Algo que olvidé de París

1507 Words
El jardín había sido un respiro en medio de la tormenta, pero la presencia de Doménico lo había convertido en algo que ahora me daba escalofríos. Aun así, decidí concentrarme en lo que realmente importaba: Thais. Había un recital planeado para esa tarde, y no pensaba permitir que nada, ni siquiera el desagradable encuentro con mi suegro, me robara ese momento de alegría. Thais, con solo cuatro años, era el centro de mi mundo. Había llegado a mi vida de manera inesperada, pero su presencia lo cambió todo. Con su risa, sus ojos brillantes y su inocencia, ella había traído luz a un lugar que se estaba volviendo cada vez más oscuro. Entré en la sala de recitales, un salón grande y elegante con techos altos y candelabros brillando en lo alto. Los asientos estaban dispuestos en filas ordenadas, y ya había algunos padres acomodándose, conversando en murmullos mientras esperaban que comenzara el evento. Me deslicé en una silla cerca del frente, queriendo estar lo más cerca posible para poder captar cada nota que Thais tocara. Miré alrededor y vi a algunos conocidos, pero mis pensamientos se mantenían fijos en lo que acababa de pasar en el jardín. Doménico siempre había sido una figura intimidante, pero hoy... hoy algo había cambiado. Su mirada, sus palabras insinuantes, me habían puesto en alerta de una manera que no podía ignorar. Sentí un escalofrío recorrerme al recordar su voz grave y la forma en que se había acercado demasiado, invadiendo mi espacio personal como si tuviera todo el derecho del mundo. Sacudí la cabeza, intentando sacarme esa sensación de encima. Agarré la mano de Archie y me concentré en el momento. Este era un momento para Thais, no para dejar que el miedo o la incomodidad lo arruinaran. Miré hacia el pequeño escenario improvisado al frente, donde los niños estaban tomando sus lugares, y sonreí cuando vi a Thais, con su vestido blanco y su cabello castaño recogido en dos coletas, subiendo con determinación. Su violín, un instrumento diminuto, pero perfectamente adecuado para ella, colgaba de su brazo mientras tomaba su lugar. Los primeros acordes de la música comenzaron, y la habitación quedó en silencio mientras los pequeños músicos se concentraban en sus partituras. Thais comenzó a tocar, y mi corazón se llenó de orgullo. Aunque su habilidad aún era la de una niña aprendiendo, había algo en la manera en que se entregaba a la música que me conmovía profundamente. Cada nota, aunque imperfecta, era una expresión de su inocencia y su pureza. Me recuerda a cuando comencé a pintar. Por un momento, todo lo demás desapareció. No había sangre en el ático, ni secretos oscuros, ni suegros que me asustaran. Solo estaba Thais, y la música que llenaba la habitación con una dulzura que me hizo olvidar, aunque fuera temporalmente, las sombras que se cernían sobre mi vida. Cuando el recital terminó, los padres comenzaron a aplaudir, y yo me uní con entusiasmo, sintiendo cómo el amor por mi hija adoptiva me llenaba de una calidez que no había sentido en todo el día. Thais sonrió ampliamente desde el escenario, su rostro radiante al ver la aprobación en nuestros rostros. Me levanté para esperarla en la salida, ansiosa por abrazarla y felicitarla. Archie estaba fascinado, sin embargo, le quería quitar su derecho a abrazarla. El salón se vaciaba lentamente mientras los padres y niños se dirigían hacia la puerta, intercambiando felicitaciones y sonrisas. Me quedé un poco atrás, observando a Thais mientras bajaba del escenario y se unía a sus compañeros. Quería darle un momento para disfrutar con sus amigos antes de llevárnosla a casa. Cuando finalmente se acercó a mí, me agaché para abrazarla. —Lo hiciste maravillosamente, Thais —le dije, sintiendo un nudo de emoción en la garganta. Ella me abrazó de vuelta, su carita resplandeciendo de felicidad. —¿Lo crees? —preguntó con esos ojos enormes y llenos de esperanza. —Lo sé —afirmé, acariciando su cabello —Estoy muy orgullosa de ti. ⸻Papi también está orgulloso ⸻Reclamó Archie. ⸻Gracias papi ⸻Respondió ella con ternura. Nos dirigimos hacia la salida, de la mano, mientras los demás continuaban charlando a nuestro alrededor. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo con tonos anaranjados y rosados, y por un momento, me permití sentir paz. Sin embargo, esa paz se desvaneció rápidamente cuando, al acercarnos a la puerta, vi una figura familiar esperándonos. Mi corazón se detuvo por un instante cuando reconocí a Alexander. Su presencia, tan fuera de lugar en este entorno, me golpeó como una bofetada. Joder, aún no se me olvida lo de París. Alexander había sido una parte importante de mi pasado, pero su aparición ahora solo podía significar problemas. Había algo en su porte, en la manera en que se apoyaba contra la pared con una expresión que no auguraba nada bueno, que me hizo apretar un poco más la mano de Thais. —Christine —saludó con una sonrisa que no llegaba a sus ojos —Qué sorpresa verte aquí. Archie estaba desconfiado con lo que pasaba. Intenté mantener la calma, aunque sentí una oleada de pánico. Alexander no debía estar aquí. No ahora, no después de todo lo que había pasado entre nosotros. —Alexander —respondí, mi voz más firme de lo que me sentía —No esperaba verte. ⸻Hola ¿Quién eres? ⸻Pregunta Archie con demanda. ⸻Oh, solo un viejo amigo de Christine, nos llevábamos muy bien antes ⸻Odio su doble sentido. Oh, Dios, que vergüenza. Él me miró con una intensidad que me puso nerviosa. Thais, sintiendo mi incomodidad, se aferró a mi mano con más fuerza. —Estoy en la ciudad por unos asuntos —dijo, con un tono casual que no logró tranquilizarme —Y pensé que era un buen momento para ponernos al día. —Este no es el lugar ni el momento adecuado —respondí, intentando moverme hacia la puerta, pero él bloqueó mi camino. —Tienes razón —dijo, bajando la voz —Pero necesitamos hablar, Christine. Hay cosas que quedaron pendientes entre nosotros. Sentí que el aire se volvía denso a mi alrededor. No quería que Thais estuviera presente para lo que fuera que Alexander tuviera que decir. Él no era alguien a quien quisiera cerca de mi hija, no después de todo lo que había pasado. —No hay nada de qué hablar, Alexander —dije, tratando de mantener mi tono firme —Ya todo quedó en el pasado. Pero él no se movió, su expresión se volvió más dura, más amenazante. ⸻Tenemos que irnos, gracias por su interés, pero otro día se ponen de acuerdo ⸻Dijo Archie incomodo, agarrándonos del brazo. Había algo en su tono que hizo que el miedo se apoderara de mí. No era la primera vez que Alexander me intimidaba, pero ahora, con Thais a mi lado, me sentí más vulnerable que nunca. No podía dejar que él volviera a tener poder sobre mí. —Déjanos pasar, Alexander —dije, forzando mi voz a sonar más segura de lo que me sentía ⸻Ya mi esposo habló, al menos de que quieras problemas. Él me miró por un largo momento, su expresión evaluándome, y luego dejó escapar un suspiro de exasperación. —Siempre has sido tan terca, Christine —murmuró, dando un paso hacia un lado —Nos vemos pronto. No respondí. No podía. Todo lo que quería en ese momento era salir de allí, lejos de él, lejos de su sombra amenazante. Tiré suavemente de la mano de Thais y de Archie y nos dirigimos hacia la puerta. Sentí su mirada clavada en mí hasta que estuvimos fuera, y el aire fresco de la tarde me golpeó la cara. Una vez en la calle, respiré profundamente, tratando de calmar los nervios que me consumían. Thais me miró con curiosidad, notando mi tensión. —Mamá, ¿quién era ese hombre? —preguntó con la inocencia de un niño, y sentí que mi corazón se rompía un poco al escucharla. —Solo un viejo conocido, cariño —dije, tratando de sonar despreocupada—. No te preocupes por él, ¿de acuerdo? Vamos a casa. Ella asintió, confiando en mis palabras, y nos dirigimos hacia el auto. Pero mi mente seguía enredada en lo que había pasado. Alexander estaba de vuelta en mi vida, y eso solo podía significar problemas. ⸻Espero que me hables sobre él, y necesito todos los detalles ⸻Dijo Archie cuando nos montamos en el vehículo. Mientras conducían de regreso a casa, con Thais dormida en el asiento trasero, mi mente no dejaba de trabajar. Las amenazas de Alexander, la presencia inquietante de Doménico, y la misteriosa sangre en el ático... todo se entrelazaba en una red que parecía estar cerrándose sobre mí. ¿Qué estaba pasando? ¿Así se siente la gente rica una vez es rica? j***r, odio todo lo que está pasando. Pero mientras miraba las sombras alargadas de los árboles que bordeaban la carretera, no pude evitar sentir una creciente sensación de temor. Este era solo el comienzo.
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