar. Archie siempre había sido mi refugio, mi roca en medio del caos. —Sí, estoy bien —mentí, forzando una sonrisa—. Solo estoy cansada. Archie asintió, aunque seguía mirándome como si supiera que algo andaba mal. Decidí no decir más. No podía confesar lo que había hecho. No podía destruir lo que teníamos, lo que habíamos construido juntos. Pero el peso de mi secreto se hacía cada vez más insoportable. A medida que el día avanzaba, traté de sumergirme en las tareas diarias. La administración de la mansión, la planificación de eventos, cualquier cosa que pudiera distraerme de los pensamientos que me atormentaban. Pero cada vez que veía a Archie, cada vez que lo tocaba, recordaba esa maldita marca en su cuello. Los moretones no aparecían solos. ¿Y si había algo más detrás de su historia? ¿Y si no era solo un accidente? Sabía que estaba siendo irracional, pero la duda me corroía. Tal vez era solo mi conciencia intentando proyectar mi propia infidelidad en él. O tal vez... había más de lo que veía a simple vista. Recuerdo muy bien que le hice algunos chupones a Chicouke por el mismo lado... sospechoso... Creo que estoy loca, demasiados pensamientos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD