Chico Uke y otros ex más

1657 Words
Archie y yo estábamos en la cocina, él preparaba café mientras yo intentaba decidir qué hacer para la cena. Era uno de esos días tranquilos, sin drama ni complicaciones, cuando de repente me vino a la mente un recuerdo de mi ex, Alexander. No sé qué fue lo que me impulsó a mencionarlo, pero lo solté antes de pensarlo demasiado. —¿Sabes, Archie? Fui muy tonta con Alexander —dije, casi riéndome al recordar lo patético que había sido todo. Archie levantó la mirada de la cafetera, claramente intrigado. —¿Alexander? ¿El ex al que nunca me has contado y nos encontramos en el recital? ¿El que te pedí que me contaras y dijiste que no? —El mismo —asentí, cruzándome de brazos—. Estuve con él por demasiado tiempo, y adivina qué: me fue infiel tantas veces que perdí la cuenta. Y yo, como una tonta, siempre le creía cuando me decía que era mi culpa. Archie soltó una risa tan fuerte que casi derrama el café. —¿En serio? ¿Ese tipo? —preguntó, incrédulo—. ¿Y qué clase de excusas usaba? ¿Que se le cayó la fidelidad al suelo y no la pudo recoger? Me reí, apreciando su intento de aliviar la situación con humor. —Algo así. Siempre tenía una razón ridícula. Y yo siempre terminaba creyéndole. Te digo, Archie, era como si tuviera una especie de hechizo tonto sobre mí. Archie se acercó, con una sonrisa traviesa. —Bueno, estoy bastante seguro de que ese hechizo se rompió. Y ahora que lo mencionas, me hace pensar… ¿Debo estar celoso de todas las veces que te dio excusas estúpidas? —Para nada —respondí, riendo—. Al contrario, deberías sentirte aliviado de que sobreviví a semejante tontería y ahora estoy aquí, contigo. Archie se rió de nuevo y me dio un beso en la mejilla. —Me siento aliviado, sí. Y, además, si alguna vez empiezo a dar excusas tontas, prometo que serán al menos un poco más creativas que las suyas. —Eso espero —le dije con una sonrisa—. Aunque, por favor, no hagas que tengamos que llegar a ese punto. —Trato hecho —respondió, levantando su taza de café en señal de brindis—. Por una vida libre de excusas tontas y exnovios aún más tontos. Chocamos nuestras tazas de café con una risa compartida, y con eso, el pasado con Alexander quedó exactamente donde debía estar: en el pasado, y bien enterrado. La vida con Archie había tomado un giro completamente inesperado desde que nos casamos. Después de todo, él había sido mi jefe, luego mi niñera... y ahora, mi esposo. A veces me preguntaba cómo habíamos llegado hasta aquí, pero, al mismo tiempo, no podía imaginar mi vida sin él. Aunque nuestra relación estaba lejos de ser convencional, lo que no faltaba era humor, y nuestra convivencia diaria era una comedia en sí misma. Una de las cosas que más me sacaba de quicio, y que a la vez me hacía reír, era la absoluta falta de habilidad de Archie para organizarse en las mañanas. Yo solía ser la que lo ayudaba a preparar su día cuando trabajaba para él, pero ahora, con todo lo que estaba pasando en nuestras vidas, ni siquiera podía manejarlo. Era un lunes por la mañana, y como siempre, Archie estaba corriendo de un lado a otro, buscando su corbata, sus llaves, su teléfono… cualquier cosa que necesitara para salir de casa. Lo observaba desde la cocina, intentando mantenerme seria mientras él revolvía cajones y miraba debajo del sofá. —¡Christine! —gritó desde la sala—. ¿Has visto mi maletín? ¡Juro que lo dejé aquí anoche! —¿No lo habrás dejado en el coche? —le sugerí, sabiendo que probablemente lo había hecho. Archie se quedó quieto por un momento, como si estuviera procesando mis palabras, y luego salió disparado hacia la puerta. Apenas podía contener la risa. Era la misma escena, una y otra vez, y cada vez me preguntaba cómo este hombre había logrado manejar una empresa multimillonaria. Cuando finalmente encontró su maletín, y después de perder las llaves del coche al menos dos veces más, logró salir por la puerta. Pero justo cuando pensaba que el caos había terminado, apareció de nuevo. —¿Olvidaste algo? —le pregunté, con una sonrisa burlona. —Sí —dijo, acercándose a mí y plantándome un beso rápido en los labios—. A ti. No pude evitar reírme. Era increíble cómo, incluso en medio del desastre, Archie siempre encontraba la manera de hacerme sonreír. Pero no todo era diversión y risas. Esta semana, mientras estaba en la cocina preparando la cena, mi teléfono vibró en la encimera. Lo tomé sin pensar y desbloqueé la pantalla, solo para encontrar un mensaje de un número desconocido. El contenido me hizo congelarme en el acto. "Hola, Christine. He estado pensando en ti. ¿Cómo estás? - C." El pánico me invadió al instante. Ese "C" solo podía significar una cosa: Chicouke, mi ex. ¿Por qué estaba escribiéndome ahora? ¿Cómo había conseguido mi nuevo número? Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y por un momento, no supe qué hacer. Parte de mí quería ignorarlo, pero otra parte no podía evitar sentirse curiosa. ¿Qué quería después de todo este tiempo? —¿Todo bien? —la voz de Archie me sacó de mis pensamientos. —¡Sí! —respondí demasiado rápido, casi dejando caer el teléfono—. Todo está bien. Archie me miró con sospecha, pero antes de que pudiera decir algo más, escondí el teléfono en mi bolsillo y me volví hacia la estufa, intentando actuar como si nada hubiera pasado. Mi mente, sin embargo, seguía dando vueltas alrededor de ese mensaje. ¿Cómo debía responder? ¿Debería responder? Sabía que lo mejor era simplemente borrar el mensaje y olvidarme de todo, pero había algo en mí que no podía dejarlo pasar tan fácilmente. Chicouke había sido una parte importante de mi vida, aunque todo había terminado mal. Ahora, estaba casada con Archie, y no quería complicar las cosas. Esa noche, mientras estábamos cenando, Archie seguía lanzándome miradas curiosas de vez en cuando, como si supiera que algo no estaba bien. Intenté mantener la conversación ligera, pero mi mente seguía volviendo al mensaje, una y otra vez. Después de la cena, me excusé para ir al baño y saqué el teléfono de mi bolsillo. Mi dedo temblaba mientras consideraba qué hacer. Finalmente, decidí no responder. No valía la pena reabrir viejas heridas, y no quería poner en riesgo lo que tenía con Archie. Borré el mensaje y guardé el teléfono, sintiendo una mezcla de alivio y tensión. Sabía que había hecho lo correcto, pero no podía evitar sentirme nerviosa. ¿Qué más podía pasar? Unos días después, cuando creí que todo se había calmado, Archie y yo estábamos viendo una película en casa. Era una de esas noches tranquilas en las que todo parecía estar bien. Pero entonces, en medio de la película, mi teléfono vibró de nuevo. Miré la pantalla y sentí una punzada de pánico al ver otro mensaje de Chicouke. Esta vez solo decía: "Realmente me gustaría hablar contigo". Intenté ignorarlo, pero Archie, que estaba sentado a mi lado, lo notó. —¿Quién es? —preguntó con curiosidad, mirando la pantalla. —Nadie importante —dije rápidamente, pero mi tono nervioso lo delató. Archie levantó una ceja, claramente no convencido, y antes de que pudiera detenerlo, tomó el teléfono de mi mano. Leí el mensaje sobre su hombro, sintiendo que mi corazón se hundía. —¿"Chico uke"? —preguntó Archie, frunciendo el ceño— ¿otra vez? No pude evitar reírme un poco, aunque estaba nerviosa. —Es... una larga historia. Siempre es muy insistente. Archie me devolvió el teléfono, pero no antes de darme una mirada divertida. —¿Sabes? Siempre pensé que, si alguna vez tenías un ex, sería alguien con un apodo más intimidante. Chicouke hace buena música, pero de verdad que no entiendo porque ese patético nombre. —¡Archie! —exclamé, dándole un ligero golpe en el brazo—No es gracioso. —Oh, claro que lo es —respondió, riendo—. ¿Qué va a hacer, desafiarme a un duelo de karaoke? Su broma me hizo soltar una carcajada, a pesar de mis nervios. Era típico de Archie hacerme reír, incluso en las situaciones más absurdas. Pero al mismo tiempo, no podía evitar sentirme un poco aliviada de que él no se lo tomara tan en serio. Esa noche, mientras estábamos en la cama, Archie se giró hacia mí, con una sonrisa juguetona en su rostro. —¿Sabes? Podríamos invitar a tu "chico uke" a cenar —dijo en tono de broma— Podríamos enseñarle a cocinar, tal vez hasta hacer una competencia de quién prepara el mejor ramen. No pude evitar reírme, pero al mismo tiempo, sentí un nudo en el estómago. Sabía que Archie estaba bromeando, pero la situación con Chicouke no dejaba de preocuparme. ¿Y si él no se rendía tan fácilmente? ¿Y si complicaba las cosas entre Archie y yo? Pero Archie, con su sentido del humor y su manera de ver la vida, tenía una forma única de hacer que mis preocupaciones parecieran menos graves. Mientras nos reíamos juntos esa noche, decidí que no importaba lo que pasara, lo enfrentaríamos juntos. Después de todo, si habíamos sobrevivido a ser jefe y niñera, y luego a convertirnos en esposos, podíamos sobrevivir a cualquier cosa. Bueno, esa noche mientras iba a orinar, noté que tenía un último mensaje de chicouke. “Solo dame una oportunidad de verte de nuevo, te extraño demasiado… ¿En el mismo bar de siempre?” ES DEMASIADA TENTACIÓN… … … … Iré. Solo hablaremos ¿no?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD