Los secretos siempre regresan

1626 Words
Cierro la puerta del apartamento y me recuesto contra ella. El silencio me envuelve por completo, pero mi cabeza sigue girando, aún siento el calor del whisky en mis venas. Laura y Barsyt. Dios. No sé ni cómo terminé bebiendo con mi cuñada y su novia. Fue una locura. Aunque claro, mi vida últimamente parece estar repleta de locuras. Me deslizo hasta el suelo, con las piernas flojas, y dejo que el bolso caiga a mi lado. Mi reflejo en el espejo del pasillo me devuelve una mirada borrosa. Los labios ligeramente manchados de rojo, quizá por los besos... ¿Los besos? ¿Qué demonios estaba pensando? Laura y Barsyt. Eso tendrá que ser algo que hablaré con Archie en algún momento... o tal vez no. El teléfono vibra en mi mano, sacándome de mis pensamientos. Suspiro, suponiendo que es Laura preguntando si llegué bien. Pero cuando miro la pantalla, mi corazón se detiene. Alexander. No. No puede ser. Lo leo una, dos veces, hasta que las letras empiezan a fusionarse. Hace días que no sé nada de él, días en los que pensé que había logrado enterrar esa parte de mi vida. Pero ahora está aquí, en mi teléfono, como si nunca se hubiera ido. Abro el mensaje y leo con manos temblorosas. "Christine, querida. Felicidades por tu reciente matrimonio. Archie debe ser muy afortunado... Me pregunto si seguiría siéndolo después de ver ciertos videos." El estómago me da un vuelco. No. No puede ser ese video. No después de tanto tiempo. Mi garganta se cierra, y siento que las paredes del apartamento empiezan a estrecharse. Lo llamo sin pensarlo, más por impulso que por lógica. ¿Qué quiere este desgraciado? —¿Qué demonios quieres, Alexander? —escupo al teléfono apenas lo escucho respirar al otro lado. Su risa, esa maldita risa que nunca he podido olvidar, resuena con frialdad. —Vamos, Christine, no hace falta ser grosera. Solo quiero hablar… después de todo, tenemos algunos asuntos pendientes, ¿no? —su tono es de lo más casual, como si fuera cualquier otra conversación entre viejos amigos. —No tenemos nada que hablar. Estoy casada, Alexander. ¿Lo entiendes? Estoy casada. Lo nuestro terminó hace años. —Mi voz tiembla, pero trato de sonar firme. No puedo permitir que vea cuánto me afecta. —Ah, sí, tu nuevo esposo. El gran Archie Moore, ¿no? Millonario, influyente, encantador. Pero dime, Christine, ¿qué pensaría él de ciertos recuerdos de París? De nosotros, de ese pequeño hotel donde lo traicionaste hace unos meses. —Hace una pausa, y puedo escuchar cómo disfruta de mi miedo. Es un monstruo. Siento como si me hubieran vaciado por dentro. París. La ciudad donde todo se salió de control, donde las líneas se desdibujaron y las decisiones equivocadas se acumularon. Y ahora, ese error del pasado me persigue. —No me amenaces, Alexander —digo, aunque mi voz suena más débil de lo que me gustaría—. No tienes nada contra mí. —¿Estás segura? Porque yo tengo un video que dice lo contrario. Y, bueno, con tu nueva posición, el escándalo sería devastador, ¿no crees? A menos que… lleguemos a un acuerdo. Mi mente corre a mil por hora. No puedo darle dinero. No puedo dejar que tenga poder sobre mí de nuevo. Pero también sé que si ese video sale a la luz, Archie… Oh, Dios. Archie. —No pienso darte ni un centavo, Alexander. Olvídalo. No me vas a chantajear. —Intento mantenerme firme, pero por dentro estoy rota, ahogada por el miedo. —Bueno, querida, en ese caso, prepárate para verte en las noticias. El mundo adora los escándalos de los ricos y famosos. Y tú, mi querida Christine, serás el centro de atención. Aunque claro, siempre podemos evitar todo esto… si nos vemos mañana. Digamos, en el café de siempre. Ya sabes cuál. Mi corazón late con fuerza. No. No puedo dejar que esto suceda. Pero, ¿cómo voy a detenerlo? Archie no puede enterarse de esto. No después de todo lo que hemos construido. La línea se corta, y dejo caer el teléfono al suelo. Mis manos están temblando, y mis ojos se llenan de lágrimas. Todo lo que he intentado enterrar está regresando con fuerza, arrastrándome de vuelta al pasado del que he intentado escapar. Me acerco al espejo y me miro. ¿Cómo terminé aquí? Casada con un hombre al que amo, y aún así atada a los errores de un tiempo en el que no sabía lo que quería. Tengo que detener a Alexander. No puedo perder a Archie. No ahora. Lo contacté para reunirnos y hablar sobre la situación. El café donde acordamos encontrarnos es un pequeño lugar al que solíamos ir cuando todo estaba bien, cuando Alexander era simplemente alguien que me hacía reír y no un fantasma que me acechaba en la oscuridad. El lugar está casi vacío, como si la vida fuera indiferente a mis problemas, o tal vez el universo quería darle un escenario silencioso a este encuentro, un espacio donde los secretos pudieran desmoronarse sin testigos. Lo veo desde la entrada, sentado en una mesa junto a la ventana, jugando distraídamente con una cucharilla. Siempre tuvo esa maldita calma que lo hacía parecer inofensivo. Pero yo sabía mejor que eso. A medida que me acerco, siento cómo mi corazón se acelera. Lo odio. Lo odio tanto. Pero aquí estoy, dispuesta a hacer lo que sea para proteger mi vida, mi matrimonio, mi futuro. No puedo perder a Archie. Me siento frente a él, y por un segundo, el pasado parece una sombra que se desliza entre nosotros. Ambos sabemos por qué estamos aquí. —Llegas tarde —dice, sin siquiera levantar la vista. Respiro hondo, tratando de mantener la compostura. —No estoy aquí para juegos, Alexander. Dime cuánto necesitas y esto termina hoy —respondo con frialdad, mientras saco un sobre del bolso. Él finalmente levanta la mirada y me sonríe, una sonrisa que me revuelve el estómago. ¿Cómo pude alguna vez sentir algo por él? —Ah, Christine, siempre tan directa. Me gusta eso de ti —se inclina hacia atrás, disfrutando de la tensión en el aire—. Pero ya sabes cómo es esto. El dinero solo es un parche temporal. Lo que en realidad quiero es... poder. —¿Poder? —repito, casi sin entender—. ¿Qué demonios quieres decir? Él se inclina hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa, como si estuviera a punto de confesarme un secreto. —Poder sobre ti, sobre tu vida perfecta. Ahora que estás casada con el señor millonario, te has convertido en alguien importante. Y, bueno, para mí eso es una mina de oro. No es solo el dinero de hoy, Christine. Es lo que puedo sacar de esto cada vez que lo necesite. —Se detiene un momento, observando cómo mis manos empiezan a temblar levemente—. Pero por ahora, solo quiero una pequeña muestra de buena fe. Tomo el sobre y lo deslizo hacia él. Lo ha conseguido. Me ha forzado a hacer algo que jamás pensé que haría. Ceder. —Aquí tienes. Es todo lo que vas a recibir —mi voz es apenas un susurro lleno de veneno. Alexander toma el sobre, lo abre y cuenta el dinero, cada billete pasando por sus dedos como si estuviera saboreando cada centavo. Asiente con satisfacción, pero esa sonrisa… Esa maldita sonrisa. —Bueno, esto calmará las cosas por ahora —dice, guardándose el sobre en el bolsillo interior de su chaqueta—. Pero no te equivoques, Christine. Esto no es el final. Si alguna vez necesito más, volveré. Y tú, querida, estarás lista para darme lo que pida. Siento un nudo formarse en mi garganta. Sabía que esto no iba a acabar aquí. Sabía que este sería solo el principio de una cadena interminable de amenazas y chantajes. —¿Por qué haces esto? —pregunto, casi sin reconocer mi propia voz—. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz? Él se encoge de hombros, con la misma despreocupación que siempre tuvo. —Porque es divertido verte así, intentando mantener todo bajo control. Ver cómo te tambaleas. Y porque... me debes, Christine. Me debes por todo lo que pasó. —Su voz se torna más oscura, y puedo ver el resentimiento brillando en sus ojos. —No te debo nada. —Mi respuesta sale más débil de lo que pretendía. No tiene sentido discutir con él. No tiene sentido tratar de razonar. No tiene sentido. Alexander se pone de pie, y por un segundo, parece que va a inclinarse para despedirse de manera educada. Pero en lugar de eso, se inclina sobre la mesa y me susurra al oído. —Nos veremos pronto, Christine. No lo olvides. Se va, dejándome sola con el eco de su amenaza. Mis manos siguen temblando, y todo dentro de mí se siente frágil, como si estuviera a punto de romperse en mil pedazos. El sobre de dinero ha desaparecido, pero la sensación de haber perdido algo mucho más importante sigue ahí, alojada en mi pecho. ¿Cómo llegué a esto? Me levanto lentamente, sintiendo que el peso del mundo está sobre mis hombros. Salgo del café, el viento fresco golpeando mi rostro, pero ni siquiera eso logra despejar mi mente. Esto no va a terminar aquí. Lo sé. Y ahora, más que nunca, tengo que encontrar una manera de proteger mi vida, mi matrimonio… y a Archie, aunque eso signifique ocultarle lo peor de mí misma. Por ahora lo que he hecho es grabar de manera discreta nuestra conversación de hoy, solo necesito ver como puedo usarla para meterlo preso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD